"La mafia de Punta del Este es peor que la de Sicilia"
Lamentablemente los organismos de contralor financiero o de seguridad del Estado no tienen por costumbre leer las revistas y libros de actualidad. Si lo hicieran, menuda sorpresa se llevarían. Apellidos como Gotelli, Gostanian, Yoma, Medecin, Naldi, Yabrán, Farías, Lasalvia fueron y son insistentemente mencionados como titulares de Sociedades Anónimas, propietarias a su vez de bienes inmuebles por decenas de millones de dólares en Punta del Este. Claro que, para emplear cierto chauvinismo local, también hay compatriotas notorios que tienen propiedades en el balneario; entre ellos el doctor Daniel Cambón y el contador Nelson Moreira.
Argentinos y brasileños, más que paraguayos y uruguayos, sienten la enorme necesidad de mostrar su éxito. Seguramente por eso han permitido que los fotógrafos ingresaran a sus residencias y fiestas, para que luego el mundo sepa cómo viven. Curiosamente ninguno explica de qué vive. Los periodistas argentinos han publicado hasta el hartazgo todo tipo de denuncias contra ex funcionarios menemistas que se enriquecieron a costas de la función pública. Muchos de esos funcionarios fueron procesados y desprocesados por jueces que también veranean en Punta del Este.
«Yo no me siento colega de esos jueces», sentenció a mitad del 97 el ahora jubilado magistrado uruguayo Daniel Pereyra Maneli, ex integrante del Tribunal de Apelaciones y uno de los más destacados miembros de nuestro Poder Judicial. Y se comprende, porque resulta difícil sentir como pares a los procesados Carlos Branca y Francisco Trovato, presos por corruptos o al ex juez Alberto Piotti, notoriamente vinculado a las actividades más deleznables de la «bonaerense», como se ha dado en llamar a la policía de la capital argentina.
La mafia puntaesteña
A principios de 1998 la revista Tres publicó declaraciones del empresario italiano Gianni Foddai. «Todo se hace robando, puedo admirarlo o no, pero siempre respetarlo», dijo el más próspero empresario de la noche puntaesteña. Y agregó para abundar en ejemplos: «¿Cómo hizo su fortuna Giovanni Agnelli? (ex presidente honorario de Fiat), ¿cómo se puede en 40 años llegar a ser un dios como él?, con él come el 50 por ciento de los italianos. ¿Cómo no puede merecer respeto Silvio Berlusconi, que 20 años atrás era un juglar en el Club Mediterrané? Robando, o no, hizo un imperio. Trabajan cuatro mil personas con él».
Para que no quedaran dudas sobre su pensamiento reiteró: «La plata siempre se hace robando». Foddai aseguró que «los inversores extranjeros llegan a Uruguay porque aquí se paga la mitad del salario europeo. Se explota a la gente y eso también es corrupción, pero nadie dice nada, la aceptan». Días después, en un encuentro concertado con este cronista y otro colega, el empresario italiano que durante los dos años anteriores lideró la gastronomía y la noche puntaesteña con varios emprendimientos aseguró que «la mafia de Punta del Este era peor que la siciliana, por lo menos ésta respeta ciertos códigos».
Agregó que su debacle económica se debió a «un complot organizado en su contra por importantes empresas y organizaciones, personajes y empresarios de Uruguay y Argentina, funcionarios de gobierno e instituciones financieras», aunque se negó a revelar los nombres. El empresario denunció haber recibido varias amenazas de muerte; «incluso amenazaron a mi esposa que ahora está en Italia y no quiere saber nada de volver a Sudamérica». Aseguró, además, poseer pruebas de «las amenazas realizadas en su contra por el empresario argentino Armando Gostanian», personaje muy cercano al ex presidente Menem y principal de varios locales gastronómicos más otra decena de propiedades en el Este.
En medio de una crisis financiera, según él «provocada artificialmente por su ex socio Tonino Sorgi, actual concesionario de la Dirección Nacional de Casinos», Foddai debió abandonar Uruguay en febrero del ’98.
A la luz de las declaraciones de este empresario debe prestarse atención a lo expresado por Stanley Morris, director de la Red contra los delitos financieros (Fincen) organismo del Departamento de Hacienda de los Estados Unidos: «El dinero sucio aleja al dinero limpio, y si esto sucede, el poder económico pasará a manos del crimen organizado. El poder económico, por supuesto, se puede transformar en poder político en las democracias frágiles que de repente se encuentran controladas por organizaciones delictivas».
Estas palabras cobran particular significación ya que pertenecen al funcionario estadounidense encargado directamente de descubrir a los jefes del narcotráfico y otros delincuentes, como funcionarios corruptos, extorsionadores y contrabandistas de armas –entre otras cosas– para evitar que se hagan pasar a sí mismos y a sus empresas como negocios legítimos.
El «gordo bolú» de Menem «
¿Usted se cree que soy boludo?», preguntó el empresario y ex titular de la Casa de la Moneda argentina Armando Gostanian a un periodista de la revista Ventidós que investigaba sus cuentas en Suiza y una posible defraudación contra el organismo que presidió. En realidad el apelativo de «gordo bolú» se lo aplicó su amigo Charly. Sin embargo todo indica que, precisamente, de eso no tiene nada.
El imperio inmobiliario y comercial levantado por Gostanian en Punta del Este es obsceno hasta para quien está acostumbrado. Según consignó la publicación dirigida por Jorge Lanata, «todo lo que posee aquí fue adquirido durante los diez años menemistas. Antes tenía una pequeña casita en Pinares que no valía más de 40 mil dólares y vendió para apoyar la primera campaña de su amigo después presidente. Sus inversiones en el Este suman millones de dólares.
Visiblemente es propietario de: restaurante Martín Fierro, en la Rambla portuaria; restaurante Yabrud, a media cuadra del anterior; confitería El Mejillón, en la rambla frente a la Isla Gorriti; confitería Charly, en Gorlero y la 29; Camisería Rigar’s, calle 24 y 29. Vive en un enorme y lujoso apartamento ubicado en el edificio Espigón Pueyrredón, en la rambla portuaria frente al muelle de Mailhos. Pero, además, él fue constructor y es propietario de todo el edificio, por lo menos hasta que se termine de vender; también lo fue de otro edificio vecino.
Durante años estuvo asociado al empresario de la construcción Carlos Sineiro, que también fue diputado por el Partido Nacional.
La empresa de Sineiro construyó varias estaciones de servicio de YPF en el interior argentino. Juntos armaron el complejo gastronómico El Mejillón, para lo que lograron modificaciones a la Ordenanza de Construcciones. En la propia Junta Departamental se sostuvo que Gostanian pretende quedarse con el puerto de Punta del Este, ahora que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas quiere privatizarlo.
Sería algo así como la frutillita del postre, ya que actualmente es propietario de la mayoría de los padrones ubicados frente a la rambla portuaria. Autoridades y operadores locales consideran que «precisamente por el tráfico de drogas y el lavado de dinero sería extremadamente peligroso crear aquí una especie de puerto libre».
Una familia de alcurnia
Teniendo como fondo inigualable el manto verde del Club de Golf de Cantegril Country Club, se han construido decenas de residencias. Se trata de uno de los lugares más caros y exclusivos de este balneario. Vivir en el barrio El Golf no es para cualquiera, sobre todo porque allí hay alcurnia y pocos nuevos ricos recién llegados. Entre tantos vecinos notorios se destaca una familia que tiene escasa presencia social: los Gotelli.
Parte de su historia fue publicada en el libro «Blanca y Radiante, mafias poder y narcotráfico en la Argentina», escrito po
r los periodistas Gabriel Pasquini y Eduardo de Miguel. Los Gotelli eran propietarios del Banco Italia. Sus vinculaciones con el magnate libanés Gaith Pharaon, dueño de la cadena hotelera Hyatt, que acaba de instalarse en Carmelo, y del BCCI, institución bancaria acusada por EEUU de lavar dinero del narcotráfico en todo el mundo, fueron ampliamente demostradas.
Al respecto Pasquini y De Miguel dicen en la página 273: «Carballo –asesor de Macri– fue el segundo en la gestión de Erman González en Economía, entre marzo de 1990 y el 29 de enero de 1991. Fue designado pese a que había sufrido prisión preventiva en 1989, acusado de defraudación reiterada en 84 oportunidades contra el Banco Central argentino, mientras estaba al frente del Banco Italia. La Justicia le impuso un embargo preventivo por 30 millones de dólares. Es justo señalar que no era el único: la misma suerte corrieron Luis María Gotelli padre e hijo, Ricardo Pablo Gotelli y otros.
El Banco Italia incurría, aparentemente, en algunas operaciones similares a las del BCCI: concedía préstamos a sus accionistas –un grupo de amigables italianos– o a sociedades vinculadas, que luego no eran devueltos». La casa de los Gotelli en el barrio El Golf, está valuada en algo más de un millón de dólares.
El jefe rico de «la bonaerense»
El crimen del periodista José Luis Cabezas puso en evidencia qué clase de policía tenían los habitantes de la Provincia de Buenos Aires. Uno de los oficiales más destacados de esa fuerza policial era el comisario Mario Naldi, alias «el gordo». En «La bonaerense», libro de Carlos Dutil y Ricardo Ragendorfer, se relata cómo ese oficial, apoyado por Pedro Klodczyck, jefe de lo que Eduardo Duhalde había calificado como «la mejor policía del mundo», llegó a ser un hombre rico.
Con varias causas penales encima por sus vinculaciones con el narcotráfico y con extorsiones de todo tipo, en 1991 Naldi conducía un vehículo de 1980. Pero en 1994 fue obligado a presentar una declaración jurada de bienes, consignando que poseía «un auto Suzuki SE cero kilómetro, un VW Senda comprado en cuotas, 30 mil dólares en efectivo y 700 acciones de la empresa Tradenal S.A. con sede en la calle José Cubas».
En 1996 Naldi gastó 60 mil dólares para festejar su cumpleaños en el Hotel Alvear Palace («regalo de mis amigos Mario Falak y Sutton Dabah», según dijo). Pero además tenía: una mansión en la calle Gabriela Mistral 4562, Buenos Aires; un departamento de 150 mil dólares en el edificio Parquemar Roosevelt, de Punta del Este; una casa en Fort Lauderdale y otra en Orlando, Florida, Estados Unidos; una lancha, un jet sky y un yate de 600 mil dólares en el puerto de Punta del Este».
Los certificados de Traslaciones de Dominio indicaban que Naldi no tenía un solo bien a su nombre, ni siquiera los que reconoció como suyos en la declaración jurada.
Tampoco figuraba otra de sus propiedades que el diario Correo de Punta del Este ubicó en el edificio Golden Gate de parada 8 de Playa Mansa. Su valor de mercado es de unos 500 mil dólares y figura a nombre de una sociedad anónima. Pero Naldi y su familia vivían allí en verano y sus vecinos lo consideraban «el dueño».
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