Llamadas al Director

En Raincoop cambiaron el humanismo y la solidaridad por vintenes

Señor Director:

Quiero hacer una grave denuncia contra la empresa Raincoop. Soy usuario de la línea 79 de la referida empresa. El sábado 13 de diciembre fui víctima de un hecho que puedo considerar como un ataque alevoso a mis derechos como usuario y como ciudadano. Como muchos afortunados uruguayos que aún conservamos el empleo, para mí, el sábado es un día laboral más. Trabajo doce horas y llego fundido a mi casa. Utilizo el boleto de trasbordo entre el 76 y el 79 ida y vuelta. Todos los días del año, menos algunos domingos.

El sábado 13, como siempre, bajé del trasbordo del ómnibus de la línea 76 en Amézaga y Garibaldi a las 20.20 horas y me puse a esperar el 79 que debería pasar en pocos minutos, para llegar a mi casa y descansar luego de una muy dura jornada. Justamente en ese momento pasaba rumbo a la Aduana un 79, interno 45. Yo esperaba el que debía venir en sentido contrario, rumbo a Villa Española. Esa noche, Montevideo estaba de fiesta porque se efectuaba la noche de las luces en Punta Carretas. Y aquí viene el drama. Del 79, ni noticias; pasó media hora, una hora, hora y media y recién dos horas después, entiéndame bien, dos horas después llegó un 79 con destino a Villa Española y ¿sabe una cosa? era el mismo interno 45 que yo había visto pasar para el centro cuando llegué a la parada. Lo que significaba ni más ni menos que habían dejado solamente una unidad para cubrir la línea 79 y todas las demás las habían puesto para llevar y traer gente de las fiestas de las luces, reforzando los recorridos con destino a Pocitos y Punta Carretas. Y eso es un atropello a los trabajadores que somos los usuarios de siempre, además, creo, de una muy grave irregularidad que la Intendencia Municipal debería sancionar gravemente y es además una falta enorme de conciencia de clase de quienes se dicen cooperativistas y trabajadores del transporte, que nos dejaron a pie, clavados dos horas en una esquina, porque desgraciadamente ni siquiera teníamos lo suficiente como para pagar otro boleto en otro ómnibus, sino solamente el boleto de trasbordo que nos habían dado en el 76. Soy una persona mayor, enferma, con problemas de locomoción, por lo cual ni siquiera podía darme el lujo de irme a pie, y que a pesar de todo debo seguir trabajando. Y el sábado 13 me sentí marginado, despojado y agraviado por la empresa Raincoop. Y lo lamento mucho más porque se trata justamente de una cooperativa. El humanismo y la solidaridad parece que los cooperativistas de Raincoop los cambian por vintenes.

Teléfono: 4819…

El Director: Créame que entiendo su ofuscación y por ello, aunque extensa, transcribo textualmente su llamada. La empresa Raincoop y la Intendencia Municipal de Montevideo tienen la palabra para responderle por este mismo medio si así lo desean.

 

¿Los punguistas se jubilaron?

Señor Director:

Yo leo mucho las páginas policiales de los diarios y escucho los informativos y hay una cosa que me llama la atención: ¿ya no hay punguistas en Montevideo? Porque nunca escucho o leo que hayan agarrado alguno. Hay de todo, pero punguistas parece que no. Sin embargo, yo les aseguro que cada mes, cuando voy a cobrar la jubilación, me entero de una cantidad de pungueadas a los viejitos medio tarambanas como yo. Yo me acuerdo de antes, cuando leía en La Tribuna o el Al Rojo Vivo sobre algunos criollos y otros chilenos alias «Dedos ágiles» o «Manos de seda». ¿Se jubilaron como nosotros? Y si no son punguistas, ¿cómo se llaman ahora? ¿O tienen patente?

Teléfono: 9032…

El Director: Lamentablemente hay muchos «profesionales lanceros» como seguramente los llamaban en su tiempo, haciendo de las suyas fundamentalmente en el transporte público. Sucede que el Montevideo de aquellos años de la vieja «Tribuna Popular» y «Al Rojo Vivo» ha cambiado y también las modalidades del delito. Y para peor, lo más dramático es que hoy por hoy una «punga» ya no es noticia. Pero sigue habiendo herederos de aquellos «Dedos ágiles » o «Manos de seda» que usted recuerda, como los alias de algunos otros, un chileno allá por el cincuenta, que lo apodaban «Dedos crueles» o un porteño que actuaba un día acá y otro en Buenos Aires y que lo apodaban el «Seis dedos». Por lo pronto, siga cuidándose, y si alguna vez -ojalá que no- lo punguean, efectúe inmediatamente la denuncia, que será por el bien de toda la comunidad.

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