Desolación en Casa del Partido Colorado al asumir la derrota a la hora 21 y 20
De a uno fueron llegando los escasos dirigentes, una treintena en total, a una desolada Casa del Partido Colorado. Ya cerradas las mesas de votación, sólo la figura de José Luis Batlle García, el secretario general, sobresalía en el vacío patio central. Los dirigentes se encerraban en la Sala José Batlle y Ordóñez, aledaña a la puerta principal, y se sentaban, casi sin intercambiar palabras, ante la omnipresente pantalla de un televisor que anunciaba la indiscutible derrota.
El presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti, fue uno de los primeros en llegar junto a su esposa Myra Tebot, la polémica gerente general del Banco de Previsión Social. Minutos después lo haría la diputada Glenda Rondán.
Julio María Sanguinetti, en forma oblicua, ya había admitido la derrota, en la sede del Foro Batllista, sobre la Avenida 18 de Julio, cuando ingresó a la central partidaria el vicepresidente de la República, Luis Hierro López. Eran las 20 horas y 13 minutos. Llegó junto a su esposa, la ex periodista Ligia Almitrán. En la sede forista ya se habían empezado a apagar las luces, una vez que el líder del sector se fue para su casa.
Ninguno quiso hablar con los periodistas. Tampoco Ruben Díaz, Gabriel Pais, Washington Abdala, Gustavo Osta, Jorge Barrera, José Amorín Batlle ni los ministros de Turismo, Pedro Bordaberry, y de Ganadería, Martín Aguirrezabala, ni el prosecretario de la Presidencia, Leonardo Costa.
Recién a las 20 y 53, el diputado Abdala admitió la derrota. Luego también lo haría el legislador Adolfo Singer. Hierro López abandonó la sede partidaria a las 21 y 05: se negó a conversar con los periodistas.
El reconocimiento oficial de la derrota fue admitida por el Partido Colorado, desde la sede de la calle Martínez Trueba, a las 21 y 20, cuando Batlle García se dirigió a los periodistas flanqueado por Rondán y Amorín. Jorge Sanguinetti, con las manos en la cintura, permanecía encerrado en la Sala junto a su esposa y Juan Berchesi, con la mirada absorta en el televisor, en momentos en que el dirigente de los trabajadores de Ancap, Hugo De Mello, hacía uso de la palabra. El titular del ente, Jorge Sanguinetti, habló en último lugar, a las 21 y 40, ante la insistencia de los periodistas.
Ya casi no quedaba nadie a las 21 y 55. La mayoría de los dirigentes había abandonado la vieja casona partidaria. El responsable del local se limitó a salir a la vereda y bajar la bandera del Partido Colorado que lucía a la puerta, sobre la calle Martínez Trueba. Las puertas serían entornadas instantes después y las celosías cerradas.
Daniel García Pintos era el único legislador que permanecía en la puerta. A escasos metros, quedaron los policías motorizados y los vestidos de particular.
Un patrullero estacionó frente al local. A las 22 horas ya no quedaba nadie en una sede partidaria que al anochecer no llegó a reunir más que una treintena de dirigentes, un hecho que contrasta con lo que ocurrió siempre en la vieja sede partidaria. *
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