Transiciones

"Carnaval" que preocupa

Sin embargo, reiteramos nuestra preocupación por lo que ocurrirá en los próximos meses, cuando el gobierno, apuntalando a la derecha política, iniciará seguramente un «carnaval» electoral que, obviamente, puede tener consecuencias suicidas para el país. Esas políticas, que buscan el objetivo de lograr cambios en las preferencias de la opinión pública, tratan de crear un espejismo que tienda a aplicar las consecuencias de tantos años de políticas nefastas.

Esos «carnavales» son tan onerosos como efímeros. En la historia de los comicios de los de los últimos años, a ese «carnaval» que termina el día de la elección, le siguió, en todas las ocasiones, un implacable ajuste económico que, en los hechos cambia de un golpe la sensación de que las cosas mejoraron.

Sin embargo esta vez hay elementos que son distintos. El número de personas que están por debajo de la línea de la pobreza se duplicó, la sociedad en su conjunto  por más que hay quienes han logrado buenas piezas pescando en el mar embravecido  está viviendo problemas que afectan, en su totalidad, la calidad de vida, elemento que aparece como decisivo en la actual coyuntura que se refleja también en el trabajo de los encuestadores.

Los «pescadores de aguas revueltas» también viven problemas de inseguridad e inestabilidad que ni se imaginaban pese a que todavía en el Uruguay el delito es de subsistencia y, no han aparecido, grandes bandas que utilizan la violencia para secuestros, rapiñas y asaltos.

Y, como esto es así, es evidente que para que el «carnaval» electoral tenga efectos positivos para los partidos «tradicionales», debe ser más que rumboso lo que determinará más gastos en un país que no tiene condiciones de financiarlos. Si bien se está viviendo una incipiente mejora de los índices económicos, esa reversión de la tendencia todavía no se ha trasladado a la población y en algunos sectores, ni siquiera se percibe.

Luego de la crisis financiera de 2002, en la que el gobierno dilapidó las reservas y luego traspasó, en base a lo que se dio por llamar el proceso de las «órdenes verbales», cientos de millones de dólares a instituciones financieras que igualmente tuvieron que ser liquidadas, se puede esperar cualquier cosa. La anterior fue una acción del gobierno de Jorge Batlle, tan irresponsable como dañina, sin haberse despejado todavía en ese proceso hechos de corrupción que lentamente están apareciendo, concretados en el marco de lo vivido durante esos fatídicos siete meses del año pasado.

Esa irresponsabilidad en el manejo de los dineros públicos puede reaparecer para financiar este «carnaval». Y es bien posible que así sea, porque en este país hay un grupo de políticos que no conocen otra forma para lograr adhesiones que la utilización del viejo «clientelismo», mecanismo utilizado desde siempre y que es determinante de los mayores males de nuestra administración pública.

Y, sobre este tema, hay más hechos significativos. Hace pocas horas regresó a Washington una delegación del Fondo Monetario Internacional (FMI) que, de acuerdo a los trascendidos surgidos de los entretelones de los contactos realizados a distinto nivel, planteó una serie de preocupaciones. Algunas de ellas tienen relación con el devenir económico y, obviamente, con las políticas de «clientelismo» que tradicionalmente se plantean en los años electorales.

El lector se preguntará ¿cómo es posible que los técnicos del FMI, con alta responsabilidad sobre lo ocurrido en el país, ahora se preocupen por lo que hará el gobierno? Es que todo está en revisión, incluso las políticas ortodoxas, cuyos resultados han fracasado a nivel planetario, violentando además básicos elementos éticos sobre lo que debe sustentarse la convivencia humana.

Lo que están comprendiendo los técnicos del FMI es que los actuales gobernantes del país no son confiables ni siquiera para esa organización multilateral de crédito. Es significativo el hecho que los técnicos visitantes se hayan contactado con integrantes del Tribunal de Cuentas a fin de conocer detalles de las observaciones realizadas por ese organismo de contralor al balance 2002 del Banco Central.

Los próximos meses serán fundamentales para el futuro del país. Si el «carnaval» es oneroso, ese gasto indebido se sumará a la enorme deuda externa y a las demás obligaciones que deberá enfrentar el próximo gobierno que, además, tendrá la obligación de revertir la gravísima situación social que está viviendo el país.

Tarea ciclópea, si las hay. *

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