Legisladores del EP-FA promueven que la Ruta 11 se denomine "Atahualpa del Cioppo"

Los legisladores del Encuentro Progresista-Frente Amplio, Margarita Percovich, Luis Gallo Imperiale y Jorge Orrico presentaron un proyecto de ley para designar con el nombre de Atahualpa del Cioppo a la Ruta nacional Nº 11.

En la exposición de motivos, los parlamentarios destacan la extensa trayectoria del artista.

«Nacido en la ciudad de Canelones el 23 de febrero de 1904, Américo Celestino del Cioppo, conocido artísticamente como Atahualpa del Cioppo, fue uno de los artistas más importantes del siglo XX uruguayo», expresan.

Lo recuerdan como un «hombre vinculado tempranamente al deporte y la poesía, fue en el teatro donde su figura alcanzó ribetes de leyenda. Aquel centro half (número 5) de la selección departamental de Canelones sobre el que había posado sus ojos el Montevideo Wanderers de la capital, había escrito un poemario titulado ‘Rumor'».

Cuenta el doctor Andrés Castillo, presidente de la Sociedad Uruguaya de Actores, que «entonces, para eludir la cargada de los muchachos eligió un seudónimo y lo fue a buscar al altiplano andino: ‘Atahualpa’ nada menos». Aquel seudónimo perduró, con él se hizo famoso y lo acompañó hasta el final de su vida.

Asimismo, «su amor al teatro fue conmovedor. En 1936 fundó  con niños  el grupo teatral ‘La isla de los niños’. En 1948, rebautizado el grupo como ‘La isla’, se unió al ‘Teatro del Pueblo’ y, juntos, arrendaron una vieja caballeriza de techo de zinc que se encontraba en la esquina de las calles Mercedes y Carlos Roxlo. Había nacido el teatro ‘El Galpón’ un ineludible referente cultural del Uruguay contemporáneo».

Por tanto, «si bien estuvo vinculado al teatro desde siempre, nunca quiso actuar porque, como el mismo explicaba, su timidez se lo impidió».

«Se dedicó a la dirección teatral, y desde allí se convirtió en un maestro cuyas enseñanzas pasaron largamente nuestras fronteras nacionales», agregan.

Los diputados del EP-FA señalan que «fundado el Teatro ‘El Galpón’, Atahualpa dirigía dos o tres obras al año y, en 1957, y bajo su dirección se estrenó Brecht para América Latina. Se trató de la primera puesta en escena en el continente de una obra brechtiana, ‘La ópera de tres centavos'».

Destacan que «dirigió en Uruguay, en diversos países latinoamericanos y en Europa, razón por la cual puede decirse de él que fue un hombre del teatro universal».

Fue un «hombre cargado de gloria y reconocimiento, nunca perdió su sencillez y modestia».

Aluden a las palabras que sobre él dedicara, Roger Mirza, sin duda uno de los más importantes críticos teatrales de nuestro país: «Fue un maestro del teatro reconocido en todos los países de América Latina. Eso se aprecia mucho cuando se sale del país y se ve cómo lo quiere la gente de teatro de los más diversos lugares. Era reconocido fuera de América por los más importantes directores europeos, no sólo por su capacidad de director, sino humanamente. Tenía una actitud humana admirable. Era muy generoso, estaba siempre en contacto con los jóvenes y atento a todos los estrenos, pero además, era modesto como no conocí a ninguno». *

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