Severa autocrítica en la FAU, tras accidente aéreo que costó la vida a experientes pilotos
El brigadier general Alberto Castillo, comandante del Comando Aéreo de Operaciones, fue el encargado de dar a conocer, en la mañana de ayer, las conclusiones de las actuaciones de la Comisión Investigadora de Accidentes de Aviación, en la propia sede del Comando de la FAU. Este organismo, dependiente de la propia FAU, fue designado en forma inmediata para investigar el fatal vuelo que costó la vida al piloto y comandante de la Brigada Aérea II con asiento en Durazno, coronel (av) Hebert E. Tomé, y el piloto instructor y jefe de Operaciones del Escuadrón Aéreo 2 (Caza) capitán (av) Gustavo Varela.
Ambos oficiales, calificados además como instructores, estaban aptos para volar y contaban con una importante experiencia acumulada de horas de vuelo (2.720.2 horas en total, el primero, y 1.929.2 horas, el segundo). Sin embargo, sus planillas de vuelo registraban un escaso tiempo en el aire en el ultimo mes (1.3 horas, el primero, 1 hora, el segundo). Tomé, precisamente, en un acto en la base de Durazno, el 17 de julio de 2003, reclamó al Poder Ejecutivo mayores recursos para el mayor uso y mantenimiento de las aeronaves. El propio comandante en jefe, teniente general (av) Enrique Bonelli, dijo, al momento de asumir, el pasado 1º de febrero, que aspiraba a que «se tenga en cuenta nuestra situación para poder mejorar nuestro índice de operatividad, invirtiendo recursos en el mantenimiento y abastecimiento de nuestras aeronaves, lo que permitirá cumplir mejor nuestra tarea». Con lágrimas en los ojos, Bonelli homenajeó ese día a los aviadores caídos, quienes precisamente volaban hacia Montevideo para participar en la ceremonia de asunción.
Fuentes militares aseguraron que Bonelli dio luz verde para que se informara «sobre todo», públicamente, pese a las «sugerencias» que le hicieran llegar para «bajarle el perfil» a la conferencia. Auxiliado por imágenes en una pantalla, Castillo describió en detalle el objetivo de la misión de aquel día, las características de la aeronave siniestrada, la situación meteorológica imperante, la trayectoria final del avión y las conclusiones del peritaje.
En el informe, distribuido a la prensa, se establece que la «causa primaria» del accidente «queda comprendida dentro del factor medio ambiente natural», y agrega que la aeronave debió enfrentar «condiciones meteorológicas extremadamente adversas, iniciándose una secuencia de eventos desencadenantes». Castillo descartó fallas mecánicas en el caza. Del «historial» de la nave no se encontraron «deficiencias» que determinaran el accidente, precisó el comandante.
Sin embargo, en el informe se señala que «realizados los correspondientes peritajes, no surgen evidencias de mal funcionamiento de los distintos sistemas ‘en forma previa’ a la exposición de la aeronave a los elementos meteorológicos antes mencionados». Empero, agrega que «se ha podido determinar, con un elevado índice de probabilidad, la falla total del sistema eléctrico por condición asociada a la ingestión de agua en unidades de regulación eléctricas». El oficial estableció como «hipótesis» que el agua de lluvia se pudo haber filtrado a través de los sellos de la cabina y, de este modo, se habría afectado la unidad de control del generador de energía de la aeronave. Respecto al factor humano, señala que «la pérdida del sistema eléctrico e instrumentos de altitud y control (imprescindibles para desarrollar el vuelo en condiciones instrumentales en forma segura) ocasionaron la Desorientación Espacial de la tripulación y la inevitable pérdida del control de la aeronave. Como factores contribuyentes, la investigación menciona los siguientes: dentro del factor humano, «se constataron deficiencias en la preparación general de la misión debido a una apreciación inadecuada del pronóstico meteorológico y desfasaje temporario de conciencia situacional, llevando al comandante a cometer errores de planificación y ejecución». Con referencia al «factor humano tripulación», señala que «la deficiencia de un entrenamiento específico en vuelo instrumental, asociada a condiciones climáticas totalmente adversas para el vuelo y la presencia de una carga excesiva de tareas en la cabina, a su vez incrementada por la responsabilidad intrínseca debido a la situación de incertidumbre de las demás aeronaves, llevaron al comandante a tomar decisiones erróneas». Dentro del área «factor medioambiental artificial», el informe señala que «se constataron deficiencies en la información meteorológica al no ser proporcionada información en tiempo real, en forma complementaria a los pronósticos». Entre las fallas humanas, Castillo reveló que el aeropuerto de Laguna del Sauce, en ese momento en condiciones visuales, se había previsto como primera alternativa, en caso de no poder aterrizar en Carrasco. Sin embargo, frente a la imposibilidad de aterrizar en Montevideo, el piloto optó por retornar a Durazno. «Nunca podrá establecerse por qué lo hizo», se lamentó el alto oficial.
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