Miles de personas y cientos de jinetes tributaron homenaje a Aparicio Saravia

Evocación blanca en campos de Masoller y llamado a la unidad del Partido Nacional

Posiblemente, los 400 pobladores de Masoller jamás hayan visto tanta gente reunida en un mismo lugar, al menos en los últimos cien años. En una jornada de sol radiante, en absoluto contraste con el estado del tiempo que se vivía en el sur del país, más de 20 mil nacionalistas le tributaron su homenaje al máximo caudillo de la colectividad, Aparicio Saravia, al cumplirse el centenario de su caída en ese punto del país. A lomo de caballo, la mayoría de la dirigencia blanca, a excepción de Luis Alberto Lacalle que lo hacía en una camioneta, se convocó en ese rincón geográfico de dramático valor espiritual e histórico, para realizar los actos centrales del acto recordatorio. Entre el público presente llamó la atención del embajador de los Estados Unidos, vestido a la usanza criolla: «Estoy aquí porque es un día histórico para el Uruguay», afirmó a la prensa. En nombre del Directorio y presentado por el periodista Walter Serrano Abella habló el doctor Larrañaga, quien exhortó a los presentes a preservar la unidad del Partido Nacional y que este día fuera clave para que los blancos se unieran en busca de la victoria en las próximas elecciones.

«Yo los convido para que en estos sesenta y pico de días que quedan hacia el 31 de octubre, por Saravia, redoblemos la lucha por construir un mejor destino de trabajo y de educación para los orientales. Gracias compatriotas por estar. Viva Saravia, viva la patria y viva el Partido Nacional», expresó a toda voz el candidato Jorge Larrañaga, antes de que los festejos culminaran en una misa criolla ofrecida por los obispos de Treinta y Tres, Rivera, Tacuarembó y Cerro Largo. Larrañaga señaló que «es imposible enlazar ese pasado y traerlo al presente porque eran otros tiempos de la vida nacional».

Larrañaga dijo que en el año 1904 y en particular en la Batalla de Masoller, «se luchaba por otras libertades que todavía no estaban enteramente conseguidas y por eso es que se hace esta evocación» de la figura del extinto caudillo blanco.

El candidato quiso suavizar el clima que se creó en los últimos días, tras el aviso publicitario del Partido Colorado que reivindicó el papel que tuvo José Batlle y Ordóñez en aquella oportunidad, y dijo que «nuestro homenaje es para todos los caídos, para los que murieron de un bando y del otro» en la Batalla de Masoller. El acontecimiento culminó después del mediodía con un gigantesco asado, también criollo.

Colorados a 27 km

Muy cerca de allí, a sólo 27 kilómetros, en la ciudad riverense de Tranqueras, el candidato colorado Guillermo Stirling sostuvo que la cercanía de ambos actos es una «demostración de la tolerancia y el respeto que impera en el país». El ex ministro del Interior agregó que «este es el día de la reafirmación que hacemos las dos grandes colectividades históricas, para asegurar una convivencia con tolerancia. Esto reafirma un estilo de vida uruguayo, que rechaza los agravios y los escraches. Eso está de manifiesto para ambos partidos. Nosotros lo observamos con un profundo respeto y como algo que está incrustado en la propia historia del país, de la misma forma en que está de manifiesto la importancia de la figura de José Batlle y Ordóñez». Al finalizar el acto protocolar en Masoller dio comienzo una misa, para luego la gente retirarse a los lugares destinados para almorzar, luego de lo cual gran parte del público presente decidió volver a los lugares de origen, dejando de lado la posibilidad de recorrer el lugar de la batalla. El tema es que rato antes se llevó a cabo una recreación de la batalla, la que fue seguida por un gran número de concurrentes. A la hora 18.00 la fórmula presidencial Larrañaga-Abreu se retiró de Masoller con destino a Artigas donde a la hora 19.00 concurrían a un acto político, en tanto que lo que restaba de público permaneció a la espera de la entrega de premios del festival criollo.

Las carpas, casas rodantes y los alojamientos improvisados como camiones y camionetas que sirvieron de dormitorios proliferaron en el lugar, habida cuenta de las escasas posibilidades de conseguir un lugar donde dormir. Los puestos de venta de comida comenzaron a aparecer con precios bastante accesibles (un chorizo a $15). El más inteligente fue un señor que presentaba un trozo de madera lustrada que con dos ganchos presentaba lo que según él eran cartuchos usados en la batalla a un precio no tan al alcance del bolsillo ($250) y mucho más luego de que nos enteráramos de que los cartuchos en cuestión proliferan aún en el lugar, ya sea enterrados en el terreno o junto a la muralla de piedra. *

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