Treinta y tres, tres décadas atrás
¿Dónde estaban en abril de 1975?
Mabel Fleitas Vivíamos en la ciudad de Treinta y Tres. De allí eran nuestras familias. Estudiábamos en el Liceo Departamental. Casi todos estábamos terminando el bachillerato. Yo entonces tenía 17 años.
Liliana Pertuy Yo hace exactamente 29 años todavía tenía 15 años…
¿Cómo era la ciudad de Treinta y Tres hace tres décadas?
MF Estábamos en plena dictadura, en una etapa que luego denominamos fascistización del régimen ya que el avance de la represión dejó de concentrarse en los llamados grupos subversivos como podía ser el MLN, y había comenzado a golpear a todos los sectores del Frente Amplio, y al Partido Comunista y la UJC en particular.
LP En aquellos años Treinta y Tres no sólo era, como dice la canción de Los Olimareños, un pueblo de campaña, que en realidad lo era, sino que la represión y el terror habían comenzado en el año 1972, con procedimientos contra los Tupamaros y no se detuvo hasta lo que nos pasó a nosotros, y luego se extendió a otros grupos del Frente Amplio.
¿Se respiraba miedo? ¿Había que actuar a niveles clandestinos para militar en una sociedad que presumo muy conservadora?
LP Conservadora y reaccionaria… nosotros éramos militantes clandestinos de la Juventud Comunista.
-¿Cómo se habían integrado a esa edad a una estructura clandestina?
MF Yo me había afiliado a los 13 años cuando las elecciones de 1971.
LP En mi caso me afilié en 1973, poco antes del golpe de Estado… Sucede que si bien la de Treinta y Tres era una sociedad conservadora y con miedo, por otro lado y a la vez, tenía todo un movimiento cultural de izquierda que se hacía notar en un departamento donde existía una gran fuerza del grupo blanco que lideraba Wilson Ferreira Aldunate.
-¿En qué consistían las actividades «subversivas» de aquellos jóvenes que en 1975 militaban en la UCJ clandestina?
MF -(ríen) Nuestras actividades subversivas eran casi todas culturales. Desarrollábamos obras en el Teatro Experimental, organizábamos festivales para nuclear a los jóvenes, teníamos un trasfondo clandestino pero eran actividades de orientación social, cultural y recreativa. Nuestras acciones de finanzas, lo clásico de las finanzas para la UJC, también tenían que ver con la idoneidad de nuestras edades. Eramos unos niños, y llegamos a hacer muñecas de trapo para vender y hacer finanzas. Nada de eso era oculto, en realidad nuestra clandestinidad era un juego. No teníamos nombres clandestinos.
-La conexión política se centraba en que cada tanto venía alguien y les daba un informe, ¿no?
LP -Claro…Nosotros estábamos insertos en la sociedad. Eramos queridos por todo el mundo. Ibamos al club como cualquiera. No éramos una cosa rara. Eramos unos jóvenes típicos de una ciudad del Interior que íbamos al liceo o a los bailes del Club Progreso frente a la Plaza 19 de Abril como todos…
-¿Aquella sociedad conservadora los señalaba como los revoltosos pichones de subversivos?
MF Sí, porque nosotros habíamos tenido militancia legal en el período previo al golpe de Estado. De alguna manera nosotros al dar hoy nuestro testimonio sobre lo que nos pasó, queremos subrayar que éramos eso: jóvenes, casi niños, que pertenecíamos a una organización que no siempre había sido clandestina. Nosotros estábamos en un partido legal que luego fue prohibido. *
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