Batlle desautorizó a Ramela y Craigdallie no va a la Argentina
Ambas decisiones del gobierno uruguayo, la segunda aún no oficializada, contribuyeron a destrabar el grave conflicto que había estallado en las últimas horas.
El gobierno argentino consideró ayer superadas las diferencias con Uruguay «en lo que respecta a las expresiones agraviantes del asesor presidencial Carlos Ramela», después que la Cancillería uruguaya tomó distancia de sus dichos y afirmó sin nombrarlo que correspondían a los de un ciudadano que no reviste la representación del Estado.
El pronunciamiento argentino aludió a declaraciones de Ramela, quien durante la Cumbre del Mercosur, que tuvo lugar en Montevideo, afirmó que el mandatario argentino Néstor Kirchner se comportó como «los agitadores o simpatizantes de guerrillas».
«En función del comunicado de la Cancillería uruguaya en lo que respecta al episodio de las expresiones agraviantes de Ramela, en razón de que no representan el pensamiento del gobierno uruguayo y no es funcionario público, damos por terminado el episodio», afirmó el canciller argentino Rafael Bielsa.
Empero, tanto el titular de la diplomacia argentina como el propio jefe de Estado, Néstor Kirchner, advirtieron que «no sería razonable que se insistiera» con la designación del capitán de navío Juan Craigdallie, un militar acusado de violaciones a los derechos humanos, en particular, contra dos ciudadanos argentinos, cometidas durante la dictadura militar.
Kirchner reclamó el viernes a Uruguay que no envíe a Buenos Aires como agregado naval a «un salvaje torturador», al referirse a Craigdallie, y cuya designación generó una crisis diplomática.
«Yo espero que la Cancillería (uruguaya) proceda como corresponde y que no nos manden el torturador que nos quieren mandar. Está escrito en un libro uruguayo que es un salvaje torturador», dijo Kirchner en el popular programa de televisión argentina «Almorzando con Mirtha Legrand», al rechazar la designación.
Fuentes militares confirmaron a LA REPUBLICA que el nombramiento de Craigdallie, actual prefecto del Puerto de Punta del Este, quedó sin efecto. Ayer, su superior inmediato, el contralmirante Tabaré Daners, prefecto nacional naval, le comunicó la decisión del gobierno uruguayo. El militar demandó la formación de un Tribunal de Honor para que examine su actuación, lo que sería resuelto en los próximos días. Las fuentes agregaron que, en compensación, Craigdallie sería designado en otro destino diplomático, para lo cual ya se manejan dos posibilidades: la ciudad de Malmo en Suecia, para participar en un curso sobre Prefecturas, o la Guardia Costera, en Estados Unidos (que no depende de las Fuerzas Armadas).
El nombramiento de Craigdallie, involucrado por Daniel Rey Piuma, un ex fotógrafo de Inteligencia, en el asesinato de dos argentinos durante la dictadura uruguaya contribuyó a tensionar las relaciones. Ayer, el militar rehusó formular declaraciones cuando la agencia AP intentó consultarlo.
«No representa al Estado»
La protesta argentina, ante la designación del militar, fue formalizada el jueves por el canciller Rafael Bielsa al embajador Alberto Volonté, a quien le expresó su «profundo disgusto» y un pedido de reconsideración del nombramiento del agregado naval.
Por otro lado, Kirchner ordenó a la Cancillería argentina rechazar las credenciales diplomáticas del marino uruguayo, en caso que sean presentadas y declararlo «persona no grata» si éste arriba al país, reveló ayer el jefe de gabinete del vecino país Alberto Fernández.
El gobierno uruguayo evaluó ayer la posición argentina y emitió un escueto comunicado en el que sin nombrar a Ramela afirmó que «las expresiones públicas sobre los hechos de notoriedad, efectuadas recientemente por ciudadanos que no revisten la calidad de representantes del Estado, fueron efectuadas en el libre ejercicio del derecho de opinión». También destacó que el gobierno uruguayo «reconoce el afecto entrañable que une al pueblo argentino y uruguayo desde sus raíces históricas».
El presidente Jorge Batlle y el ministro de Defensa, Yamandú Fau, evitaron referirse ayer a la crisis diplomática con Argentina.
A media tarde, el mandatario tenía previsto participar de un acto público en el Edificio Libertad, pero faltando pocos minutos para esa ceremonia comunicó que no asistiría, pese a que en ese momento se encontraba en el séptimo piso de casa de gobierno.
Dos horas después, a las 18.00, Batlle asistió a la ceremonia de clausura de la Escuela Militar en Toledo. Tras el acto, Batlle se dirigió a su auto, y sin prestar atención a los periodistas se retiró.
En tanto, el ministro Fau se excusó de hacer comentarios sobre el tema. «Me debo remitir al comunicado de Cancillería», dijo el jerarca, quien de paso reconoció que no lo había leído.
Más presión
Kirchner descartó el retiro del embajador en Montevideo, Hernán Patiño Meyer, como respuesta a las expresiones de Ramela, que el presidente calificó de «desatinadas». No obstante, esta posibilidad se manejó en un primer momento.
Ayer por la mañana, la temperatura de la crisis diplomática superó a la media ambiental, cuando altos funcionarios argentinos ratificaron las molestias de su gobierno en severos términos.
El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, declaró que el nombramiento de Craigdallie constituye «algo más que una provocación: es una definición a favor del terrorismo de Estado».
«Ha sido política del gobierno de Batlle el respaldo a la represión ilegal habida en las dos orillas del Río de la Plata», señaló Duhalde a la radio Mitre de Buenos Aires.
Por otra parte, el ministro del Interior argentino Aníbal Fernández, calificó a Ramela como «un oscuro funcionario sin estatura ni jerarquía» y agregó que «la preocupación de estos dichos es que si eso hubiese sucedido en Argentina, no tenga ninguna duda que el presidente Kirchner lo sacaría a patadas de la Casa de Gobierno».
«Bajar revoluciones»
Varios legisladores del Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA) mantuvieron en la jornada de la víspera intensos contactos telefónicos con parlamentarios argentinos muy cercanos a la figura del presidente, Néstor Kirchner.
El objetivo de las comunicaciones fue para tratar de lograr atemperar los ánimos y de «bajarle revoluciones al conflicto entre Argentina y Uruguay, porque las naciones están más allá de los gobiernos y el futuro de los pueblos es lo que importa», sostuvieron fuentes políticas del sector consultadas por LA REPUBLICA. *
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