Monseñor del Castillo: "(El acto del 1º de Mayo) no es momento oportuno para ventilar diferencias"

Obispos alertan por emigración de jóvenes y por la desaparición de familias rurales

Tanto el presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU), monseñor Pablo Galimberti, como el secretario general, monseñor Luis del Castillo hicieron comentarios a título personal sobre los rumores de boicotear el acto de mañana, no dejando hacer uso de la palabra a los dirigentes sindicales que se reunieron con los diplomáticos de los Estados Unidos.

Los prelados manifestaron su preocupación que en la convocatoria de mañana, destinada a la unión de todos los trabajadores, tanto a nivel nacional como mundial, «se tome ocasión para ventilar diferencias que son legítimas, pero que no es el momento oportuno para hacerlas manifiestas».

Del Castillo aclaró que el acto del 1º de Mayo tiene el propósito de la unión por encima de las diferencias.

Desde el punto de vista formal, la CEU en su saludo para el Día de los Trabajadores, valora el trabajo, en sus diversas formas, como «uno de los medios principales que la persona posee para realizarse como imagen de Dios Creador».

El documento explica que por medio del trabajo, «la persona no sólo se perfecciona a sí misma, sino que además puede formar y sostener a su familia y contribuir a la mejora de la sociedad en la que vive».

Los obispos reafirman que el trabajo es un derecho humano fundamental. Por eso, lamentan la herida a la dignidad humana que constituye el hecho de no tener trabajo o de recibir por él una remuneración injusta. «Reiteramos que el desempleo es un problema humano y ético antes que económico, porque no sólo priva del pan en la mesa familiar sino porque degrada a la persona», sostienen los prelados.

Las autoridades de la Iglesia Católica en Uruguay alertamos sobre dos formas «muy dolorosas» de disminución del trabajo nacional: la emigración de miles de jóvenes al exterior, y la desaparición de numerosas familias rurales productoras. Para ellos, es preciso que se establezcan políticas de Estado para revertir esas «trágicas hemorragias sociales».

Consideran que todas las partes deben esforzarse por lograr un país y una región en los que se promuevan fuentes de trabajo productivo y se ofrezcan perspectivas laborales estables para todos.

Aclaran que si bien toda emergencia social tiene que ser atendida en lo inmediato, «es necesario superar programas sociales meramente asistencialistas y apuntar a las transformaciones de fondo que la sociedad necesita».

Esta intención está sustentada en los múltiples emprendimientos de economía de tipo solidario en los que hombres y mujeres se unen para implementar pequeñas y medianas empresas, «que muestran que es posible salir adelante aunando esfuerzos».

Consideran un signo alentador la reactivación del sector productivo; pero alertan que «la lección dolorosa de la crisis que vamos atravesando puede ayudarnos a no caer en el engañoso espejismo del consumismo y a no olvidar el deber de la justicia social que fortalece una democracia estable». *

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