La columna de Sherlock

Hay que buscarle un destino a Silveira

* -Pero, lo que usted dice es una expresión de la peor politiquería barata. ¡Repítamelo!

-Aunque usted no lo crea, es así.

-El diputado electo por Cerro Largo, de la Lista 15, realizó un acuerdo con los dirigentes de su partido para concretar una intensa campaña electoral.

-¿Usted habla del diputado Gustavo Silveira, que renunció para dedicarse a la campaña política y que en cámara fue sustituido por su suplente, Guido Machado? Todo ello fruto de un acuerdo político.

-Del mismo…

-¿Y?

-Que todo estaba bien. Silveira dejaba definitivamente su banca, la 15 le hacía un aporte económico y el hombre se ponía a trabajar en su departamento primero en las internas y luego para las nacionales.

-Si usted me está contando esto, es que algo pasó.

-Sí, que la 15 dejó al hombre en la palillera, colgado del pincel, sin el pan y sin la torta.

-En bolas, podría agregar. ¿No le dieron ni un peso para la campaña?

-Claro, pero como Silveira es de Cerro Largo, departamento de «pesados», el lío que se armó fue de órdagos.

-¿Y?

-Que hubo un acuerdo de última hora y le están buscando a Silveira una subsecretaría de Estado o un cargo en el directorio de una empresa pública, para que siga adelante hasta, por lo menos, marzo de 2005.

-¡A la pucha!

-¿Cómo puede llamarse tamaña cosa?

-La expresión exacta es «politiquería barata».

 

Alguna neurona fallida del diputado Ruben Díaz

*-¿Es verdad que al diputado Víctor Rossi un colega lo denominó en la sala parlamentaria como «señor ministro»?

-Así me han dicho… Fue el diputado Ruben Díaz…

-Ahhh, usted estaba enterado.

-Claro, fue el otro día, cuando Rossi hizo un planteo que luego fue apoyado por toda la Cámara, sobre la necesidad de que el Ministerio de Economía conteste dos pedidos de informes sobre los contratos firmados con los jerarcas del Nuevo Banco Comercial.

-Qué barbaridad esa falta de transparencia. Alfie no quiere que se conozcan los contratos…

-Es evidente. Cuando se discutía el tema, el colorado Díaz le reprochó a Rossi no querer conocer todos los sueldos del Nuevo Banco Comercial, terminando esa frase con «señor Ministro»

-¿Y qué hizo Rossi?

-Le indicó a Díaz que leyera mejor los pedidos de informe, porque en uno de ellos se solicitaba justamente esa información.

-¿Y, sobre lo de «señor ministro» dijo algo?

-Hizo lo mejor, no referirse al asunto.

-Claro.

 

El periodismo de los Beltrán y los Aguirre

*-¡Qué vergüenza lo que hace El País!

-De que me está hablando, si es una augusta y tradicional publicación centenaria.

-Recuerde que ese diario se subió al carro de la dictadura y tiene la tradición de estar siempre colocado en el lugar donde más calienta el sol.

-¿A qué viene eso que es sabido, una historia más que antigua?

-Me refiero a un editorial del matutino que le pega al senador Reinaldo Gargano con una saña desusada.

-¿Y por qué?

-Es que Gargano fue uno de los panelistas en la mesa redonda convocada por un agrupamiento político denominado «Sociedad y Política», en que también intervinieron el senador José Mujica, el dirigente frenteamplista Héctor Lezcano y el economista Fernando Lorenzo.

-¿Y?

-Que Gargano en la oportunidad dijo que un eventual gobierno de izquierda debería imitar a Kirchner «para que la gente tenga confianza.

-¿Y?

-Que El País, utilizando su clásica «agudeza» periodística, le agregó cosas que Gargano nunca había mencionado, porque el senador se refería a cumplir con la palabra empeñada, como también hizo Rodríguez Zapatero cuando retiró las tropas españolas de Irak.

-¿Por ejemplo, qué dijo El País?

-Que Gargano, al referirse a Kirchner, estaba proponiendo «resistir el pago a sus acreedores externos, afiliarse al revisionismo del pasado e incumplir los compromisos con los países vecinos, entre otros desatinos».

-¿Qué les pasa a Enrique Beltrán y a Martín Aguirre Gomensoro? Quizás vivan un proceso de deterioro neurológico.

-Puede ser. Dan palos a ciegas. Menos mal que la página editorial de El País es tan aburrida que se ha convertido en inédita. Son tan pocos y hablan tanto, que ya no significan nada. Además inventan y se ponen en ridículo.

-Ni me lo diga.

 

La grúa del millón

* Sherlock recibió una llamada en su celular. Alguien lo esperaría pocos minutos más tarde en un boliche cercano al diario. Puntual, nuestro sabueso se acomodó en la silla y aguardó al informante, mientras ordenó el primer café de la tarde. Una segunda llamada sonó en su teléfono. El informante no vendría, pero el mozo le entregaría una carta, junto con el café, que minutos antes había dejado en el bar. Sherlock dio un sorbo a su café y comenzó a leer:

«Entre 1986 y 1987, un actual alto jerarca del Ministerio de Relaciones Exteriores estuvo encargado de la entonces Zona 5 que comprendía por entonces a todos los países del Este ‘comunistas’. Actuando por su cuenta o respondiendo a órdenes directas de algún superior ‘ocultó’ profusa y documentada información remitida por el entonces embajador nuestro en Hungría sobre una ‘coima’ de 1.000.000 de dólares por la compra de una grúa gigante y movible para la ANP a fines del período dictadorial. Sobre la existencia de esa documentación, hubo demasiados testigos cuyos nombres me reservo, por el momento. A uno de los denunciantes de esta situación le valió un calvario: que le anularan su designación para un alto cargo y una investigacion administrativa».

-Caramba. ¿A quien se referirá?, pensó Sherlock, horrorizado por las cosas terribles que están ocurriendo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, cuando sonó por tercera vez su celular.

-¿Y, Sherlock, qué le pareció?.

-Impactante. Pero ¿me puede dar el nombre de ese alto jerarca?

-No. Pero llame a la representación diplomática en Ginebra y pregunte por un tal Guillermo… (¡¡click!!).

-La comunicación se cortó abruptamente pero Sherlock ya disponía de suficientes pistas como para iniciar una investigación. *

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