"Paraguay y Uruguay parecen más interesados en tener un acuerdo de libre comercio con el bloque que la integración plena"

Desde Buenos Aires se entiende que el Mercosur atraviesa una instancia crítica

El experto señaló que hay dos grandes líneas de conflicto «que podrían dibujarse sobre el mapa de la región: la primera corre de Noroeste a Sureste, y une al Uruguay y al Paraguay; la otra va de Sudoeste a Noreste, y enfrenta a la Argentina con el Brasil».

En una nota publicada ayer en el diario argentino Clarín, Sica sostiene que «tanto Paraguay como Uruguay, más allá de las particularidades y diferencias que los separan, tienen en común frente a las otras dos naciones del bloque su menor tamaño y mayor presencia relativa de las actividades primarias. Como economías pequeñas que son, tienden a ser más abiertas al comercio exterior, y por el menor peso de las actividades secundarias, presentan una mayor predisposición a importar del resto del mundo insumos, bienes de capital, y productos industriales en general, siempre que la combinación calidad/precio se incline a favor de la oferta extrazona».

«Estos condicionantes estructurales se manifiestan en el reclamo de atención a diversas asimetrías, de las cuales se siguen las demandas de mantenimiento de regímenes especiales de importación, perforaciones al Arancel Externo Común (AEC) en distintas categorías de bienes, regímenes de origen más laxos, etcétera.

De la conducta de las representaciones de estos dos países en las últimas negociaciones, surge la impresión de que se comportan como si deseasen cambiar su actual status dentro del bloque por el de naciones integrantes de un Acuerdo de Libre Comercio con el Mercosur. De esta manera recuperarían el derecho a fijar autónomamente su arancel externo, sin perder el acceso preferencial al mercado ampliado, y añadiendo a lo anterior el beneficio de un régimen de origen menos riguroso», opinó.

A esta situación, dijo Sica, hay que agregarle la «la solapada estrategia norteamericana de tentar con acuerdos bilaterales, que ejercen un innegable atractivo, al menos, en algunos sectores de esos dos países».

Además, se suma «la supuesta ‘invasión’ de productos brasileños en el mercado argentino», dice Sica al referirse al eje de los socios mayoritarios del bloque. «Durante el año 2002, de virtual cierre a las importaciones, producto del elevadísimo tipo de cambio real y el aún bajo nivel de actividad, la aceleración de la tasa de crecimiento de la economía argentina y la reducción del overshooting en el tipo de cambio, estimularon el aumento de la demanda por productos brasileños. En algunos sectores puntuales, la combinación de este auge importador con los todavía bajos niveles de la demanda interna, a pesar de la señalada recuperación general, sin duda está dañando la rentabilidad y el nivel de actividad de firmas nacionales».

«Se esperaba que el Mercado común regional fuese el espacio en el cual realizar economías de escala y de aprendizaje, una verdadera plataforma para seleccionar ganadores sectoriales y desde la cual se podría avanzar sobre los mercados de otros continentes. Las cifras del comercio bilateral muestran que existe una brecha importante entre esa posibilidad y la situación actual, la que parece más bien encaminarse a un escenario con una Argentina proveedora de bienes con menores contenidos tecnológicos y de diseño, y un Brasil industrializado con una inserción creciente extra zona a través de productos manufactureros y con mayor valor agregado».

Sica sostiene que «la paradoja de este tendencia reside en que, de consumarse, fragilizaría al Mercosur, por la pérdida del interés estratégico que, a partir de ese momento, el bloque tendría para la Argentina».

Por lo tanto Brasil y Argentina tiene las siguientes responsabilidaes: el gobierno brasileño «en tratar de recrear mecanismos al interior del Mercosur que induzcan conductas de complementariedad más que de sustitución en sus propios industriales, respecto de los productores argentinos, y otra, mucho mayor, del gobierno argentino, de volver a prestarle al Mercosur una atención que le ha estado negando, quizás desbordado por los problemas de la deuda externa, la cuestión financiera, y otros de similar envergadura». *

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