En la estancia de los Röhm, en Colonia, ahora se planta maíz
La justicia de Carmelo sigue tras la pista de los Röhm, luego de que LA REPUBLICA, en agosto del 2002, encontró y publicó que la misteriosa estancia escondida en la rinconada del arroyo San Francisco de Conchillas era propiedad de los hermanos José y Carlos Röhm, quienes terminaron estafando al Estado uruguayo y a cientos de ahorristas del ex Banco Comercial, por 400 millones de dólares en Uruguay, y más de 1.000 millones de dólares en Argentina.
¿Quién está hoy detrás del manejo de La Arcadia? Allí se eliminó la plantación de árboles existente y se sembró maíz. ¿Quién dio la orden?. Acaso José «Puchi» Röhm, desde su lujosa residencia de Miami, o Carlos Röhm, tras las rejas en Argentina, continúan manejando los hilos de la estafa más grande que recuerde la historia financiera de nuestro país.
Documentos que forman parte de la investigación que lleva adelante el juez Carlos Colmenero, a los que accedió LA REPUBLICA, certifican que la estancia La Arcadia pertenece a la empresa Baniplan S.A, que dio inicio de actividades en abril de 1995 bajo el rubro «Silvicultura y Forestación», una redundancia , ya que la silvicultura es precisamente la repoblación forestal. La firma tiene domicilio constituido en Andes 1365, oficina 507, con un directorio en el que aparecen, según la documentación a la que accedió este corresponsal:
María Eugenia Plá Regules (entre 31/10/1995 y 15/06/1999; Marta Otero Bergonzoni (entre 31/10/95 y 15/08/1999; Alejandro Millar Artola (entre 31/10/95 y 22/07/2002; Roberto Licio Siniscalchi (entre 15/06/1999 a 22/07/2002; José Luis Frega (argentino) ingresa el 22/07/2002.
En el caso de Otero y Plá, según nuestra información, «son reconocidas personas gestoras y creadores de sociedades anónimas; Siniscalchi sería un testaferro del Estudio Guyer-Regules», indica el documento.
En junio de 2003, dos padrones (3957 y 3958) de La Arcadia terminaron vendidos en las mismas narices del Banco Central del Uruguay, que adujo que «no sabía» que La Arcadia era de los Röhm, pese a que El Eco ya había hecho pública casi un año atrás esa información.
En efecto, el padrón 3957 fue vendido a Chestnut Hill Properties Delaware, una empresa formada en una oficina de la Ciudad Vieja el 24 de febrero bajo el rubro «Arrendamiento de Inmuebles Rurales». En su directorio aparecen Guillermo Jorge Correa y Patricia J. Meier, con pasaporte norteamericano, y a quien se le atribuye una estrecha amistad con José «Puchi» Röhm. Por este padrón de 128 hectáreas se pagaron 440.000 dólares, mediante transferencias bancarias desde el Citibank de Nueva York.
Patricia Meier, quien saltó a los titulares de los diarios como la misteriosa norteamericana que compró parte de La Arcadia, no era desconocida para los Röhm.
En efecto, de la declaración del ex director del Banco Comercial Carlos García Arocena ante el juez Carlos Colmenero el pasado 20 de setiembre, surge que Patricia Johann Meier era amiga de «Puchi» Röhm. Fue gerente del Chemical Group, que después se transformó en Chase Manhattan. «Esta señora se fue del Chase hace unos seis años, era amiga de los Röhm, estuvo en Buenos Aires en un banco que creó antes de 1990″, dijo García Arocena a la Justicia, según la declaración a la que también accedió LA REPUBLICA, según oficio 376 destinado al Juzgado de Carmelo.
Mientras el escándalo saltaba por los aires y el gobierno uruguayo empezaba la dolorosa tarea de enterarse del fraude de sus amigos banqueros, el negocio en La Arcadia seguía viento en popa. Así es, de acuerdo con otra documentación que esta semana pudo lograr LA REPUBLICA, que en febrero y junio Patricia Meier estuvo en Uruguay «ultimando detalles». Según un detalle de los registros migratorios, Patricia Meier entró el 23 de febrero por Colonia a la hora 10:30 y salió al otro día por el Aeropuerto de Carrasco en el vuelo 1211 a la hora 19:30, con destino a Estados Unidos. Vino a poner la firma para la creación de Chestnut Hill. Cuatro meses después vendría a concretar la compra de La Arcadia, cuando el 16 de junio entra por el Aeropuerto Internacional de Carrasco en el vuelo 156 y regresa a Norteamérica dos días después en el vuelo 1205, según la documentación, señaló al juez la Dirección de Migraciones.
La estancia coloniense escapaba así de las garras del Estado. *
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