Batlle se desmarcó de Brasil y Venezuela y abogó por el ALCA
«A nuestro juicio, los pequeños países crecen en la medida en que se integran», porque de otro modo «se asfixian», afirmó Batlle. «Algunos países grandes creen que tienen más tiempo para integrarse, yo no lo creo», afirmó.
«Uruguay está a favor del ALCA»; «creemos en la globalización, creemos que es necesaria», insistió.
Los 34 países que participan en la cumbre (todos los de América y el Caribe, menos Cuba), decidieron centrar las discusiones en temas sociales, a pedido de Brasil, que rechazaba evocar la evolución del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
La principal potencia sudamericana logró en la reunión de noviembre pasado en Miami que esa iniciativa, que debe empezar a funcionar el 1 de enero de 2005, deje plazos mayores para la apertura de mercados considerados estratégicos por algunos países.
En su discurso, Batlle proclamó además que Uruguay estuvo de acuerdo con las posiciones del Grupo Cairns de países agrícolas durante la conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) de Cancún, en setiembre pasado. En esa conferencia, Brasil lideró el G-20 de países emergentes que reclamaba el fin de los subsidios agrícolas a la exportación de los países industrializados. Una iniciativa a la que Uruguay no adhirió.
Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, manifestó que la integración regional debe darse a través de un sistema de intercambios «justo y equlibrado». «La integración hemisférica debe darse por la vía del diálogo político y de la cooperación internacional para el desarrollo. Tiene que eliminar situaciones de dependencia y compensar asimetrías», afirmó Lula.
«El comercio internacional puede ser un poderoso factor de desarrollo. Pero debe ser justo y equilibrado, beneficiando a todos de manera ecuánime», prosiguió. «Las negociaciones internacionales –comerciales o con organismos financieros– tienen que preservar la capacidad de los Estados nacionales que formulan políticas industriales, agrícolas, de ciencia y tecnología, sociales y ambientales», afirmó.
Pero la voluntad de Brasil de equilibrar el poder de Estados Unidos en América Latina no siempre es comprendida por los demás países de la región. La postura del gobierno de Lula sólo coincidía con la del venezolano Hugo Chávez, habitual fustigador de la globalización neoliberal y que antes de la cumbre aseguró que se estaba formando un «eje» entre Buenos Aires, Brasilia y Caracas.
Pero el gobierno del presidente argentino Néstor Kirchner, principal socio de Brasil en el Mercosur (bloque formado también por Paraguay y Uruguay), tomó sus distancias con esta batalla de su vecino.
El ministro argentino de Economía, Roberto Lavagna, se preguntó incluso por qué negarse a recordar, en un párrafo, lo que 34 países del continente (todos menos Cuba) firmaron a nivel ministerial en Miami, donde Brasil obtuvo además satisfacción de su deseo de hacer un ALCA «light», mucho menos ambicioso del que propugnaba Estados Unidos.
Según la agencia de noticias, AFP, un diplomático sudamericano que participó en las negociaciones de Monterrey afirmó que Brasil y Estados Unidos entablaron «un pulso de poder» en torno al tema ALCA, contrariamente a la pretensión de varios países que apuestan a obtener rápido acceso al mercado norteamericano.
«Brasil quiere ganar tiempo para avanzar en acuerdos sudamericanos (Mercosur y Comunidad Andina), aunque el ALCA ya se está haciendo por la puerta de atrás», con acuerdos bilaterales entre Estados Unidos y varios países de la región, dijo el diplomático, que pidió el anonimato.
Estados Unidos tiene acuerdos de libre comercio con dos países latinoamericanos (México y Chile) y concluyó la negociación con El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Negocia otros con República Dominicana y Panamá y se evoca la posible apertura de discusiones con Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Uruguay, dijo la agencia. *
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