Pomoli, hijo de un general legalista y hermano de un coronel golpista, fue protagonista del "desacato" al juez Recarey

Un general blanco asumirá la jefatura del Ejército el último año de gestión de Batlle

En un acto que promete estar cargado de «simbolismos» para la interna militar y para la externa política (iba a tener lugar hoy a las 16.30 horas en el Comando del Ejército de la calle Garibaldi pero se postergó un día debido al accidente aéreo en Florida), asumirá mañana como comandante en jefe del Ejército, el flamante teniente general Santiago H. Pomoli.

Pomoli, que relevará en el mando a Carlos Daners, con quien ha diseñado en los últimos años un proyecto futuro de las fuerzas armadas, fue quien meses atrás, según algunas fuentes, comunicó al poder politico, desde su condición de jefe del Estado Mayor, que no se acatarían las citaciones judiciales ordenadas por el juez suplente Alejandro Recarey.

La instancia del «desacato» es sólo uno de los tantos episodios que Pomoli, muchas veces desde un aparente anonimato, ha protagonizado en los últimos años y particularmente durante la comandancia de su amigo Daners, a quien sirvió como hombre de mayor confianza.

El nuevo comandante en jefe del Ejército es hijo de un recordado general, de su mismo nombre quien en los años sesenta impidió un intento golpista. Aquel Santiago Pomoli murió en abril de 1969 luego de tener, junto a los generales Líber Seregni y Víctor Licandro, un importante rol legalista en los años más duros del gobierno de Jorge Pacheco Areco.

El flamante teniente general Santiago Pomoli, es también hermano menor de otro militar tristemente recordado: el coronel (r) Juan José Pomoli, golpista en 1973, secretario del general Gregorio Alvarez, director de la Dinarp durante la dictadura, quien luego en la actividad privada también fue elemento noticioso, al estar vinculado al caso del Cangrejo Rojo.

Un general en los puestos clave

Catalogado como un oficial «ajeno a componendas internas» y «obsesionado por la austeridad» al punto de que «ni siquiera utiliza el auto oficial para trasladarse», Pomoli ha tenido en los últimos años un particular protagonismo en la interna militar, según se registra en los archivos de prensa.

Santiago H. Pomoli, general desde 1997, era el director de la Escuela de Armas y Servicios en 1999, cuando el entonces comandante en jefe, general Fernán Amado, activó la «guillotina» y propició una serie de relevos para evitar, que ante su pase a retiro, ascendieran oficiales de la logia Tenientes de Artigas.

En esos días se manejaba la posibilidad de que el general Carlos Daners, vinculado a la masonería y cuñado del entonces ministro de Educación y Cultura, Yamandú Fau, tuviera el apoyo de Jorge Batlle y Luis A. Lacalle para ser designado comandante en jefe del Ejército.

El mando castrense finalmente fue ocupado por el general Juan Carlos Geymonat (vinculado a la logia Chucrut), tras un acuerdo entre Julio María Sanguinetti y el presidente electo Jorge Batlle. Con su ascenso fue desplazado el general Oscar Pereyra (Tenientes de Artigas), y se resuelven nuevos destinos: Pomoli pasa a ocupar el estratégico comando de la División de Ejército II, con asiento en San José.

El único «teniente» que sobrevivía era el director del Calen, general Juan Lezama, quien es designado por Batlle como presidente del Tribunal Superior de Ascensos y Recursos del Ejército, pero rodeado como vocales por los cuatro comandantes de división: Raúl Villar (División I), Santiago Pomoli (División II), Angel Bertolotti (División III) y Carlos Daners (División IV).

«Subcomandante» desde el Esmaco

Cuando comienza a discutirse una reestructura de la oficialidad de las Fuerzas Armadas, por iniciativa del ministro de Defensa Luis Brezzo, a mediados del año 2000, Pomoli integra un par de comisiones de análisis compuestas por los altos oficiales. Ambas estaban presididas por el general Carlos Daners.

La sorpresiva decisión de Batlle de desvincular a Geymonat y designar en su lugar a Daners determinó un movimiento no menos inesperado: el general Pomoli dejó el mando de tropas que le implicaba la comandancia de la División II y pasó a desempeñarse como nuevo jefe del Estado Mayor Conjunto (Esmaco).

El Esmaco estaba interinamente ocupado por el general Villar, desde que el general Manuel Fernández había sido relevado por realizar manifestaciones sobre una reedición de enfrentamientos con la izquierda. Pomoli pasaba para algunos observadores a constituirse en un subcomandante en jefe.

Aunque Pomoli es identificado por su extracción blanca y considerado afín del ex presidente Lacalle, su relación con Daners (masón, colorado y sanguinettista) era óptima. Ya había sido subjefe del Esmaco, cuando el propio Daners lo presidía y el general Raúl Mermot el comandante en jefe del arma.

Pomoli acompaña como una «sombra» a Daners en varias instancias clave: ambos fundamentan la reestructura de la Carta Orgánica Militar ante el Parlamento, ambos se reúnen con los oficiales retirados de «batallones simbólicos» para explicar el proyecto del Ejército para las próximas décadas.

La confianza de Daners sobre Pomoli -juntos redactaron los manuales de Inteligencia Militar vigentes- llevó incluso a que colocara bajo su mando a uno de los nuevos representantes de los «tenientes», el coronel Juan Silva, quien pasó a desempeñarse como primer subjefe del Esmaco, bajo el control directo de Pomoli.

La «cara institucional» en la interna

Cuando en junio de 2001 un juez federal argentino pidió la extradición de los retirados José Nino Gavazzo, Manuel Cordero, y Jorge «Pajarito» Silveira, por violaciones a los derechos humanos, Daners y Pomoli se reunieron con ellos para asegurarles el respaldo de las fuerzas armadas.

Pomoli mantuvo, incluso, un encuentro «informal» con un grupo de coroneles en el «salón de novedades» del Esmaco para comunicarles la decisión de Comando sobre los militares requeridos por la Justicia. Allí advirtió que la posición del Ejército no sería hecha pública porque nunca había variado.

En setiembre de 2001, el general Pomoli realiza una conferencia sobre «Operaciones de Paz de Tercera Generación. Entorno, realidad y perspectivas», en el Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES) en el que propone un replanteo de la misión militar tras los atentados a las torres de Nueva York.

«A la luz de estos grandes acontecimientos que están ocurriendo, y aún de los que pueden ocurrir, va a ser menester entonces replantear viejas cuestiones, que muchos llegaron a creer que estaban definitivamente resueltas», dijo Pomoli, para quien la humanidad pasaba del «homicidio marginal» de las guerras al «homicidio generalizado e indiscriminado en el que ninguna sociedad podrá estar ajena».

Pomoli volvió a evidenciar su importancia como cara institucional del Ejército, cuando en diciembre de 2001 fue el encargado de comunicarle al coronel Juan Carlos Silva, principal dirigente de los Tenientes de Artigas, que sería «salteado» en los ascensos a general y por lo tanto debería pasar a retiro.

El «perro» Silva había sido desplazado por el coronel Carlos Díaz, nacionalista, en lo que constituyó un golpe demoledor para los «tenientes», quienes sólo pasaron entonces a contar con un hombre en el generalato: Juan Lezama, titular del Calen, quien pasaría a retiro en febrero de 2002.

Un «continuador» del general Medina

Como comandante del Estado Mayor Conjunto, el general Pomoli también protagonizó los debates parlamentarios sobre la conveniencia o no de mantener las Misiones de Paz de la ONU. Acompaño al ministro Yamandú Fau en varias instancias para explicar a los legisladores la situación que vivían los uruguayos asignados al Congo, ante las matanzas tribales de Eturi.

Desde mediados del año pasado, el nombre de Pomoli comenzó a ser manejado con insistencia -en trascendi
dos de prensa y comentarios parlamentarios- como el candidato natural para ascender a la comandancia del Ejército, cuando Daners pasara a retiro en febrero de 2004.

Quizás el episodio más significativo de Pomoli en los últimos años no es mayormente conocido: según algunas fuentes, habría sido él quien desde su oficina en el Esmaco comunicó al poder político que no se tramitarían las citaciones judiciales realizadas por el juez Alejandro Recarey en el caso Elena Quinteros.

Al igual que el general Hugo Medina en 1986, Pomoli subrayó que no se acataría la orden judicial en un tema que «se consideraba laudado». Su posición derivó en una situación que para muchos alcanzó niveles de inestabilidad institucional.

Otras fuentes, en cambio, ubican a Pomoli en un rol menos protagónico e incluso en el extremo opuesto de la política oficial tradicional de brindar resguardo institucional a los militares convocados desde el Poder Judicial, esta vez como testigos.

Pomoli es el general de mayor antigüedad y de mayor «confianza» para seguir las líneas trazadas durante la comandancia de Daners; sin embargo, el hecho de que debería pasar a retiro en 2005, provocó dudas sobre si no convenía más instalar a un general que se mantuviera durante todo el próximo gobierno, en particular si se produce un triunfo del Encuentro Progresista.

En ese sentido pasa a tener particular importancia la aprobación del proyecto de reforma de la Ley Orgánica Militar (elaborada por Daners y el propio Pomoli) que establece que los comandantes en jefe de cualquiera de las tres armas pueden estar tres años en el cargo, con prescindencia de cuándo deberían pasar a retiro. Un texto que parece toda una premonición. *

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