Garat recordó a Pavarotti

Sherlock, hace algunos días, escuchaba desde el ambulatorio del Senado de la República, el debate sobre aspectos de la llamada Ley de Urgencia. Luego de una encendida alocución del senador Pablo Millor sobre la decisión de aumentar penas para ciertos delitos y crearlas para otros, como el juego de la mosqueta, se comenzó a analizar un artículo que establece que ante una detención la familia y el abogado del detenido deben ser informados del motivo de la misma.

Allí intervino el senador nacionalista Carlos Garat, que mostró su satisfacción por esa norma legal proyectada, diciendo:

–Hace aproximadamente cinco años fui agredido por la Policía en un recital del tenor Pavarotti en el Estadio Centenario. Yo había concurrido como un ciudadano más y en un momento solicité que me explicaran por qué, con el boleto que había pagado, no me permitían entrar. Y fui agredido por la Policía que me agarró, me apaleó y me tiró al suelo, en un abuso que nunca había experimentado.

–Pero, eso ¿qué tiene que ver con el proyecto de ley?  pensó nuestro sabueso y se aprestó a seguir escuchando a Garat.

–Cuando vino el jefe del grupo y se enteró que yo era senador, me hizo soltar por los agentes que me tenían en el suelo, en un acto de humillación que, repito, jamás había sufrido antes. Al otro día por la prensa me enteré de que los policías que me habían humillado y tirado contra el suelo, habían hecho una denuncia en mi contra por agresión. Pero lo más grave –siguió diciendo Garat– que algún legislador que hoy se golpea el pecho en defensa de este proyecto de ley (dijo esto enérgicamente mirando a Millor), fue a visitar a los que me habían agredido y dijo públicamente que ese policía tenía razón.

-«Ahora viene la respuesta de Millor»  pensó Sherlock.

Sin embargo lo que se escuchó por los altavoces fue otra cosa.

Al senador Alejandro Atchugarry pidiendo la palabra.

Un auditor «caliente»

Siempre va el mismo auditor del Tribunal de Cuentas a la Corporación para el Desarrollo y lo echan- le decía a Sherlock uno de sus informantes, con el que compartía una mesa en La Pasiva de Sarandí y Juan Carlos Gómez

–Me imagino que el hombre estará más que nervioso  afirmó nuestro sabueso.

–No sólo nervioso sino recaliente… Ahora se tranquilizó un poco porque el Tribunal decidió que lo acompañe un escribano, que levanta un acta sobre lo que pasa.

–Y, ¿qué es lo que pasa?

–Que la Corporación sigue sosteniendo que no debe rendir cuentas al Tribunal y se hace auditar por una empresa privada.

–¿Qué pasa con esos informes?

–Poco y nada. Sirven como elementos de referencia, pero como se echa a los auditores, los mismos no pueden ser tomados como elementos válidos.

–Se puede extraer algo de ellos.

–En ese sentido sí. Por ejemplo que en el activo de la Corporación figuran algunos elementos que son sumas incobrables.

–¿Por ejemplo?

–Recuerda cuando la primera intervención de la Corporación en el Banco Pan de Azúcar, allí invirtió 40 millones de dólares. Luego ese banco se vendió por 24 millones, y la última auditoría privada que se hizo, indica que los 16 millones de dólares restantes, que figuran en los activos como cuentas a cobrar al Ministerio de Economía, nadie los ha reconocido.

–¿Entonces qué pasa?

–Que si se realizara una auditoría a fondo se podría demostrar que la Corporación es un barril sin fondo. Recuerde que este organismo realizó inversiones en innumerables empresas con un resultado negativo.

–¿Negativo?, ¿por qué?

–Porque muchas de esas empresas cerraron y ahora, ¿quién le devuelve la plata a la Corporación?

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