A Stirling le espera una tarea difícil: consolidar el liderazgo en su partido
Stirling no parece fácil: a diferencia de lo que ocurrió en 1999, cuando el Partido Colorado fue el más votado en las internas, un tercer lugar lejos de la izquierda y del Partido Nacional aparece como lo más claro en el horizonte de quien fuera durante seis años ministro del Interior. Poco antes de ingresar en la recta final de las internas, Stirling ha señalado varias causas para tan magra adhesión ciudadana (los propios colorados estiman que el domingo votarán a esa colectividad unas 140 mil personas, muy lejos de las más de 400 mil de abril de 1999). La semana pasada, al participar en un encuentro con empresarios uruguayos, Stirling admitió que la enorme crisis que sufrió el país perjudicó las chances electorales coloradas. Afirmó que si bien el país muestra señales de recuperación, éstas aún no son percibidas por la población: «Una sociedad que sufre un terremoto como la crisis de 2002 es natural que proyecte esas situaciones a la opinión pública legítimamente malhumorada, y a la situación política. Cuando las cosas comienzan a mejorar no se registra automáticamente esa mejoría, pero ello se insinúa», dijo. Pero, el precandidato colorado también atribuye la baja intención de voto a la falta de competencia entre los dos sectores mayoritarios del Partido Colorado, la Lista 15 y el Foro Batllista. Esta semana, primero en el diario El País y luego en varios actos, Stirling reconoció que «fue un error» no propiciar una competencia entre candidatos. De esta manera dio crédito a los planteos del ex presidente y líder del Foro, Julio María Sanguinetti, quien más de una vez señaló la necesidad de que ambas colectividades se enfrentaran a fin de movilizar aún más a la ciudadanía. Por estas horas, Sanguinetti se lamenta de que tal hecho no ocurriera y recuerda que el acuerdo con Batlle fue para «darle una mano» a la Lista 15 que se había quedado sin candidato tras el anuncio del senador Alejandro Atchugarry de no ocupar ese lugar. En efecto, y a modo de raconto, Stirling siempre fue mencionado como un posible candidato presidencial, en caso de que Sanguinetti desistiera del hecho. El ex mandatario públicamente nunca definió cuál sería su postura. Pero ya a comienzos de febrero, Sanguinetti dijo a sus dirigentes más cercanos que no podía dar una definición clara: «Si ahora digo que el candidato es Stirling, no lo van a dejar trabajar (en el Ministerio)», afirmó el líder forista.
Unas semanas antes, en enero, Atchugarry anunciaba a través de una carta pública que no se presentaría ni como candidato a presidente ni como vicepresidente. Esto generó un gran dolor de cabeza a la dirigencia quincista, que vio en Stirling la salida. Así las cosas comenzaron las tratativas. Batlle envió a Sanguinetti una comitiva de dirigentes quincistas, integrada por Juan Adolfo Singer, Juan Justo Amaro y José Luis Batlle. Los tres debían plantear al líder forista que desistiera de ser candidato. El planteo nunca fue realizado de esta forma, pero si se exploró la posibilidad de un candidato común. Pero todo quedó resuelto tras dos reuniones seguidas entre Batlle y Sanguinetti, ambas en la casa del ex mandatario en el barrio de Punta Carretas. En la noche del 3 de marzo, los dirigentes quincistas estaban eufóricos por el hecho de que Sanguinetti no era candidato y porque tenían un candidato común que les podía dar crédito en las elecciones. Del otro, lado, del Foro, había molestia y amargura por la forma en que se habían resuelto las cosas. Pese a ello, los dirigentes de los dos sectores comenzaron a trabajar para una interna que no conmueve más allá de quienes son candidatos para integrar la Convención Nacional o la Departamental. Stirling, con un comando de campaña que está por fuera de las estructuras del Foro y la 15, llevó adelante esta interna, mostrándose como un político conciliador primero, y criticando constantemente a la izquierda después. Recién la semana pasada, Stirling comenzó a dar señales de cuál será su programa de gobierno, que prometió para después de las internas. Stirling, prometió que si llega al gobierno, sus primeras medidas serán no aumentar el gasto del Estado, mejorar la inversión en materia social, y mantener el equilibrio macroeconómico. Adelantó además, que entiende que se debe «invertir más» en seguridad pública, en bajar la edad de imputabilidad para que abarque a los menores infractores, y evaluó que se podría implementar una mejor colaboración entre Fuerzas Armadas y Policía. En materia tributaria, rechaza la posibilidad de implementar un impuesto a la renta de las personas físicas, y si bien reconoce que la tasa del IVA es «demasiado elevada», opina que su reducción se debe manejar de manera mesurada. En cuanto a la política social, Stirling dijo que priorizará la ayuda a los niños pobres, reforzando las partidas de alimentación y llevando la educación a los niños de tres años.
Políticamente, y en lo inmediato, Stirling deberá sortear la interna, ver cómo será la correlación de fuerzas entre el Foro Batllista y la Lista 15, y si habrá finalmente, un grupo de votantes colorados que lo vote pero que no muestra predilección por alguno de los dos sectores mayoritarios. Aquí podría estar la veta para un nuevo grupo, algo que se ha insinuado entre sus allegados.
Además, deberá esperar que los dirigentes elijan rápidamente un candidato a vicepresidente para poner en marcha la campaña con miras a las nacionales de octubre. *
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