Llamadas al Director
Jorge Batlle podría decirle algo al gobierno australiano
Señor Director:
Me indigna, señor Director, que a todos parezca importarle tan poco la suerte de los trabajadores del mar compatriotas que están siendo basureados por las leyes australianas. Jorge Batlle, que es tan liviano de lengua para apostrofar a gobiernos como el cubano o el argentino, podría hablar y decirle algo al gobierno australiano que está atentando contra los derechos humanos de nuestros compatriotas. ¿O es que George Bush Juniors no le dio el permiso todavía para abrir la boca?
Teléfono: 2161…
El Director: Conforme a lo que tengo entendido, las autoridades uruguayas están llevando a cabo tratativas con sus pares australianas a través de los canales formales diplomáticos, y puedo asegurarle que si queremos que los trabajadores del mar uruguayos estén lo más pronto posible junto a sus familias, es preferible que algunas personas no hablen.
El sueldo y el Carnaval
Señor Director:
Fui al Teatro de Verano a ver algo de Carnaval con mi mujer y mi hijo. El espectáculo excelente, pero cuando hice cuentas, me di cuenta que el Carnaval dejó de ser una fiesta para el pueblo. Fíjese: $ 81, los seis boletos (tres para ir y tres para regresar); $ 180 las tres entradas ( $ 60 cada una ) y unos $ 50 un chorizo, un refresco y una golosina para el botija, total: más de $300. Yo cobro líquido algo así como $ 2.900. Es decir que una noche de Carnaval me costó más del diez por ciento de mis ingresos. ¿Y sabe qué es lo más triste? Que el Carnaval no está caro. Es mi sueldo que es una miseria como el de miles de uruguayos.
Teléfono: 5251…
El Director: Vale su reflexión final, amigo lector. Y entiendo que es justa su bronca, porque después de todo, el Carnaval debería ser una fiesta popular al alcance de todos. Pero no es Daecpu precisamente la responsable de los sueldos miserables y la desocupación que afligen a los orientales.
Plantar árboles nativos en las calles de la ciudad
Señor Director:
Esta es una sugerencia para la Intendencia Municipal de Montevideo. Hay muchos árboles del ornato público, envejecidos que deben ser necesariamente suplantados por otros.
Creo que es hora que también en el arbolado ciudadano impongamos nuestra identidad. Propongo que los árboles que se repongan se sustituyan por ceibos rojos y blancos, pitangueros, ibirapitáes, y tantos otros árboles identificados con nuestra identidad. Y hasta no estará demás que en algunas plazas amanecieran algunos ombúes.
Teléfono: 2005…
El Director: Aunque ignoro si existen algunas razones técnicas que lo impidan, y en eso tienen la palabra los expertos de la IMM, no deja de ser de cierta forma interesante su propuesta. Imaginar una calle rebozante de ceibos colorados o blancos, de ibirapitáes, de aromos, por ejemplo, con sus flores impresionantemente doradas, y hasta ese toque romántico de los ombúes en las plazas son todas sugerencias muy pertinentes.
Andan cazando gatos y perros por la ciudad
Señor Director:
¿Usted sabe que están desapareciendo perros y gatos de los barrios? Tuve oportunidad de ver cómo en la zona de la Aguada, en los alrededores del Palacio Legislativo, más precisamente por la calle Francisco Acuña de Figueroa a la altura de Venezuela, a eso de las once de la noche, dos personas que iban en un carrito y otros dos que iban caminando al lado, cazaban gatos con una especie de lazo y los metían en una bolsa sin importarles el escándalo que los pobres animales armaban al ser atrapados. Los subían al carro y allí les daban un golpe y los callaban. Después lo comenté con un conocido y me dijo que también hacen lo mismo con los perros. Si son de raza, los venden. Si no, los matan y no se sabe qué hacen con la carne. Yo soy medio veterano y no sería la primera vez que ante una crisis en el consumo de carne, pasan estas cosas.
Teléfono: 099 926…
El Director: Su denuncia reviste gravedad, estimado lector, aunque le recuerdo que cuando usted sea testigo de algo así, debe llamar inmediatamente a las autoridades, porque existe una ley que pena el maltrato de los animales, y aunque no se aplica con la severidad que debería, en circunstancias así puede ser perfectamente aplicada. Lo lamentable de todo esto es que seguramente quienes se dedican a tales prácticas, lo hacen para comer y no por simple saña criminal.
Compartí tu opinión con toda la comunidad