Contactos radiales confirman que no había riesgo de hundimiento del "Ramblin Man"

Versiones encontradas sobre la muerte de dos pescadores en el accidente de Isla de Flores

Esa comunicación, registrada a las 11.20 horas de aquel día, fue la última que recibió el capitán del barco «Virginia I», que navegaba junto al «Ramblin Man». Poco después, el navío, sin control, fue arrastrado por la corriente y terminó recostado sobre las rocas de uno de los tres islotes del lugar.

«Bien, esto está abierto (la frecuencia de la radio), cualquier cosa chiflá por lo que sea», respondió el oficial al mando del otro pesquero, según información aportada por Prefectura. Según testimonios recogidos en el «Virginia I»  que llevaba una ventaja de un par de horas en su retorno al Puerto de Montevideo , el tono del mensaje denotaba que había dificultades a bordo del «Ramblin Man», pero que la situación era controlable. Ni siquiera el clima, algo inestable ese día, podría representar una amenaza cierta. Al parecer, la falla mecánica se resolvería con el cambio de los filtros en el motor. En eso se ocupaba en el fondo del barco el oficial maquinista, cuando el capitán  con cerca de dos décadas de servicio en la marina mercante  estimó que nada impediría el accidente y ordenó abandonar la nave.

Por razones que aún se investigan, el pesquero, con siete tripulantes a bordo, había quedado sin propulsión y comenzó a ser arrastrado por la corriente. Ni siquiera el ancla, cuyo cabo se rompió, sirvió para sujetar el navío. El barco quedó a la deriva y con rumbo cierto hacia la isla. Sin embargo, pese al mal tiempo, vientos cambiantes y un fuerte oleaje, el buque no corría peligro de hundimiento y el único riesgo en ese momento era el del inminente choque contra las rocas. Empero, en forma inexplicable todavía, la evacuación comenzó a producirse. Una balsa de goma fue lanzada al agua y algunos miembros de la tripulación iniciaron el abandono del barco. Otros, en cambio, habrían optado por quedarse y «bajaron luego caminando sobre las rocas» de la isla. Según la explicación oficial, el capitán y su segundo de a bordo, cayeron al mar y murieron ahogados. Sus cuerpos, sin que nadie pudiera auxiliarles, sufrieron rápidamente las consecuencias del embate de las olas contra las rocas y las heridas cortantes, en algunos casos muy profundas, fueron atribuidas al choque de los cuerpos contra las piedras y los mejillones. El hermetismo reinante dio lugar en las últimas horas a múltiples conjeturas sobre la actitud del oficial al mando.

Una versión menciona que el capitán pereció enredado entre las ataduras de la propia balsa al caer sobre la misma, y que el otro oficial desapareció bajo las aguas tras recibir un fuerte golpe en la cabeza contra una piedra. Otra versión señala que ambos oficiales aguardaron en el barco mientras la tripulación abordaba la balsa y que ambos perecieron en el intento por nadar hacia la misma. En otros ámbitos, circuló incluso la sospecha de que se hubiera producido una reyerta a bordo del pesquero. Esta versión, sin embargo, fue descartada de plano por un allegado a uno de los tripulantes del navío siniestrado.

De cualquier modo, las zonas oscuras no se reducen únicamente a las múltiples falencias detectadas en el operativo de rescate de la Armada, sobre el cual ya dio cuenta LA REPUBLICA. Al observar las fotografías a las cuales accedió LA REPUBLICA, de la nave posada sobre las rocas de la Isla de Flores, el misterio se ahonda. «¿Qué empujó al capitán a evacuar la nave? ¿Por qué abandonar un barco cuando el riesgo de hundimiento no era inminente y el choque no significaría una amenaza para la integridad física de la tripulación?», fueron algunas preguntas que trasladó a LA REPUBLICA un allegado a una de las investigaciones en curso.

El «Ramblin Man» había partido del Puerto de Montevideo el pasado 26 de noviembre, junto al «Virginia I». Durante varios días y con buen clima, pescaron en alta mar, frente a las costas de Rocha, tiburones, peces espadas y otras especies. De regreso, el barco siniestrado hizo escala en el Puerto de La Paloma.

Ambos barcos pertenecen a la firma Binur, que integran dos socios. Un día antes de la partida, las dos embarcaciones habían recibido una inspección de rutina en el Puerto de Montevideo, que abarcó sólo el área de máquinas y el casco, pero pasó por alto los aspectos relativos a la seguridad. Según después se comprobó, el barco no contaba con la documentación de inspecciones de seguridad al día, y el personal no contaba con el equipamiento obligatorio exigido. *

 

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