Hace 100 años nuestro corresponsal estaba en....

Masoller, cuando Saravia cayó herido

Desde el mediodía de hoy las fuerzas gubernistas se trabaron en combate encarnizado con el ejército revolucionario en esta zona del departamento de Rivera conocida como Masoller, cerca de la frontera con Brasil.

El desenlace parecía favorecer a las huestes blancas comandadas por el Cabo Viejo, general Aparicio Saravia. A eso de la tardecita –con la intención de mantener en alto el espíritu de su gente y advirtiendo que el ejército gubernista había casi agotado sus municiones– Aparicio comenzó a recorrer de este a oeste la línea de fuego, como era su costumbre.

Sobre el enorme caballo tostado y con su sombrero y su poncho blancos, daba voces de ánimo a sus soldados y recibía el saludo entusiasta de éstos. En momentos en que pasaba frente a la división 9, al mando de su hijo Nepomuceno, un proyectil alcanzó al tostado en la paleta; luego, un segundo disparo y casi inmediatamente, una tercera bala atravesó el vientre del general de izquierda a derecha. Perdiendo abundante sangre, Aparicio tuvo que desmontar advirtiendo a los oficiales que se le acercaron: «No es nada; pero que los compañeros no se den cuenta que estoy herido».

Alcanzó a dar algunas órdenes antes que el médico que le practicó la primera cura le prohibiera continuar en el campo de batalla. Por el oriente la luna llena asomaba sobre el horizonte con un tono rojizo, como portadora de malos presagios. En una camilla improvisada con dos lanzas, maneadores y cojinillos fue transportado lejos del combate.

Nuestro corresponsal afirma que el desánimo está ganando a las tropas rebeldes y ese hecho puede dar vuelta el resultado de la batalla. *

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