El EP-FA debate su estrategia para las elecciones de 2004

"Sin alianzas ni ideas nuevas estamos fritos"

La política de freno que puso Tabaré Vázquez al debate público, reforzada por su buen posicionamiento en relación al sorpresivo estilo de gobierno del doctor Jorge Batlle, ha llevado a que el debate sea casi silencioso. La reflexión y el análisis parecen estar desarrollándose más en las internas de los sectores que en el amplio esenario del EP. LA REPUBLICA buceó en las entrañas de ese intercambio de ideas entrevistando a algunos dirigentes por separado, presentando en todos los casos un común denominador: el nuevo escenario creado por el balotaje, que a nivel nacional se manifestó en una segunda vuelta, pero que en mayo –sin esa segunda instancia de consulta a la ciudadanía– igual impregnó y sigue impregnando a toda la política.

Bipartidismo y familias ideológicas

En general hay coincidencia en que el EP no estuvo preparado para enfrentar las consecuencias de la instalación del balotaje en las reglas de juego del sistema electoral y en la cultura política de la sociedad.

Si bien en octubre la ciudadanía se volcó mayoritariamente en favor del EP, situación creada por un preefecto balotaje y por la fuerte expectativa gestada desde 1994 en favor de Vázquez, así como por la crisis de liderazgo del doctor Luis Alberto Lacalle, cuando llegó la hora de los hornos, amplios sectores de la ciudadanía se volcaron masivamente hacia el doctor Jorge Batlle (noviembre) y hacia caudillos blancos del interior en las municipales (mayo). El trasvasamiento de una parte importante del electorado hacia uno y otro partido tradicional, casi sin pasar por las puertas del EP, fue casi natural.

Tanto el senador José Mujica (MPP) como su colega Danilo Astori (AU) son categóricos en reconocer que esa movilidad del electorado entre los dos viejos partidos fue natural «porque se manifestaron las familias ideológicas».

El líder de Asamblea Uruguay entiende, además, que las dos colectividades tradicionales son adversarias «en factores adjetivos y aliados en factores sustantivos».

El dirigente tupamaro reconoce, a su vez, que «el neoliberalismo jode, no sólo en el campo económico, sino también en el ideológico», fomentando las posturas conservadoras y no solidarias, que se manifestaron en el temor que mostró parte de la ciudadanía ante las reformas impositivas.

Por su parte el diputado Guillermo Alvarez (PS) recuerda que también fracasó la tesis de que «los blancos no votaban a los colorados» y que en cambio » tuvo vigencia el discurso anticomunista, antitupamaro propio de la predictadura».

En cambio el diputado Carlos Pita (CP) prefiere hablar de familias programáticas y explica el voto blanco a Batlle porque los ciudadanos que en octubre votaron a Lacalle eran los de «fierro», «los más conservadores del Partido Nacional».

Para el diputado Víctor Rossi (AP) no están todos los elementos para asegurar que se manifestaron las familias ideológicas, pero no duda en asegurar que el país «entró en la lógica del balotaje» por un largo período y que se va a volver a manifestar en 2004 y 2005.

Con talantes distintos y con visiones diferentes sobre el grado de coagulación del nuevo fenómeno, los dirigentes encuentristas confirman que se va dibujando en el horizonte una especie de bipartidismo, que en principio estaría conformado por los partidos tradicionales de un lado y el EP por otro, al que el senador Enrique Rubio (VA) agrega en este bloque al Nuevo Espacio, quien al igual que Astori puntualiza que lo incluye «con todas sus corrientes». «Es que yo pienso más en un biproyecto de país», acota.

Mujica entiende que «el bipartidismo es la consecuencia lógica a nuestro crecimiento», pero el reconocimiento de ese proceso no le impide detectar contradicciones.

Por eso asegura que «todos estamos dentro en ese proceso» polarizador, donde «de este lado no están todos y algunos de los que están de este lado, no se sabe si no se pasan para el otro».

En tanto Rubio destaca que los dos bloques «son heterogéneos, con una integración pluripartidista». Y agrega más: «Los dos son bloques flexibles que presentan algún punto de contacto», por eso no descarta que ante la aparición de escenarios múltiples y simultáneos –por ejemplo acuerdos con Batlle en materia de derechos humanos y mejor diálogo con el Foro en relación al papel del Estado–, no se pueda asegurar que se va a un bipartidismo como el que se presentó en noviembre.

En este sentido Astori entiende que esa movilidad del electorado debe contener también el análisis de por qué no se pudieron retener los votos de octubre y confiesa que en los días previos a las municipales gente del interior le dijo: «En octubre lo acompañé, contador, pero ahora vuelvo al Partido Nacional».

Con una visión más optimista, Pita no descarta que «el gobierno se pueda definir en octubre de 2004 en favor del EP», pero a la vez alerta de que ese escenario se transformará de posible en probable si el encuentrismo «demuestra una capacidad de concertación política superior a la que hemos tenido».

El bloque progresista

También hay coincidencias generales sobre el pobre desarrollo de una política de alianzas previa al proceso electoral.

La visión optimista anterior de Pita, aparece más moderada en los planteos de Rubio, quien considera que «la izquierda tiene la tendencia a pensarse como desarrollo cuantitativo, porque se ha pensado todo desde el punto de vista del desarrollo demográfico, como que hay una victoria inexorable».

«No podemos ser deterministas en la visión de nuestro pasado, presente y futuro y por ello hay que apostar a los elementos cualitativos, hay que trabajar la contrahegemonía revitalizando la cultura de la izquierda», añade el dirigente vertientista.

Dentro de esta línea de pensamiento Mujica asegura que no se pudo ampliar el arco progresista «porque nosotros no teníamos nada para ofrecer, no teníamos historia de esas alianzas que exigía la nueva situación».

A su vez Astori indica que no se ha sabido darle «un gran impulso al EP», lo que se debe lograr con «un discurso abarcador, inclusivo y no excluyente» que «se tiene que trabajar durante una vida y no sólo en la campaña electoral». Y Rossi agrega que «hay que tejer nuevas alianzas, dar nuevos pasos, tener una política de manos abiertas, para hablarle a todo el país, salvo con los enemigos del país».

Pita agrega otro condimento cuando sostiene que se debe construir en el EP «una lógica de actuación que debe ser una lógica de acuerdos y para ello hay que entender el acuerdo como algo que se transa y en donde se tiene que tener correspondencia».

Mujica lo formula de otra manera al expresar que hasta ahora «la izquierda tuvo una política de alianzas basada en el reclutamiento, donde le pido al otro que sea igual a mí». La idea del dirigente tupamaro es no abandonar el reclutamiento, pero priorizando una política de encuentros con otros progresistas para «ir conociéndonos». «No te pido que vengas, ni que seas igual a mí, seguí siendo como sos, pero si estamos de acuerdo en esto vamos», expresa Mujica, como si estuviera hablando con un potencial aliado.

Alvarez coincide con los otros dirigentes cuando alerta de que «no todos los progresistas están en el EP». Por su parte Rubio explica las limitaciones que se presentaron en los últimos cinco años para desarrollar esa política de alianzas, afirmando que «hubo un exceso de internismo», lo que debe ser corregido construyendo puentes con la ciudadanía para ampliar el bloque progresista. Y lanza en forma categórica que «hay que tener mucha apertura en la construcción del gobierno de Montevideo, por eso yo estoy jugado a esa idea y Mariano Arana también».

Pita muestra otra sensibilidad y pone el acento en que el EP «no
estuvo a la altura del desafío del balotaje porque nos faltaron reflejos para ir a plantearle al Partido Nacional, en tiempo y forma, un esquema de propuestas para el país y así lograr un acuerdo».

Las dificultades para los acuerdos

Las coincidencias son también sobre las dificultades reales que existen para establecer alianzas electorales con dirigentes nacionales de los dos partidos históricos.

Existe el consenso de que la propuesta encuentrista debe estar dirigida hacia los sectores medios y de base de los dos partidos, dirigiendo la convocatoria –dice Astori– «a figuras y sectores de los partidos tradicionales que podrán venir con diferentes grados de organización». A lo que Alvarez agrega que no ve «un trasvasamiento de dirigentes, sino de ciudadanos y apelaría más a los sectores sociales que a los políticos, aunque no los descarto».

Otra de las dificultades es el exceso de pragmatismo que ha esgrimido el encuentrismo, que se ha expresado también en la falta –como ya señalamos– de iniciativa en la lucha ideológica.

Son Astori, Rubio y Mujica los que van más lejos en esta autocrítica, siempre dentro de un talante similar al de los otros dirigentes consultados.

Para Astori el EP «perdió la iniciativa ideológica porque no se renovó, en cambio le dimos demasiada importancia al trabajo político de perspectiva cortoplacista, siendo más pragmáticos que en el pasado».

Su percepción es que hay cambios importantes en la dirigencia del EP que «no están enmarcados en una visión ideológica» y por eso esa renovación «no llega a la gente» y «el frenteamplista militante sigue funcionando con los esquemas ideológicos del pasado». La idea es «renovarse sin cambiar valores, pero traduciendo esos valores en ideas concretas para actuar en la sociedad, y eso se llama ideología», afirma.

Mujica también reitera que «hay un exceso de pragmatismo y que la izquierda está pagando sus crisis en el campo de las ideas». Explica esto porque «vivió un largo período que desembocó en un desastre», por eso «está como en un túnel, mira hacia atrás y refrita cosas o mira para adelante y se pasa al campo ideológico del adversario». Y añade que «son los propios compañeros, los militantes, los que nos quitan capacidad de maniobra para las alianzas porque no la entienden». Al mismo tiempo no descarta que este aggiornamiento ponga en peligro los valores de la izquierda, pero confiesa que «contra eso no tengo una receta». «Pero es un peligro que hay que correrlo, porque si no hay alianzas en base a programas e ideas nuevas, estamos fritos».

Asimismo Rubio lanza, en este plano, otro «misil»: «La producción ideológica de la izquierda es muy débil, nuestras estructuras políticas enfatizan poco en conquistar la cabeza de la gente y hablan en términos de valores culturales profundos». Y de inmediato agrega: «Si la izquierda no trabaja en profundidad los elementos cualitativos, va a generar una adhesión volátil de la gente, porque nos van a ver como un partido más».

Rossi también presenta una sensibilidad similar al sostener que «la clave es seguir siendo de izquierda ganando nuevos aliados, sin tener miedo de que nos acusen de renunciamientos».

La gente, los liderazgos y el programa

Es en este plano de bajar a tierra el debate, en que surgen las mayores diferencias. Si bien todos coinciden que programa y participación de la ciudadanía, son elementos clave para transitar hacia el gobierno con las necesarias políticas de alianzas.

Es Mujica el que plantea una visión más global de la propuesta cuando sostiene que en el mundo globalizado «se hace más fuerte la cuestión nacional», que se expresa en un «tremendo arco social que contiene contradicciones, porque lleva en sus entrañas la contradicción de la explotación del hombre por el hombre». Asimismo recuerda que el capitalismo productor está siendo destruido, ampliando así los sectores sociales que pueden llegar a tener un buen diálogo con el EP.

Para poder avanzar en el sentido de la confluencia de todas esas fuerzas se debe presentar «un mínimo de formulación programática, para que después la historia haga su curso».

Dentro de ese programa Mujica incluye la necesidad de discutir la reformulación del Estado –jerarquiza más los temas de gestión que el de la propiedad–, «porque tal como está es indefendible».

Rossi transita por el mismo camino y se refiere a la necesaria reafirmación de la izquierda «en su capacidad de propuesta y de interpretar a sectores sociales cada vez más amplios».

Astori destaca tres puntos: a) fortalecimiento y relanzamiento del Mercosur con una visión progresista, b) programas de desarrollo de empleo, c) modernización del Estado.

Alvarez insiste sobre la necesidad de profundizar la redistribución de la riqueza, «retomando la idea del catastro municipal y del impuesto a las personas físicas», así como la radicación de la gente en el campo y la erradicación de la marginalidad.

Pita, que en líneas generales acompaña los otros planteos, entiende que el EP como fuerza política debe desarrollar programas referidos a los aspectos regionales y departamentales.

Rubio prefiere encarar el tema de las nuevas formas de gestión, que lo incluye dentro del capítulo del Estado, demostrando, como lo ha hecho la IMM, que es posible gestar nuevas formas de gestión por la vía de los convenios con las organizaciones naturales de la sociedad.

Donde existe la total coincidencia es en la autcrítica sobre la gestación de liderazgos en el interior del país, donde hay una amplia coincidencia sobre que el EP no ha favorecido ese desarrollo».

Este tema surge en forma casi espontánea cuando se analizan las elecciones de mayo y la actitud que asumió el encuentrismo en el departamento de Rocha. Error, el de la candidatura propia que impidió el apoyo a Irineu Riet Correa, que parece no querer que se vuelva a repetir.

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