El Comité Central socialista aceptó ayer la renuncia de su secretario general

PS integró comisión para que designe al sucesor de Gargano

En su informe al Comité Central, Gargano presentó su renuncia, donde explicó las razones de su alejamiento y se designó una comisión para que proponga candidatos en la próxima reunión del Comité, que será el 8 de julio.

Otro de los temas analizados en la extensa reunión del Comité Central Socialista –que sesionó en la céntrica «Casa del Pueblo»– fue el informe de la Comisión de Disciplina en relación a la Departamental de Montevideo. Según pudo saber LA REPUBLICA se «sancionó» a algunos dirigentes medios por su «comportamiento en la pasada Convención Departamental de fin de año».

Comisión especial

Fuentes socialistas dijeron a LA REPUBLICA que la comisión estará integrada por seis dirigentes: el director comunal Ernesto de los Campos, el penalista Gonzalo Fernández, el diputado Artigas Melgarejo, la directora comunal Sara López, el dirigente del interior Ademar Silveira y el diputado Roque Arregui. Las fuentes señalaron que, «menos Arregui y en parte Silveira, el resto de los designados no apoya la línea de Gargano».

Sin embargo, a pesar de que la fórmula del triunvirato provisional hasta el Congreso de fin de año (los senadores Manuel Núñez, Manuel Laguarda y Mónica Xavier), impulsada por algunos dirigentes afines al ex secretario general, no fue aceptada, distintos dirigentes consultados por LA REPUBLICA descartaron que «haya sido una derrota» del ex secretario general que, por otra parte, seguirá actuando en la vida política del país (es vicepresiente del Parlamento y el Parlatino). Asimismo, pusieron en duda que «el nuevo secretario general se elija dentro de quince días», porque «a priori no hay ningún nombre que reúna el aval de la mayoría».

El Comité Ejecutivo (integrado por 21 miembros) quedará a la cabeza del PS mientras se encuentre acéfalo. El Comité Central, integrado por 71 miembros, será el encargado de votar la propuesta de la comisión. Para aprobar la designación del nuevo secretario se necesita mayoría simple y la ratificación del Congreso que se reunirá a fin de año.

La carta

El siguiente es el texto íntegro de la carta de renuncia que el senador Gargano presentó ayer al Comité Central del Partido Socialista:

«Compañeros:

Algunas palabras para ustedes, buscando compañía en el jucio y calor en la vecindad humana.

Hace cuarenta y cuatro años y diez días que este Partido Socialista me aceptó como afiliado. Quizás desde antes ya ingresaba por aquella puerta de esta casa de la calle Soriano; pero lo cierto es que junto a unos pocos compañeros que hoy están aquí, supimos discutir con Emilio Frugoni, con José Pedro Cardoso, con Arturo Dubra, con Mario Cassinoni, con Vivian Trías en esta misma sala. No sólo discutir, también beber vino y confraternizar. Para los años que tengo, cuarenta y cuatro años son mi vida. Mi existencia no es explicable sin este Partido, y este partido no son las paredes de esta casa, ni los papeles que rigen su funcionamiento. Son las gentes, las generaciones con las que uno se juntó para vivir horas, días, meses, años. Mujeres y varones, muchachos y muchachas, también mujeres y hombres maduros de todo el país cuyo vínculo fueron y son las ideas de justicia, de igualdad en la libertad.

Nada de lo que soy se explica sin ustedes, sin los que antes estuvieron y espero sin los que vendrán. Lo que este Partido no logró hacer de mí nada ni nadie lo podrá modelar. Lo poco de bueno que tengo y que dejaré lo conseguí aquí. Su gente metió frenos morales, éticos a mis debilidades y por respeto a ellos pude conseguir entereza para superar el temor y el miedo, y saber que se podía vencer aún en los tiempos en que sólo estaba acompañado por mi sombra.

Bien, aquí, en esta misma sala, quince días después de regresar de diez años y medio de exilio, ustedes me dieron el encargo de ser vuestro Secretario General. Siempre dudé de dar la talla y aún hoy tengo muchas dudas. Pobre de aquel que no dude acerca de si puede o no dar la talla y se crea que todo lo puede. No pedí ni «trabajé» para obtener esta responsabilidad y este honor. Los honores no se «trabajan». Los dan los demás. Y así fue hace dieciséis años.

Dieciséis años cargados de acontecimientos. De tormentas y alumbramientos. Tiempos en los que se materializó la transformación del FA en principal fuerza política del país. Tiempos de gestación del Encuentro Progresista en lo que algo tuvo que ver este Partido. Tiempos de lucha en defensa de la memoria, de la verdad y la justicia. Tiempos del voto verde. Tiempos del combate en defensa del patrimonio nacional y de las empresas públicas. Tiempos de una gran victoria popular que la derecha nos escamotea y lo digo: nos roba. Tiempos también de victorias que no llegaban y de algunas que sí llegaron, como la Intendencia Municipal de Montevideo. Tiempos de cargos y desesperaciones. Como la historia muchas veces se distorsiona, debo decir que las dos grandes batallas de democracia directa (voto verde y empresas públicas) las promovió orgánicamente este Partido.

Dicen que las grandes tormentas son el tiempo en medio del cual nacen los niños o el que eligen las mujeres para parir, para alumbrar. En política las tormentas suelen durar décadas, y cuando se van, muchas veces no dejan calma.

Yo he tratado, junto a ustedes, de dar a mi trabajo el sentido, todos los días, de contribuir a acercarnos a la justicia. Empezando por mi Partido, por el Frente Amplio y Encuentro Progresista, de la Central de Trabajadores de la que he sido fundador y me siento miembro, para acercar esa siempre escasa justicia a los postergados. Y he defendido la unidad.

Y también el derecho a pensar con la propia cabeza. Y a quedar solos si no convencemos. Y a admitir con tolerancia y no pocas veces con bronca que se puede no tener razón hoy y sí mañana.

Bien, ahora es tiempo de renovación. Yo no estoy cansado. Ni la faena está terminada. En la lucha por la justicia todo son aproximaciones. Afortunadamente con cada tiempo se presentan nuevas exigencias. Y por ello es menester no dejar de luchar nunca. Hasta ahora, después de 40 años de gobiernos de derecha, yo puedo decir, como decía Bertolt Brecht, sobre los resultados de su empeño: «No conseguí gran cosa. Pero los poderosos estaban más cómodos sin mí; eso esperaba yo».

No es bueno hacer balances ni dar consejos. Hoy, a seis meses de cumplir noventa años de vida orgánica, este primer Partido Obrero del Uruguay tiene un formidable patrimonio.

El principal: el respeto que ha ganado entre la gente. Un respeto hecho de luchas y de renunciamientos. De mucha gente que ha luchado sin estridencias ni promotores, con verdadera humildad, que es aquella que se practica y no se anda proclamando. Tiene otro patrimonio: el apoyo mayoritario de la gente de la izquierda. No ha costado poco esfuerzo. Más costará el conservarlo. Sólo lo conseguiremos si obramos con tolerancia, sin soberbia. Con inteligencia, sin prepotencias. Hacia afuera obviamente. Pero también hacia adentro.

Como dice la prensa, dejo la Secretaría General, pero seguiré trabajando. Porque siempre hay que cambiar y siempre hay que continuar; dije que no estoy cansado. También digo que no me veo descansando…

Bien. Decía yo que tenemos un gran patrimonio político y espiritual. Y no tenemos grandes deudas… Lo que no es poca cosa en estos tiempos. Hasta casa renovada tenemos.

Gracias a todos. En especial a aquellos que tuvieron que soportar mis impertinencias o mis salidas de tono. También a los que en las más difíciles vinieron a dar sin pedir nada a cambio. Como decía Morosoli, las banderas de la libertad y la justicia irá
n adelante si nosotros sabemos ser mástiles. Y todos los días se aprende a serlo.

Reinaldo Gargano».

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