Llamadas al Director

Que elijan primero la patria

Señor Director:

Cuando los tupamaros lleguen al poder integrando el Encuentro Progresista, me gustaría que trataran más que nada de hacer realidad sus ideales y correspondieran al apoyo masivo de la ciudadanía, especialmente de los jóvenes; que no los defrauden, que elijan primero la patria y que dejen de lado la venganza.

Teléfono: 5143…

El Director: Transcribo textualmente su mensaje que seguramente llegará a sus destinatarios. Me atrevo a decirle, sin embargo, que tengo la seguridad de que el sentimiento de venganza como usted dice no anima a ningún integrante del Encuentro Progresista, sea del sector que sea. En todo caso, lo que a todos anima –estoy también seguro– es una profunda vocación de justicia que nada tiene que ver con venganza.

 

¡Estamos todos locos!

Señor Director:

Vivo en la Costa de Oro, ahora que viene el verano es lamentable que los turistas encuentren todo como está, calles intransitables, oscuras, basurales, y por sobre todo falta de vigilancia, todos los días desvalijan alguna residencia y proliferan los perros sueltos y famélicos, los árboles destrozados con reminiscencias aún de algún que otro temporal, y roguemos que no llueva porque cuando ello sucede, las calles se convierten en trampas impredecibles. Lo más surrealista de todo esto es que la Intendencia de Canelones ha anunciado con bombos y platillos los festejos por el lanzamiento oficial de la temporada turística. Perdóneme Fasano, pero estamos todos locos.

Teléfono: 6987…

El Director: Es lamentable que una zona privilegiada como la Costa de Oro canaria enfrente una realidad como la que usted expone, coincidiendo además con infinidad de testimonios similares llegados a esta columna de otros vecinos de esa zona balnearia. Es de esperar de todas formas que antes que avance más la temporada, las autoridades procedan a mejorar aunque sea los servicios públicos, elementales para la convivencia comunitaria.

 

Tres grandes derrotados: Sanguinetti, Lacalle y Astori

Señor Director:

Pasada la instancia del domingo, creo que en todo esto hubo tres grandes derrotados: Sanguinetti, Lacalle y Danilo Astori. Y por más que se diga que solamente se trataba del sí o el no a una ley sobre Ancap, todos sabemos, nosotros los de la rosada y ellos los de la celeste, que en esto se jugaban muchas otras cosas. A mí me duele mucho todo esto. Estuve siempre al pie del cañón con Danilo. Y ahora, fíjese si no es algo hasta simbólico: la Falta y Resto anunció que este año no saldrá en Carnaval por primera vez desde su nacimiento. ¿Qué murga va a aplaudir ahora el contador, que «La Falta» de sus amores no subirá al tablado?

Teléfono: 9018…

El Director: Seguramente sobrevendrá ahora el tiempo de las lecturas y los análisis sobre lo que dejó o no dejó el referéndum y el concluyente dictamen popular. Seguramente no se trata de nombres o apellidos derrotados, sino de estilos o sistemas perimidos, y yo prefiero no hablar de derrotados porque creo que con el resultado del domingo 7 todos somos vencedores.

 

Otra vez ciudadanos marginados

Señor Director:

Otra vez en un acto electoral se puso de manifiesto la insensibilidad social que padecemos. Sé de minusválidos, en sillas de ruedas o con otros impedimentos motrices, que no pudieron depositar su voto porque el circuito que les correspondía estaba en un lugar al que solamente se accedía por escalera y no había solución para ello. Es imprescindible que para el próximo acto electoral se solucione esta situación, ya sea evitando ubicar circuitos en plantas altas o determinando un sistema de voto observado o similar para que ancianos e impedidos de subir escaleras por el motivo que sea puedan ejercer su derecho ciudadano y no se vean también en ello marginados, segregados de la sociedad.

Teléfono: 4105…

El Director: Es realmente lamentable que circunstancias así sucedan en este país donde tanto nos jactamos del avance tecnológico y otras supuestas bondades del sistema. Tiene usted razón, tengo entendido que se dieron varios casos de ciudadanos que por distintas razones no pudieron subir escaleras para llegar a la mesa del circuito correspondiente y debieron resignarse a no ejercer el más sublime derecho que una democracia le otorga a los ciudadanos: ejercer el voto.

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