Crónica de una agresión inexplicable en la Usina Nº5

Inexplicablemente, un equipo periodístico de LA REPUBLICA que integraba personalmente junto con el fotógrafo Zelmar Díaz, fue maltratado, empujones y golpes incluidos, por integrantes de la Asociación de Empleados y Obreros Municipales (Adeom) cuando ante un rumor de desalojo por parte de fuerzas policiales de la Usina Nº 5 ubicada en Felipe Cardoso, los periodistas se hicieron presentes en el lugar en la tarde de ayer, promediando las 19.30 horas.

El conflicto que el gremio municipal viene manteniendo en materia de recolección de residuos con la comuna capitalina, fue el disparador para que un equipo de LA REPUBLICA, se hiciera presente en Felipe Cardoso, donde se encuentra ubicada la Usina Nro. 5 y un campamento de los trabajadores que venían desarrollando en esos momentos una asamblea.

Inexplicablemente, cronista y fotógrafo, luego de presentarse como periodistas de LA REPUBLICA, invitando a los trabajadores a que dieran su versión de los hechos fueron obligados a retirarse a empujones y golpes por algunos integrantes del gremio.

De hecho, el fotógrafo de LA REPUBLICA, fue impedido de registrar la escena, al tiempo que el cronistra fue literalmente sacado a empujones y golpes del campamento.

Por cierto que la agresión, gratuita en la mayoría de los casos, la sinrazón, la violencia y el no razonamiento cuesta explicarlo y, mucho menos, justificarlo.

LA REPUBLICA hizo lo que sus lectores saben que viene haciendo desde su creación hace 12 años. Ante un conflicto que por sus características compromete a la sociedad en su conjunto, como es el tema de la recolección de residuos, un equipo de este matutino se hizo presente en el campamento de los trabajadores para recabar su versión de los hechos.

Sin mediar palabra, y presentación mediante del cronista y fotógrafo, varios integrantes de Adeom, entre ellos uno que dijo llamarse «Eduardo Varela», responsable y promotor directo de agredir al equipo periodístico de LA REPUBLICA con el respaldo de seis trabajadores impidio registrar las tomas fotográficas.

Justo es reconocer que no todos los dirigentes se comportaron de forma igual. Previo a esta agresión la dirigente gremial Helena Lequio accedió amablemente a dialogar en torno a las causas del conflicto.

«Nosotros vinimos ante una versión de que los compañeros iban a ser desalojados y que tenían una orden de desalojo realizado por la propia Intendencia pero hasta el momento no ha ocurrido nada», afirmó.

Interrogada sobre cuál era el conflicto puntual que los trabajadores mantenían con la comuna capitalina, Lequio dijo textualmente que «el conflicto puntual es el conflicto de toda la vida que generó la propia Intendencia. Acá hay un acuerdo desde el año ´98 que los compañeros salían de a dos en los contenedores en los tres recorridos, mientras que en los otros recorridos saldrían de a tres», indicó.

Asimismo, sostuvo que «desmentía» rumores de que en la interna de Adeom habría grupos diferenciados sustancialmente en su postura política. «En Adeom -señaló- tenemos unanimidad de criterio. Acabamos de votar ahora (por el domingo) una mediación de Fucvam. No hay fracciones. El Ejecutivo es uno solo y está unido…».

Las expresiones de Lequio se vieron interrumpidas cuando un hombre que participaba en la asamblea y dijo llamarse Eduardo Varela -existe una cinta grabada- interrumpió intempestivamente la conversación diciendo lo siguiente: «No le hagas declaraciones… Ustedes ayer (por el sábado) nos cagaron en la tapa (sic)».

Resultó imposible hacer entrar en razón a esta persona que se identificó como dirigente.

A partir de ese momento, siete trabajadores llevaron a empujones al cronista y al fotógrafo de LA REPUBLICA hasta el móvil, obligándolos a que se retiraran.

La frustración es por partida doble.

En primer lugar por el sabor amargo de ver truncada una nota que involucra y afecta a la sociedad entera y, a su vez, por perderse la oportunidad de que los propios protagonistas se pudieran expresar libremente exponiendo su plataforma de reivindicaciones.

En segundo lugar, por ser protagonista de prácticas intolerantes que se suponían ya erradicadas en una sociedad libre.

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