Además de borrar los carteles, planteó su queja en la Comisaría de Castillos

"Pajarito" Silveira tapó con pintura carteles que alertaban sobre su presencia en el este

El hecho ocurrió en el apacible balneario de la costa este uruguaya, donde el militar tiene su domicilio veraniego.

El coronel retirado Jorge Silveira Quesada, identificado por decenas de presos políticos como uno de los más crueles torturadores del Ejército uruguayo de la década del ’70, se encargó en Aguas Dulces de borrar y descolgar de la vía pública carteles anunciando su presencia como veraneante de ese lugar de la costa atlántica.

Los carteles aparecieron en columnas de la calle principal de Aguas Dulces, «Cachimba y Faroles» (ex Gorlerito), alertando a los visitantes ocasionales sobre la presencia del torturador. «Â¡Â¡Â¡Cuidado!!! El torturador Pajarito Silveira veranea en Aguas Dulces», indicaba el texto de la cartelería instalada a modo de «escrache».

El militar retirado, además de borrar los carteles, planteó su queja en la Comisaría de Castillos sin que llegara a formalizar una denuncia por escrito pero sí en forma verbal.

Fuentes policiales confiaron que hubo una serie de contactos en busca de saber quién o quiénes habían colocado los carteles ante la preocupación de que esta actitud diera pie a la organización de escraches de mayores dimensiones que alteraran el orden público en el balneario o la ciudad de Castillos. En este sentido funcionarios hicieron preguntas a vecinos de Aguas Dulces o Castillos sobre si conocían eventuales organizaciones de escraches o actos de repudio. En todos los casos las consultas fueron en tono amigable y solicitando la colaboración de los vecinos.

«Pajarito» Silveira, como revelara LA REPUBLICA recientemente, vive en el barrio Torres de la ciudad de Castillos en un lugar apartado de la planta urbana de la ciudad.

En el kilómetro 8 de la Ruta 16 hay un camino vecinal sin ninguna otra desviación y con punto de finalización en un campo a muy pocas cuadras de la Ruta.

No vive todo el tiempo allí pero sí frecuenta ocasionalmente el lugar, habitualmente en las fiestas tradicionales o cuando nuevamente su nombre está en la consideración pública. El 24 y 25 de diciembre pasados no estuvo en su casa del departamento de Rocha pero sí llegó para fin de año.

El 1º de enero lo destinó a cortar el césped de la entrada a su domicilio y realizar tareas domésticas. La elevada temperatura de la tarde lo llevó a trabajar al aire libre con el torso desnudo lo que permitía exhibir un bronceado de varios días de exposición al sol.

Eso puede explicarse, entre otras cosas, porque el coronel torturador, como todo vecino castillense, va casi todos los días al balneario distante unos 12 kilómetros de la ciudad.

Varios veraneantes y residentes de todo el año lo han visto junto a su familia llegar y bajar a la costa en el concurrido lugar de la costa de Rocha. Esta situación no es reciente, se viene dando desde hace un par de años. Sabedoras de la situación, muchas personas de Montevideo que veranean en Aguas Dulces, o en los cercanos Barra de Valizas o Cabo Polonio, lanzaron ideas para organizar un «escrache» pero nunca llegaron a concretarlo por diversas razones.

Pero seguramente esas ideas fruto de conversaciones entre distintas personas durante mucho tiempo impulsó a uno, o más de uno, para improvisar unos carteles y colocarlos en la principal vía de tránsito de Aguas Dulces. Además del texto, el afiche incorporaba la fotografía sacada por LA REPUBLICA en pleno centro de Montevideo que sirviera para alentar nuevos testimonios de varias víctimas.

A primera hora de la tarde, y para sorpresa de varios espectadores, Jorge Silveira con un empleado que transportaba un balde de pintura transitaba de columna en columna borrando la cartelería que le perturbaba el tranquilo veraneo. El hombre que pintaba seguía las indicaciones de Silveira y éste respondió a una persona que le preguntó por qué borraba los carteles: «porque son pavadas que dice cierta gente».

Esa persona que hizo la pregunta comentó posteriormente a LA REPUBLICA que la respuesta había sido «en un tono pesado», refiriéndose al tenor de la respuesta.

Además de molestar la acción también causó molestias el grado de impunidad de un militar acusado internacionalmente de violaciones, torturas y muertes en borrar a plena luz del día los carteles que hacían referencia a su reciente pasado torturador. Quizá, y como para agregar un tono de burla a su acción, o recordar ese pasado reciente, el color de la pintura utilizada para borrar los carteles era verde oliva el mismo o similar al de los uniformes que vistió. *

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