Nuevo libro sobre el golpe de Estado y la intervención de la Universidad cobra actualidad

El diario El País explica avance del EP por el "lavado de cerebros en las aulas"

Estamos ante un trabajo con el riguroso estilo que nos tiene acostumbrado el profesor Alvaro Rico, donde más que un relato histórico de carácter clásico se parece a un guión literario para ser llevado al cine, en tanto los datos históricos, los documentos y testimonios se suceden como imágenes que van impactando al lector, tanto como al que vivió la época como al que recién se sumerge en ella.

Como se señala en la contratapa del libro se trata de «una reconstrucción histórica pero también de la memoria de una lucha» de los universitarios, donde la organización cronológica del material permite revisar los distintos hitos del período que va de junio a fines de noviembre de 1973: la huelga general de 15 días que enfrentó al golpe de Estado y la ocupación de las Facultades, las elecciones universitarias, la intervención de la dictadura, al muerte de estudiantes y la prisión del rector y los decanos, la ilegalización de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay.

No es un libro imparcial, sino profundamente comprometido con la democracia y las libertades. No está escrito desde el alma de los dictadores, sino desde el alma de la Universidad autónoma y republicana. A pesar de ese compromiso  o por razón de ese mismo compromiso  el trabajo no pierde objetividad y mucho menor rigurosidad científica.

Tiene, además, una fina combinación de la ironía con el dramatismo, en el momento de elegir los testimonios. «Me dieron un palazo, le dieron un palazo a Pablo (Carlevaro) y le dieron alguno a Samuel (Lichtensztejn). Lo que tiene que los dos petisos los ligamos en la cabeza y él (Samuel) se la ligó en los hombres», recuerda el doctor Alberto Pérez Pérez, quien en esos días de la huelga general era el decano de la Facultad de Derecho. Por su parte Lichtensztejn, que entonces era el Rector, describe las horas después de la muerte de un estudiante: «La familia de Ramón Peré autorizó el velatorio en la Universidad y llevó el féretro. Apenas entró, sitiaron (a la Universidad)». Más adelante agrega que en un momento la familia quiso retirarlo de la sede universitaria para también «velarlo en familia». «Entonces muchísimos estudiantes se resistían. Pero había que respetar la voluntad de la familia. Y finalmente logramos que saliera el féretro solo, pero sitiados. Siguió el sitio dos días».

 

Elecciones en dictadura

El 12 de setiembre de ese año se realizaron las elecciones universitarias donde por primera vez el voto era obligatorio y secreto. La dictadura y la derecha del país apostaban a desplazar de los órganos de conducción a las autoridades que resistían el golpe de Estado. La sorpresa fue, para muchos, mayúscula: «Fue una fiesta universitaria al ver que todos los órdenes se pronunciaban por la lista que respaldaban claramente la posición universitaria», dice el profesor Gerardo Rodríguez. Entre las fuerzas que se sintieron frustradas estuvo la Agrupación Batllista Universitaria, que en las horas previas al voto no ocultó sus discrepancias con las corrientes mayoritarias: «Tenemos una Universidad dogmatizada donde la enseñanza se encara en forma errónea, por la capciosidad ideológica de quienes se han autoerigidos en sus dueños absolutos…». También los más derechistas, como la agrupación «Odontología Libre» que no dudó en manifestar: «Con el Movimiento Democrático Universitario que integramos, exhortamos a los electores de Odontología a no incluir nada en el sobre de votación, esto es, a votar en blanco como expresión de repudio al fanatismo marxista que alejó a sus más auténticos valores docentes y sumió en ominoso silencio a buena parte del estudiantado universitario».

 

La intervención

Tanto Rico como en la nota preliminar del rector Rafael Guarga, no se elude la existencia de una explosión de una bomba en la Facultad de Ingeniería, el 27 de octubre de 1973, que le costara la vida a un estudiante y que se transformara en el pretexto para intervenir la Universidad, terminar con su autonomía y destituir, entre otros, a todas sus autoridades. «A pesar de las investigaciones realizadas una vez recuperada la democracia, desde 1985, no se ha podido determinar exactamente las causas de aquella explosión», asegura Guarga. Tampoco pudo la dictadura cívico-militar, aportar una sola prueba sobre el caso, agregamos nosotros. Pero el profesor Gerardo Rodríguez va con su testimonio mucho más lejos, que nuestro punto de vista. En el salón de actos fue puesta una valija muy llamativa que este muchacho que entró la abrió y en cuanto la abrió, fue una explosión gigantesca». Sobre lo mismo el doctor Jorge Ares Pons agrega: «No se sabrá exactamente lo que pasó. Pero todos los vecinos de la Facultad de Ingeniería estaban contestes que en ese día, toda la zona de la Facultad de Ingeniería estaba absolutamente rodeada por fuerzas del Ejército y de la Policía. Estalló la bomba y yo diría que a los cinco minutos estaban adentro de la Facultad de Ingeniería ocupándola».

 

La obediencia debida

Luego vendrá el atropello a todo tipo de convivencia, por parte de las autoridades del proceso, como se le llamó a la dictadura en esos días. Uno de los documentos que presenta Rico grafica el clima de represión. El 6 de noviembre de 1976 el coronel Mario Larrauri, oficial de enlace del Cosena ante la Universidad dirige una nota al rector Interventor, Jorge Anselmi, en los siguientes términos: «Comunico a usted que el funcionario   nota 421/978  de la Universidad de la República, señor (…) tiene anotaciones negativas que determinan una trayectoria de militancia comunista». La respuesta de Anselmi, dos días después, no se hace esperar: «Vuelva al señor Coronel Larrauri con la información de que el referido señor (…) ya ha presentado renuncia y no concurre más a la Universidad, a pedido expreso del suscripto».

 

Apuntes al margen

El martes 6 de abril de 2004  31 años después  el editorialista del diario El País apesadumbrado por el avance de la izquierda da su interpretación del fenómeno. El hecho de que «el FA creciera sin pausa» fue porque «el lavado de cerebro de que fue objeto nuestra juventud a través de las aulas fue exitoso». Por esto y por muchas más cosas que se escucharán en los próximos días, el libro de Rico es necesario para entender el presente. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje