FFAA alertaron contra intento "de derogar total o parcialmente el espíritu" de la Ley de Caducidad

"No se alcanzó la pacificación nacional"

A diferencia de los discursos de los militares retirados, los máximos exponentes de los partidos tradicionales coincidiero, con matices, en señalar que el país está en paz y se superaron los efectos que generó la dictadura. Ambas visiones, contrapuestas, quedaron de manifiesto ayer al cabo de los actos conmemoratios por el «Día de los Caídos en Defensa de las Instituciones» -así lo denomina el Poder Ejecutivo-, o «El Día de los Caídos en la Lucha contra la Sedición», según los institutos castrenses. El presidente Jorge Batlle, y los ex mandatarios Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle encabezaron ayer al mediodía el acto oficial en la Plaza de la Democracia.

Poco después, los presidentes del Círculo y Centro Militar, Tte Gral. (r) Raúl Mermot y Gral. (r) Luis Pírez, respectivamente, advirtieron que era hora de romper el silencio autoimpuesto y reivindicar el «justo» accionar de las fuerzas armadas. También denunciaron una campaña de falsedades y versiones «absolutamente tendenciosas» en contra de la institución armada. A los actos militares acudió numeroso personal en actividad y en retiro, muchos de los cuales ocuparon altos cargos entre 1973 y 1985. Entre estos últimos estuvieron presentes el ex presidente de facto Gregorio Alvarez y el Tte. Cnel. (r) José Gavazzo. Abordados por la prensa ambos declinaron formular comentarios. Llamó la atención la presencia de la senadora Julia Pou en el Centro Militar y la del precandidato colorado Alerto Iglesias, quien saludó efusivamente a Alvarez.

Mermot: Silencio no fue «humillación»

En un aplaudido discurso, el presidente del Círculo Militar, el ex comandante en jefe del Ejército, Mermot, afirmó ayer que la pacificacion nacional que buscara este gobierno a través de la creación de la Comisión para la Paz «no se alcanzó» y rechazó las «pretensiones revisionistas» sobre hechos del pasado porque, dijo se «busca venganza y no justicia».

Mermot advirtió que el silencio hasta ahora de los militares «no fue aceptación del agravio» ni «humillación» y que contribuyó a «fortalecer las pautas y objetivos expuestos por el gobierno cuando fue creada la Comisión para la Paz».

«Las fuerzas armadas han soportado, desde el año 1985, un sostenido hostigamiento en su accionar, que ha pretendido desmoralizarlas y minimizarlas y que no lo ha podido lograr dado que sus integrantes tienen reservas morales, espirituales y ricas en valores éticos, tan ausentes en estos tiempos, como para seguir sirviendo al país y apoyar todo lo que surja para sacarlo adelante», afirmó.

Agregó que «con asombro, hemos presenciado declaraciones que utilizando la palabra paz como sustento, sólo trasmiten odio, rencor y revanchismo en sus mensajes. No son menos increíbles las expresiones públicas de uno de los asesinatos perpetrados aquel triste y doloroso 14 de abril, en la presencia del señor profesor Armando Acosta y Lara, describiendo con lujo de detalles su realización, reconociendo su orgullo y su falta de arrepentimento por haberlo hecho».

Para Mermot, «muchos de los que han denostado contra la democracia hoy se sirven de ella para criticar y pretenden implantar a ultranza su única verdad, basando sus acciones en la oposición por la oposición misma, sin compromisos, sin alternativas claras y nuevas que auspicien un mejor porvenir», y de esta forma «arriesgamos quedarnos detenidos en la senda que nos conduzca al bienestar y la prosperidad».

«Es difícil concebir que quienes agredieron por las armas a nuestra sociedad, con violencia indiscriminada, puedan sostener la validez de estos postulados, sin reconocer sus errores, y reivindicando ese penoso pasado que nos impedirá alcanzar un promisorio futuro, manteniéndonos cautivos del ayer».

El ex comandante en jefe del Ejército rechazó además las «pretensiones revisionistas» de algunos sectores que procuran, dijo, «venganza, no justicia», pero además «desarraigar a las fuerzas armadas». Por eso, indicó, «deseamos trasmitir un mensaje patriótico» con la intención de «resguardar a nuestra patria de la amenaza siempre vigente de oportunistas aliados irremisiblemente al descontento aun cuando éste sea coyuntural o no sea atribuible a culpas propias».

Más adelante, afirmó que «la polarización de nuestra sociedad en distintas visiones filosóficas, demanda más que nunca que la gran mayoría de nuestro pueblo procure las coincidencias para enfrentar un destino que se presenta incierto, tanto en lo interno como en lo regional, ya que de otra forma dificultaríamos el camino que nos asegure un futuro alentador». Sobre el final, Mermot señaló que «es tiempo de profunda reflexión y de adopción de posturas de grandeza que nos unan a todos a quienes deseamos lo mejor para el país» y sentenció que «únicamente la grandeza patriótica podrá evitarnos el infortunio de iniciar un sendero que no representa el auténtico sentimiento de nacionalidad de nuestro pueblo».

«Extraña contradicción»

Por su parte, el presidente del Centro Militar, Gral. (r) Pírez, afirmó que el silencio de los militares «no debe interpretarse como un signo de debilidad o del más mínimo apartamiento de nuestras convicciones» y sostuvo que «al parecer, no ha sido apreciado en su justo significado por quienes han preferido el camino de la confrontación y el revanchismo en momentos en que se hace más necesaria que nunca la unidad de todos los uruguayos para superar la crisis que ha golpeado a nuestro país».

En su discurso Pírez planteó la «extraña contradicción que significa el haber triunfado militarmente en una guerra que lamentablemente con el correr del tiempo se está perdiendo en el campo psico-político en medio de una gran confusión histórica, donde reiteradamente y en forma deliberada se han falseado los hechos, la cronología de los mismos y las motivaciones que inspiraron a cada uno de los actores».

Agregó que a las nuevas generaciones se les trasmite «una historia que no se ajusta en forma objetiva y honesta a la realidad de lo sucedido 30 años atrás» y en cambio «hay quienes pretenden juzgar aquellos hechos en base a versiones absolutamente tendenciosas y parcializadas, trasnformando hoy en víctimas a los que ayer se alzaron en armas contra las instituciones, y haciendo aparecer a las fuerzas armadas como responsables de todos los males ocurridos en el país en aquella época».

De allí, señaló Pírez, «surge la interrogante sobre si realmente la guerra terminó en la fecha que señalan los documentos oficiales o por el contrario la misma continúa desarrollándose en los factores político psicológico» porque «al parecer, de acuerdo a los hechos sucedidos últimamente, para algunos grupos las hostilidades aún no han finalizado».

Pírez rechazó los «escraches» a personas, unidades militares, institutos y centros sociales, pero también las roturas de vidrios y bombas de alquitrán, y la exposición al escarnio público de militares «acusados de diversas formas».

Todo esto, señaló, demostraria que «estamos frente a una campaña destinada a crear desconfiana y hostilidad hacia nuestra institución y sus integrantes, buscando además crear en nuestras filas brechas generacionales que nunca las hubo ni las habrá».

Ley de Caducidad

Pírez también se refirió a la Ley de Caducidad y expresó su preocupación por «algunas interpretaciones jurídicas sobre la validez y el alcance» de la misma, aunque también aludió en ese panorama a las «presiones desde el exterior», en referencia tal vez a la posición que ha adoptado la República Argentina en torno al caso de la nuera del poeta Juan Gelman, y a «ciertas declaraciones públicas» sobre el mismo tema. Para el militar, de todo esto, «puede d
educirse que en la mente de algunos se estaría instalando la idea de derogar total o parcialmente el espíritu de dicha ley», y advirtió que esto traería como consecuencia «el desmantelamiento de la norma y cuyas consecuencias inmediatas no sería difícil de imaginar, con los previsibles señalamientos públicos y acciones destinadas a hostigar a quienes presumieran culpables».

Recordó que la citada ley fue concebida con la intención de «dejar atrás la etapa de enfrentamientos entre los uruguayos» y también, que fue promulgada y ratificada por la ciudadanía «como una medida complementaria de la amnistía general e irrestricta con que fueron favorecidos los llamados presos políticos junto a generosas reparaciones económicas y funcionales».

«Respetando el espíritu de la ley, los que debieron enfrentar a la subversión no han hecho ningún tipo de reclamaciones sobre casos aun si aclarar. Porque con frecuencia se afirma que todos los terroristas responsables de los numerosos asesinatos que fue dejando a su paso, aquel intento revolucionario tupamaro, ya habrían cumplido su condena con los años de reclusión previos a la amnistía», agregó.

«Pero no es así, aún hoy se desconocen los responsables directos de 21 casos de asesinatos de policías, soldados y civiles, varios de los cuales cayeron por el solo hecho de encontrarse de servicio en un banco, en una comisaría o por trabajar como sereno de una empresa. De ello sólo nos llegan los testimonios aislados de sus familiares, ya que por estos casos no se han preocupado los defensores de los derechos humanos. Tampoco se ha visto condenar públicamente a quienes idearon y operaron aquellas llamadas ‘cárceles del pueblo’ donde mantenían prisioneros a personas en condiciones infrahumanas, ni a quienes secuestraron a representantes del Poder Judicial como una inadmisible medida de presión. Como se ve, la historia puede manipularse cuando esa justicia que se proclama, en la práctica es simplemente deseo de venganza». Pírez aclaró que con su discurso no pretendía «instalar en nuestra memoria, con espíritu revanchista, aquellos momentos de enfrentamiento que vivió nuestro país, y que todos quisiéramos de una vez dejar en el pasado» y tampoco «crear ningún estado de alarma sobre el futuro».

«Tranquilidad institucional»

A diferencia del pensamiento de los militares retirados, los máximos exponentes de los partidos tradicionales coincidieron en señalar que el país está en paz y se superaron los efectos que generó la dictadura.

En el acto en la Plaza de la Democracia también estuvieron presentes los comandantes de las fuerzas armadas y representantes del Círculo y Centro Militar. La presencia política fue escasa y estuvo dominada por representantes colorados y blancos: el vicepresidente Luis Hierro, los senadores Wilson Sanabria, Pablo Millor, los diputados Daniel García Pintos, Glenda Rondán, Gustavo Penadés y Jorge Chapper. También estuvieron presentes los ministros Pedro Bordaberry, Leonardo Guzmán, José Villar, Daniel Borrelli y Yamandú Fau.

Tras la ceremonia, los tres principales referentes de los partidos tradicionales coincidieron en destacar la «tranquilidad» institucional que se viven en el país a 32 años de los enfrentamientos.

El ex presidente y precandidato blanco Luis A. Lacalle recordó que en el país «se levantaron contra las instituciones democráticas elegidas, contra el gobierno del Partido Nacional primero y del Partido Colorado después, los terroristas que trajeron la primera violencia: los secuestros, los robos, las torturas, los asesinatos, todo lo que el país en plena democracia tuvo que sufrir.

Esto hay que recordarlo, se levantaron contra una democracia que se ejercía y un gobierno legítimo. Esa violencia trajo la otra: la violencia de la minoría militar que pretendió regir los destinos del país fuera de la democracia».

Lacalle opinó que el tema «ya está clausurado perfectamente por la Ley de Caducidad. Lo que queda es materia de sentimiento, muy respetable, pero no tiene consecuencias jurídicas ni políticas».

En un sentido similar, se expresó el presidente Batlle para quien hoy el país «está en calma y en paz».

«Fueron años muy difíciles los que vivió el país, pero creo que lo que ha hecho el país ha sido demostrar cómo el entendimiento entre aquellos que han participado con un punto de vista, frente a los que han participado con otro punto de vista, se van resolviendo en una convivencia pacífica cada día más importante, más profunda y más auténtica. Yo diría que en el alma de la gente, eso está realmente superado», dijo.

Recordó que ayer asistió al acto del Día de los Caídos por última vez como presidente, y destacó el clima de concordia y entendimiento: «Todos los días hay una cosa que es la última para el gobierno y el gobierno siente que lo está haciendo en un clima de entendimiento, de concordia y de transición hacia un régimen nuevo», agregó.

Para el mandatario, el último tema que queda por solucionar es la aprobación que tiene a consideración el Parlamento de la reparación a familiares de los desaparecidos durante la dictadura.

Sanguinetti expresó por su parte que «la sociedad uruguaya no está dividida porque está en paz». Destacó lo realizado en su primera administración cuando impulsó el «cambio en paz» y recordó la «contribución» de figuras políticas como Wilson Ferreira Aldunate o Líber Seregni.

«Naturalmente, en la conciencia individual puede haber un sentimiento vivo que sea una ceniza de aquellos viejos enfrentamientos, pero eso no se traduce a la vida de la sociedad. Esta es una sociedad en paz y reconciliada», aseguró Sanguinetti.

El líder del Foro Batllista tomó como ejemplo de la trascendencia del cambio en paz la situación del sector de izquierda MPP. «Mirado desde el ángulo de la reconciliación nacional una expresión positiva, porque son grupos que estuvieron en contra de las instituciones, que tomaron las armas en contra de ellas (porque) consideraban en aquel momento que la democracia burguesa, la democracia parlamentaria, no era un mecanismo válido. Hoy en cambio lo acepta y lo integra, y eso es una expresión del éxito de lo que fue el cambio en paz en el país».

Por su parte, el ministro de Defensa Yamandú Fau, señaló que «el país todo se puede sentir expresado. Queremos recordar a quienes dieron su vida por las instituciones en un sentido de unidad, respeto, tolerancia y comprensión mutua».

Para el jerarca ese es el objetivo de la ceremonia. «Creo que lo logra en esta presencia de civiles y de militares, sobre hechos que a ellos fundamentalmente les llegó muy de cerca, en lo que tiene que ver con la pérdida de camaradas a los que quisieron mucho», sostuvo Fau.

Consultado sobre si el tema de los derechos humanos está laudado, el ministro expresó que «la única que puede contestar sobre este tema es la ciudadanía, quien se pronunció en su momento y tenemos que interpretar ese pronunciamiento como que era una etapa superada. Creo que hay derecho a interpretar ese sentimiento».

Agregó que él no maneja la hipótesis de que quienes se enfrentaron con militares en el pasado puedan ser ministros de Estado el año próximo. *

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