Llamadas al Director

A uno se le van las ganas de ayudar al otro

Señor Director:

El otro día fui testigo involuntario por supuesto, de un accidente de tránsito frente a un pequeño comercio que tengo y de cuyos cada vez más escasos ingresos vivo con mi familia. Es decir, para que me entienda, no tengo empleados, lo atiendo yo y nadie más. Por mi natural sentido de la solidaridad, creí del caso manifestárselo así a las autoridades policiales que acudieron allí, y más aún teniendo en cuenta que el verdadero culpable del accidente, se lavaba olímpicamente las manos aprovechándose de la ingenuidad y el susto del otro. Le aseguro, doctor Fasano, que nunca más lo vuelvo a hacer. Fui tratado por algunos policías en la seccional como si el culpable fuese yo, como si me hubiesen llevado esposado por narcotráfico y estuviesen por tomarme declaraciones como integrante del Cártel de Medellín, me perdí toda una tarde de trabajo porque tuve que cerrar el saloncito para ir, y encima la bronca y la impertinencia que tuve que aguantarme. Y no voy a decirle la seccional, ni el lugar del accidente porque no quiero caer nunca más en otro trámite o denuncia. Pero quería sí sacarme la bronca y contárselo a alguien. Con las cosas así, si en todos los casos es igual, a uno se le van las ganas de ayudar a alguien y entonces caemos en aquello de que se arregle cada quien como pueda y chau. Si queremos que el país cambie, hay que cambiar las cosas grandes, pero también estas pequeñas, las de todos los días. Todavía no escuché a ningún candidato prometer que va a tratar al menos de cambiar la relación comunitaria, que va a intentar que los funcionarios desde atrás de los mostradores se solidaricen con los ciudadanos que están del otro lado y los atiendan humana y decididamente, por ejemplo, y que la Policía sea de verdad un apoyo a la sociedad .

Teléfono: 9170…

El Director: La experiencia que le tocó vivir, estimado lector, es francamente decepcionante, y comprendo que lo desestimule a actuar como su conciencia le indica. Coincido con usted que entre las numerosas cosas que es preciso cambiar hay que incluir esa forma de relacionamiento egosintónica. Aunque por la forma en que usted se expresó, intuyo que en situación similar, usted volverá a confiar en el ser humano y obrará de acuerdo a su conciencia.

 

¿No sería posible instalar refugios rotativos?

Señor Director:

Escuché en la radio que muchos hombres, niños y mujeres en situación de marginación, las noches de lluvia y frío se meten en los contenedores de basura a protegerse y dormir. Me parece, de ser verdad, algo patético. Escuché también que se adelantó el Plan Invierno con refugios puntuales habilitados. Pero a mí lo de los contenedores me dio una idea. ¿No sería posible que la Intendencia o el Ministerio correspondiente, invirtieran algunos pesos en reconstruir los viejos ómnibus de pasajeros que empresas como Cutcsa, por ejemplo, sacan de servicio y así como solían utilizarlos para obradores de las empresas de vialidad y obras públicas, los adaptaran para instalarlos rotativamente en distintos puntos de la ciudad, con alguien a cargo, para recibir allí a los indigentes con algo caliente para ingerir y al menos un catre con frazadas para pernoctar? No sé, capaz que es una idea loca, pero de todas formas es menos loca y vergonzosa que imaginarlos durmiendo entre la basura adentro de esa especie de féretro callejero de los contenedores. Gracias.

Teléfono: 3209…

El Director: Creo, estimado lector, que todo aporte, toda idea, debe ser tenida en cuenta si está dirigida a solucionar el tremendo problema social de la marginación, o al menos –como en este caso– a atemperarlo. Gracias por llamar.

 

El Sendic de antes y el Sendic de hoy

Señor Director:

Leía con estupor días pasados en LA REPUBLICA una nota sobre los casos de desnutrición en Artigas. La tremenda miseria de esa gente de la que no hace mucho también se habló en los casos de venta o algo así de recién nacidos. Lo informado en esa nota, que fue transcripción de un reportaje en el programa de Sonia Breccia, es terrible. Y más si tenemos en cuenta que en ese departamento se amasan fortunas como las de los Rianni, los Pereira Reverbel y tantas otras. Latifundistas que no me digan que con la aftosa, el rifle sanitario y las inundaciones provocaron este tremendo panorama de hambre y marginación, porque esto viene desde largo tiempo atrás. Desde que los heroicos cañeros de Bella Unión decidieron salir a pelear por la justicia y por el derecho a la tierra. Liderados por Raúl Sendic, pero el otro, el de los talones rajados en la tierra, no este de trajes de corte inglés y camisas y corbatas de seda italiana que tenemos ahora. Yo conozco a uno que se llama Carlos Gardel y no es capaz de cantar ni la lotería. A este Sendic de ahora, le pasa lo mismo.

Teléfono: 3239…

El Director: La triste realidad de Artigas debe dolernos y comprometernos a todos. En cuanto a lo restante, hay un tango que dice: «En tu esquina rea, cualquier cacatúa, sueña con la pinta de Carlos Gardel». ¿Se acuerda?

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