Cancillería no adoptará medidas ante denuncia de injerencia de congresistas de Estados Unidos
Aunque está fechada el 28 de mayo, la respuesta del ministro de Relaciones Exteriores, Didier Opertti, al pedido de informes que el 6 de mayo pasado le cursara la senadora Mónica Xavier, llegó recién ayer al Palacio Legislativo.
Xavier había solicitado al jerarca que analizara si había mérito para una acción diplomática contra seis parlametarios estadounidenses que, cuanto se estaba discutiendo en el Senado el proyecto de Ley de Defensa de la Salud Reproductiva, enviaron una nota a cada uno de los integrantes de la Cámara Alta, instándolos a que «continúe votando en contra de la ley abortista» e impidiendo la consulta popular que se manejaba como alternativa. La misiva, fechada el 30 de abril de 2004, estaba firmada por los congresistas Christopher Smith, Todd Akin, Jo Ann Davis, Mike Pence, Steven King y Joseph Pitts.
«Analizado el tema por los servicios competentes, correspondería señalar, con carácter general, que estas comunicaciones no pueden reputarse como actos oficiales de un Estado en tanto los firmantes no invisten la representación del mismo ni el documento puede calificarse de correspondencia oficial entre Estados», contesta Opertti.
«Se trata, a juicio de esta Cancillería, de un documento enviado por representantes del Poder Legislativo de un Estado a representantes del Poder Legislativo de otro Estado», prosigue el canciller uruguayo, con lo que descarta al menos que se tratara de una comunicación personal, cosa que quedaba clara desde que la aludida comunicación llegó a destino con membrete del Congreso de Estados Unidos.
Por esas razones, el ministro concluye que «no existen elementos suficientes para determinar la adopción de medidas de carácter diplomático».
Consultada por LA REPUBLICA, acerca de si la respuesta satisface sus inquietudes, la senadora Xavier manifestó: «Es evidente que en Cancillería estudiaron el tema, aunque me parece que se podía haber hecho una respuesta a los legisladores estadounidenses, porque su intromisión fue grave. Pero, si desde el punto de vista técnico se considera que no caben acciones, al menos desde lo político debe hacerse algo. Espero que los parlamentarios que integran la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, que tienen aún a consideración el tema, hagan saber a esos congresistas que su intervención fue desacertada, ya que se inmiscuyeron en temas internos de nuestro país, como es votar o no una ley, y además intentaron evitar que la ciudadanía uruguaya pudiera decidir».
Al mismo tiempo que envió el pedido de informes a Opertti, la senadora Xavier había remitido copia del mismo a la Comisión de Asuntos Internacionales, que todavía no comenzó a considerar el asunto.
En Estados Unidos la actuación de los seis congresistas dio más que hablar que en nuestro país. Mientras aquí sus repercusiones se apagaron muy pronto, allá el tema estuvo presente en muchos medios de comunicación, y provocó tomas de posición a favor y en contra. Incluyendo una virulenta diatriba contra «el movimiento feminista extremista y los políticos abortistas uruguayos» que se agraviaron por la comunicación de los legisladores estadounidenses, del padre Thomas J. Euteneuer, presidente de Human Life Internacional. *
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