Polémico editorial del director de Caras y Caretas, Alberto Grille

"No está LA REPUBLICA, el país carece de agenda, no hay noticias de interés"

Lo que sigue es el texto de la nota editorial publicada en Caras y Caretas.

Hace una semana que LA REPUBLICA no se edita. Quienes como yo leen todos los diarios y semanarios perciben que desde el sábado pasado el país carece de agenda política.

No hay ninguna noticia que despierte interés.

 No pasa nada  me responde el secretario de Redacción de Caras y Caretas cuando le pregunto por el menú informativo.

Mientras leo los otros diarios, pienso que sin un diario de izquierda la democracia está coja. El canilla de la esquina dice que desde hace tres días se venden menos los demás periódicos.

Hasta el sábado, en los últimos cuarenta años no hubo un solo día de democracia sin que en la oferta informativa gráfica pudiéramos leer un diario de izquierda.

La República es tan imprescindible como El País.

Hereda tradiciones que son parte de la historia nacional. Pero, nos guste o nos disguste, La República es Fasano.

Y Fasano es el periodista-empresario uruguayo más exitoso, admirado, polémico, denostado y cuestionado de Uruguay.

Es gracioso pero, paradójicamente, es argentino, aunque dice sentirse más uruguayo que el arroz con leche.

Al revés que Gardel, Leguisamo, Natalia Oreiro y China Zorrilla, éste es un argentino que triunfó en Uruguay. Más o menos como Atilio García, aunque sin tanta fama de goleador.

 

Me fascina

Sobre Federico Fasano yo puedo hablar con propiedad. Trabajé en su mesa de Dirección durante cinco años, todos los días desde las 8 de la noche hasta las 2 de la madrugada. Como todos suponen, es muy inteligente; al contrario de lo que muchos creen, tiene gran sentido del humor. Posee una línea de conducta sinuosa pero criterios políticos previsibles. Es un negociador fantástico y paciente.

No cierra un acuerdo hasta que no lo conforman los detalles. Cumple su palabra con escrupulosidad mientras el texto del acuerdo lo obliga. Si tiene un discreto margen de maniobra, saca la pata del lazo. Es culto y escribe muy, pero muy bien, con un estilo que a mí me sabe a sobrescrito. Es obsesivo y ambicioso. Es afectuoso y muy tolerante con la crítica inteligente y la controversia. No es especialmente rencoroso, ni muy cariñoso. Sí muy práctico. Bastante egocéntrico.

Lo rodean los incondicionales. Es un empresario astuto y ciertamente implacable, pero no abusivo.

Tiene o tuvo mucho dinero. En su publicitada mansión vive sobriamente, comparte su vida con una familia de caseros, que cuida su casa y que circula por la misma sin exigencias de indumentaria, ni protocolo. Por lo que yo he visto, el servicio doméstico es considerado por él con respetuosidad.

Vi al casero recorriendo el jardín con un revólver dispuesto a dar la vida por ‘el trompa’. Y doy fe, el Parque Roosevelt es patético en una noche de luna llena. Su transcurrir por la vida no tiene relación alguna con la fastuosidad, la frivolidad ni el lujo. Es un trabajador incansable, informadísimo y alerta. Para peor dice que es ‘tuerto’, pero es bien ‘bolso’, de los que lo miran por tevé. Esta descripción es, evidentemente, la de alguien que lo aprecia. Podía estar escrita igual, con otros énfasis, por alguien que lo detestara. En la misma mesa, otros que también se sentaron por muchos años lo describieron como un manipulador pragmático, inescrupuloso, frío, insaciable, ambicioso y perverso.

Hasta tal punto la personalidad de Fasano es fascinante.

 

Estamos rodeados

Desde hace cuarenta años, no hay proyecto de prensa gráfica de izquierda, diaria, masiva y sustentable, no partidaria, cuyo nombre no esté ligado a Fasano.

Nadie ha tenido una relación más franca con Fasano dentro y fuera de su equipo que yo. Le dije siempre lo que pensaba, a veces en tonos descomedidos que no toleraría ningún patrón. Mantuve y mantengo disputas con su entorno, que me distancian absolutamente de las actitudes y decisiones empresariales de éste.

Desde hace más de dos años le he advertido muchas veces a Fasano el destino inexorablemente trágico de su proyecto periodístico, si no se adoptaban ajustes empresariales  que afectarían la plantilla de trabajadores y los recursos y las operaciones gerenciales , así como el rediseño de las alianzas estratégicas, su relación con el sistema político y empresarial, y la modernización de su proyecto periodístico.

Le ha costado muchísimo reformular la empresa apegado a maneras de conducción muy personales y a un estilo gerencial que privilegia la adhesión y la lealtad a la independencia y la aptitud. Como a muchas organizaciones cuya imagen les es imprescindible para penetrar en su mercado potencial, a LA REPUBLICA le ha costado realizar una reingeniería empresarial que ajuste sus costos a sus ingresos. La mayoría de los intentos ha culminado sin cambios radicales en la estructura de la empresa y en negociaciones estériles en las cuales a Fasano le han doblado la mano.

 

Angustia del alma

Tengo el triste recuerdo y buena parte de la responsabilidad, aunque no toda, de haber piloteado el desastre de La 30, agobiado por las insidias, las disputas, las incomprensiones, los errores y las traiciones de la izquierda, que como Medea, se devora a sus propios hijos.

Fui un testigo privilegiado del desastre de La Hora, víctima de la misma enfermedad, y desde muy chico sufrí a la hora del almuerzo las angustias de mi padre, que siendo administrador  ahora casi legendario  del Casmu, tenía que poner la nitroglicerina en la base de la lengua para calmar los dolores en el pecho que le provocaban los carteles de los funcionarios de la llamada ultraizquierda  muchos de cuyos dirigentes lo recuerdan hoy con admiración  en los que lo acusaban de antiobrero.

 Angor aminis  me decía papá (‘angustia del alma’). Así le llamaba a la sensación de muerte inminente. Por suerte, el Casmu es indestructible.

 

De remate

Hoy, cuando pasé por la puerta de LA REPUBLICA, miré en la vereda de enfrente, en la calle Garibaldi, los carteles de la subasta de la Midu. Recuerdo que los trabajadores manifestaban entre los enfermos, gritando: «Â¡Queremos cobrar!»

También el desastre de la Midu me pegó cerca. Mi esposa permanece, como muchísimos médicos y funcionarios, sin trabajo, a dos años de su cierre.

Mientras tanto, se subasta lo que no se pudo robar en la estampida, sin que los acreedores privilegiados tengan una idea siquiera remota de adónde irá el producido del esmirriado remate.

Pasar por la calle Garibaldi hoy día es como embarcarse en la máquina del tiempo, antes y después, a uno y otro lado de la acera. Todavía resuenan los ecos de los muchachos gritando «Â¡queremos cobrar!».

No hablemos de la Intendencia de Montevideo, ni de las luchas fratricidas abonadas de sectarismo que descuartizaron al Partido Comunista.

Y si levantamos la vista y buscamos en el horizonte más lejano, la historia de Allende y la democracia en Chile aparece también cribada por los disparos cruzados de la izquierda. Y la de todas las revoluciones de la historia.

¡Qué terrible desconcierto se produce en momento en que asciende la lucha de los pueblos! ¡Qué infamia cuando en el torrente de las urgencias se antepone lo particular a lo general!

¡Qué atrapante es la torrencialidad del caos! Y qué injusta.

 

Fascismo de izquierda o empresarios reaccionarios

Yo no creo que este conflicto configure un complot maquiavélicamente orquestado por personajes oscuros que conspiran fuera de la escena; pero, sin duda, prefigura lo que podría pasar a partir del 1º de marzo de 2005, cuando la izquierda intente un gobierno con énfasis en l
o nacional, en lo social y en lo productivo, y se encuentre con las reivindicaciones corporativas de sectores sociales que no estarán dispuestos a ceder en sus reivindicaciones inmediatas, en sus viejas conquistas difícilmente sostenibles y que a ojos vista contarán con el apoyo entusiasta y la solidaridad irrestricta y heroica de la clase trabajadora organizada.

Es evidente que Fasano no está dispuesto a perder más plata. Si el despido de siete personas es un gesto de hartazgo, un error, un apresuramiento, o una actitud provocativa, es penoso, tal vez odioso, pero relativamente menor. El hecho es que LA REPUBLICA respira cada vez más lentamente. La responsabilidad de esta agonía tampoco es muy trascendente, aunque los contendientes se culparán mutuamente.

Al muerto lo velamos todos, sin identificar fehacientemente quién es el asesino. Pero no hay duda de que si alguien pretende que respire nuevamente, sólo le queda mirar para el lado de Fasano.

Los periodistas que fueron despedidos merecen la solidaridad moral y material que todo trabajador despedido merece.

Aunque dudo de que la historia memorable de la prensa se pueda escribir de la mano de un personaje inepto y haragán como Manuel Méndez, que ha finteado cientos de despidos en la prensa sin una sola medida de lucha. Habría que felicitar a este sobreviviente. En estos días, debe de haber cumplido las bodas de plata de la licencia gremial. Y si lo juzgo por su empilche, va por la de oro.

 

Lo que gano lo gasto, lo doy

Yo no sé si Fasano estará dispuesto o motivado como para empezar de nuevo. No sé tampoco si será consciente del impacto recibido en su imagen en estos días, pero por lo que conozco de él, me parece que va seguir en el mismo trillo, con cierto grado de inconsciencia, con la misma tenacidad y como todos los santos, con las alforjas llenas de infinidad de defectos y algunas pocas virtudes. No me cabe la menor duda de que no hay nadie en la izquierda que esté dispuesto a iniciar un proyecto tan difícil como el de la prensa gráfica diaria.

Si hubiera alguien dispuesto, también tendría que ser un empresario. ¿Quién, si no un empresario, podría iniciar una empresa? Y un empresario tendría que empezar por tener trabajadores. Y a los trabajadores tendría que explotarlos, y se apoderaría de la plusvalía y tendría un sindicato, y no podría adoptar represalia alguna y tendría que contemplar las necesidades justas de los trabajadores y garantizar las fuentes de trabajo.

¿Garantizar las fuentes de trabajo? ¿Quién podrá hacerlo? Seguro que no podrá hacerlo Juan Castillo, a juzgar por algunos miles de desocupados portuarios que engrosan la larga lista de los que se fueron para la casa sin que nadie ocupara su lugar de trabajo en un gesto final de solidaridad. No me acuerdo de la última huelga general portuaria y hasta la terminal de contenedores se subastó.

En fin, sin empresarios de izquierda no podría haber prensa de izquierda. Y entre los empresarios tampoco me parece que Fasano sea un sanguinario émulo de Drácula.

No me fumo la historia de la empresa antiobrera, aunque discrepo con el manejo de las relaciones laborales que hace el plantel gerencial de LA REPUBLICA. Es más, si los propios despedidos se miraran al espejo admitirían que durante muchos años asistieron alternativamente a arbitrariedades y privilegios, pero nunca fueron objeto de persecución sindical.

Sobre el llamado derecho a la agremiación, los hechos demuestran que sindicato de empresa había. Me gustaría saber si también lo hay en los demás medios, porque me parece que no.

 

Tiene un motor que camina pa´lante

Así las cosas, habría que pensar que aunque hoy se firme un acuerdo efímero, estamos casi en cero. Al empresario no le da la nafta para mantener económicamente un proyecto solitario que, como se hizo evidente en estos días, sólo se expresa en la comunión de Fasano y sus lectores.

Tan solitario que hasta ahora no he escuchado una palabra siquiera de comprensión para Federico Fasano. La dialéctica sindical enseña que el trabajador debe marcar la cancha y evitar ser el pato de la boda en las épocas de crisis.

 Cuando Fasano ganaba, en la época de las vacas gordas, no repartía entre los trabajadores. Ahora que pierde, quiere repartir las pérdidas  me dice uno de los compañeros despedidos.

Fasano viene cargando con su cruz desde hace tiempo, tratando de sostener un proyecto periodístico estratégico para el progreso del país ante la indiferencia de muchos de sus beneficiarios, que posaron en las fotos con los jopos engominados pero nunca se detuvieron a pensar que esta utopía estaba construida en una ecuación empresarial enferma, sobre la base del sacrificio de los trabajadores y de un empresario incapaz de inyectar billetes verdes eternamente. ¿Qué misterioso motor pone tanta energía en movimiento para construir la comunicación de masas de la izquierda? ¿Será el poder, la opción por los pobres, el ego, la ambición, la vanidad, la vocación de servicio, la generosidad, cierto misticismo heredado de una educación jesuítica?

Cualquier cosa, pero no el dinero. No me engaño. Cualquier cosa que hiciera Fasano la haría lo suficientemente bien como para vivir con holgura y sin tantos dolores de cabeza.

 

No somos nada

Me temo que Fasano no está muerto, aunque ya no es tan rico. Pero su misión en la vida aún está trunca. Es de los que nunca llegan, porque no conoce la palabra detenerse. Me temo que en el próximo lustro, cuando Uruguay se jugará tantas cosas, todavía oiremos hablar mucha mierda de Fasano. Pero los diarios de Fasano seguirán hasta que el personaje no exista.

Y los que trabajen en su mesa de Dirección hasta la madrugada oirán las llamadas de senadores, ministros, diputados, empresarios, líderes políticos, jerarcas públicos y dirigentes sindicales, y hasta orgullosos líderes del proletariado, que esperarán encontrar en Fasano un oído atento para escuchar razones y opiniones, la caja de resonancia que todos los ególatras buscan, y una pluma inteligente, persuasiva y por qué no, patriótica, para defender ideas.

 

Balada para un loco

Ayer lo vi cansado. Un poco hastiado de saltar obstáculos. No dudo de que esta confesión debe provocar en muchísima gente mucha alegría. Pero me parece que podemos estar asistiendo a la despedida de un luchador. Es triste asistir a la caída de los dioses. Creo que lo vamos a extrañar. *

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