Defensores de oficio defendieron las penas alternativas a la cárcel
El 90 por ciento de los presos han cometido delitos contra la propiedad, y de éstos, el 80 por ciento no superaba los 3 dólares del monto de valor constante, según un estudio realizado en Salto por la Defensoría de Oficio, y presentado a los integrantes de la comisión de Derechos Humanos de Diputados.
Una delegación de la Defensoría de Oficio en lo Penal, integrada por los doctores Eduardo Pesce, Estela Tonar y Cristina Freigedo, participó en una de las reuniones de la comisión de Derechos Humanos de Diputados que analiza la situación en las cárceles del Uruguay.
Los profesionales subrayaron la gravedad de la situación carcelaria y señalaron que la superpoblación se debe a que la mayoría de los reclusos están por delitos de escasa monta.
La doctora Freigedo manifestó que el «tema sanitario es grave, y el tema de las requisas es gravísimo» y añadió que la situación de crisis en las cárceles se debe al sistema en sí, «por la ansiedad que tiene la gente frente al hecho de que realmente se están vulnerando los derechos humanos».
Freigedo fue tomada como rehén en un motín el pasado año, «y casi pierdo la vida», explicó, pero sin embargo reclama una mejora en las condiciones en que se encuentran los presos. Propuso descentralizar las cárceles «porque en ese hacinamiento y en esas condiciones, no se puede pretender una rehabilitación».
Legisladores responsables
Por su parte, el doctor Eduardo Pesce fue muy crítico a la hora de evaluar el sistema de sanciones, y responsabilizó en gran parte a los legisladores. Señaló que los defensores de oficio tienen mayor dificultad de relacionamiento con los denominados «inexcarcelables», «porque es muy difícil entender que por haber hurtado o rapiñado una campera tengan que estar cinco años y cuatro meses presos».
«Si lo que se pretende es descomprimir la situación de la cárcel, tenemos que empezar por hacer una revisión. Los operadores del sistema somos todos responsables, y aquí también son operadores del sistema los señores legisladores que levantan su mano para votar penas inexcarcelables, principal consecuencia de que las cárceles estén llenas».
Pesce subrayó que el 60 por ciento de las rapiñas cometidas es de menor cuantía, y recordó un estudio realizado en el Juzgado Penal del departamento de Salto en 1992, que mostraba que «el 90 por ciento de los delitos cometidos era contra la propiedad, de ese 90 por ciento de delitos contra la propiedad, el 80 por ciento no superaba los tres dólares del monto de valor constante. Entonces, ¿cómo no va a estar comprimida la situación de la cárcel si tenemos a un montón de gente presa durante años por ese tipo de delitos?».
Mejor las penas alternativas
Por su parte, la abogada Estela Tonar reveló que en el caso de menores infractores, cuando se aplicaron penas alternativas se evitó la reincidencia, mientras que quienes fueron enviados a la cárcel de Miguelete han vuelto a reincidir ya como adultos. Explicó que en los últimos dos años, incluso con menores que cometieron delitos graves, no se internaba al menor sino que se lo obligaba a cumplir tareas comunitarias. «La cantidad de chicos que cometían nuevos delitos eran los menos, pero el 95 por ciento, diría que hasta el ciento por ciento de quienes habían sido internados en lo que antes se conocía como cárcel de Miguelete, o en La Tabalada, los veo hoy con más de 18 años de edad, en Santiago Vázquez o en la cárcel de Libertad».
Destacó que las penas alternativas no son sólo para descomprimir las cárceles, sino para brindar una oportunidad a los primarios. Tonar también destacó las altas penas por delitos menores. «Tengo muchos defendidos por rapiñar veinte pesos, a quienes se ha penado con cinco años y cuatro meses». Reveló además que tenía el caso de un copamiento, realizado por un joven de 18 años, que fue sentenciado con pena mínima de 10 años y 8 meses, «por un copamiento y allí comer tres milanesas y tomar un litro de cerveza. Este chico cuando salga tendrá su vida deshecha».
En su exposición, y ante pregunta de los legisladores, Pesce señaló que algunas penas por delitos de rapiña, como quitarle una campera o una cartera a alguien entre dos y con un empujón, tiene penas mayores que matar a otro con un auto, que quien comete un homicidio simple o quien se apropia de un millón de dólares, con la ventaja de que este último no purga su sanción en las condiciones de hacinamiento de los demás.
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