Cuatro ex presidentes reivindicaron en Buenos Aires valores democráticos

Los ex presidentes de la transición democrática en América Latina, Patricio Aylwin de Chile, José Sarney de Brasil, Julio María Sanguinetti de Uruguay y Raúl Alfonsín de Argentina ratificaron ayer en Buenos Aires los valores de la democracia, en un seminario en Buenos Aires.

En un debate sobre «Democracia en América Latina: Experiencias y Desafíos», realizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los ex jefes de Estado que sucedieron a regímenes militares advirtieron también sobre las deudas pendientes.

A través de una nota, el presidente argentino, Néstor Kirchner, adhirió al acto y reiteró su compromiso de impulsar «la unidad latinoamericana con prosperidad y justicia social».

Aylwin (1990/94) sostuvo que el golpe de Estado de Augusto Pinochet (1973/90) se hizo en un contexto donde «el país sufría una crisis de ingobernabilidad porque (el ex presidente) Salvador Allende quería imponer un régimen socialista revolucionario con la oposición del Congreso». «La dictadura quiso extirpar el cáncer marxista, según decían los militares, e implementó persecuciones y condenas a muerte», agregó y consideró que en Chile ya terminó la transición «porque funcionan las instituciones y se respetan las garantías individuales y los derechos humanos».

Sarney (1985/89) destacó que «el mundo de 1983 es distinto al actual. En ese momento se estaba al borde de la tragedia nuclear» y admitió que «la transición es difícil, es la hora de la gobernabilidad».

«Es difícil convencer a los que no tienen pan de los valores de la democracia, pero las democracias son las que pueden resolver las crisis», dijo.

En tanto, Sanguinetti (1985/90) coincidió en que «llegamos a los 20 años de democracia en un escenario internacional donde se terminó la Guerra Fría» y añadió que «la democracia ha triunfado pero no con una causa definitivamente ganada porque existe un fuerte unilateralismo por parte de EEUU y sociedades desiguales con fuerte exclusión social». También Alfonsín (1983/89) puso de relieve las desigualdades sociales y remarcó que las deudas pendientes de estas democracias son «la pobreza y la educación» y reivindicó la necesidad de «un Estado independiente de los poderosos de adentro y las potencias más fuertes». *

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