La columna de Sherlock

Sobre los sueldos de los que reforman el Estado

* -¡Lindo lío armó usted Sherlock en la Cancillería, cuando denunció que se equivocaba el matutino caganchero al hacer los cálculos de lo que ganaban los funcionarios en las oficinas del Estado!

-Modestia aparte mi querido Watson, la propia Asociación de Funcionarios del Servicio Exterior emitió ahora un comunicado, denunciando lo publicado por el colega, porque «distorsiona groseramente la realidad». ¡Qué gracioso!

-A lo que yo no le veo ninguna gracia. Los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores disculparon al autor de la nota por ser su fuente nada menos que el Cepre, al que exigen publique los verdaderos sueldos en la página web de la Cancillería.

-Es gracioso… mírelo así: los funcionarios ni siquiera pueden saber, si los datos publicados fueron errados porque el Cepre se equivoca, o porque el Ministerio le envió una base de datos errados.

-¿Por eso piden que se publiquen sus verdaderos sueldos en la página web de la Cancillería?

-Claro. Y ahí está la gracia… los funcionarios quieren, además, que se publique la verdad de lo que ganan, que aparezcan también los sueldos de los funcionarios de el Cepre, organismo cuyos salarios no aparecen en el artículo de marras, y que llevan gastados más de 14 millones de dólares, para reformar el Estado, sin acertar a saber ni siquiera, a la luz está, cuánto ganan en la oficina de al lado.

 

El Duende se reintegró pero debe disculparse

Sherlock saboreaba tranquilamente un café en un bar de la Ciudad Vieja, pensando dónde estaría metido Manuel Cordero, cuando de repente apareció un abogado conocido que de inmediato le increpó:

-Usted no está bien informado, mi amigo, el martes vi al Duende de la Trastienda dando órdenes en la Redacción de El País.

-Lo estoy, respondió Sherlock casi con desdén.

-Pero, entonces no lo echaron, como usted dijo.

-Sí, lo echó el director del diario Martín Aguirre Gomensoro, conocido como El Torta.

-Cómo se entiende, pues, la presencia de Daniel Herrera Lussich en la redacción.

-Bueno, lo que pasa es que Martín Aguirre está de viaje en China, junto al editor de Internacionales José Luis Aguiar.

-¿Qué quiere decir?, que se metió por la puerta de atrás, aprovechando la ausencia de Aguirre.

-Algo por el estilo. Dicen que el arquitecto Eduardo Schek, que siempre lo protegió, lo mandó de nuevo a Redacción, aprovechando la ausencia de Aguirre, pero con la orden de pedirle perdón a Aguirre apenas pise de nuevo suelo uruguayo.

-Y, el Pingo aceptó.

-Sí, estuvo de acuerdo.

-Pero, tengo más.

-Cuente, cuente.

-Parece que alguien habló por teléfono con Martín Aguirre y le contó el reintegro del Duende de la Trastienda a la Redacción. Dicen que El Torta estaba que volaba y dijo «no lo quiero ni ver en el diario, me parece que adelanto el viaje».

-¿Qué va a pasar?, diga, diga.

-Va a arder Troya.

-En cuanto al dibujante Arotxa, quien dividió las aguas y provocó el incidente con la caricatura del dedito para el costado, que para algunos es de mal gusto y para otros una genialidad, ¿qué va a pasar?

-¿Sigue en el frezzer?

 

Viene tan pesada la mano que hasta Amodio reaparece

* Sherlock caminaba por la peatonal Sarandí cuando se encontró con un conocido publicista, de esos «mercenarios» que pululan en esa noble profesión, al igual, que en tantas otras.

-¿Cómo te va periodista?   dijo el hombre con un aire canchero y un vozarrón fuera de toda medida.

-A mí bien, ¿y a usted? – respondió nuestro sabueso.

-Leo tu columna y en muchas ocasiones veo que estás bien informado, en otras me parece que te falta encarnadura y, en otros casos, que le errás el bizcochazo.

-Le agradezco vivamente su comentario, además es un aleccionante   dijo nuestro sabueso al que le estaba subiendo la sangre a borbotones a la cabeza.

-Pero ché, ¿a qué no sabés la última?

-¿La última?

-Sí claro, lo que estamos haciendo para «liquidar» al Encuentro Progresista antes de las elecciones de octubre. ¡Te aseguro que lo vamos a destruir!

.¿No me diga?

-Sí claro, estamos preparando una campaña fuerte, azuzando el comunismo, a los tupamaros… Trataremos de recrear lo ocurrido en el 60. ¿Te acordás?

-Yo no era nacido…- manifestó nuestro sabueso.

El hombre dio un respingo, pero siguió emitiendo palabras en un tono tan fuerte que la gente se daba vuelta.

-¿Y sabés lo que conseguimos?

-No. ¿Qué?

-Lo máximo, lo suficiente, lo que destruirá a todo y que hará que los viejos y robustos partidos tradicionales continúen por cien años más en el poder.

-Por favor, ¿qué?

-Unos materiales del ex tupamaro Amodio Pérez, hablando de lo que eran los Tupamaros.

-¿No le parece que eso está más que desactualizado? Lo de Amodio es una historia tan vieja que no creo que le importa a nadie…

-Pero, como decís tal cosa. Por eso tu columna sale de esa manera, con tantas informaciones fallidas. ¡Recordá lo que te digo!, los que estamos preparando esta campaña nos consagraremos, vas a ver, logrando lo que nadie piensa. Nadie se atreverá a votar al Encuentro Progresista.

.¿Y usted?

-Pero ché, me faltás el respeto. Yo soy un profesional.

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