El fascismo de izquierda clausuró LA REPUBLICA durante once días
Dice así:
Uno de los cuatro diarios de circulación nacional ya no está en la calle.
Su voz corajuda, honda, fermental, al servicio de las mejores causas del pueblo uruguayo ya no será escuchada.
Fue silenciada por el fascismo de izquierda que desde hace unos meses, ante el ascenso irresistible de las fuerzas del cambio, ha elegido como campo de ensayo de sus desatinos a los bastiones de ese sueño milenario de justicia y libertad.
Así fue asediado e injuriado por ese fascismo de izquierda sindical el gran tornero de la esperanza, Lula, ese incendio moral que alertó a las conciencias, probando también la medicina fundamentalista, el intendente del pueblo, don Mariano Arana y su equipo de colaboradores.
Esta vez le tocó al diario LA REPUBLICA, rehén de una estrategia de ADEOMizar los conflictos con iniquidad y violencia.
El viernes último a las 20.05, tras el fracaso de una asamblea en las puertas del diario a la que asistieron menos de 20 trabajadores en un total de 167 que integran nuestra planilla laboral, un grupo de 40 personas que no trabajan en el diario, algunas de ellas armadas, acompañados de una veintena de empleados de nuestra publicación, forzaron con violencia las puertas de nuestra empresa y a patadas y empujones se abrieron paso insultando a la mayoría del personal que estaba preparando la edición del día sábado ya pronta para entrar en talleres.
Las escenas fueron de pánico y muchos trabajadores opuestos a esta ocupación ilegítima y contraria a la democracia sindical se encerraron en lugares más seguros. Uno de ellos debió ser hospitalizado al sufrir una indisposición cardíaca producto de la tensión vivida, mientras otro trabajador que se negó a ocupar debió ser asistido por una unidad de emergencia móvil.
La horda que a los gritos invadió nuestra casa estaba dirigida por numerosos miembros de la Corriente de Izquierda (C.I.), entre ellos el responsable del periódico de la C.I. así como según nos informaron– otros dirigentes de ADEOM y del PIT-CNT y numerosos golpeadores profesionales que rápidamente redujeron al sector de vigilancia de LA REPUBLICA.
Afirmaron que impedirían la salida del diario cueste lo que cueste y arrinconaron a las jerarquías de nuestra empresa en el área de dirección, obligando a gran parte del personal que estaba trabajando a participar en una insólita asamblea que debía deliberar y legitimar la ocupación, en medio de la presión inaudita de 40 ocupantes que nada tenían que perder porque no pertenecían al personal del diario.
Gran parte del personal que estaba trabajando se negó a legitimar la asamblea y se atrincheró en otros lugares del edificio.
Votaron en altas horas de la madrugada 34 empleados del diario de los 167 que trabajan en LA REPUBLICA, quedando otros 30 sin participar ni votar debido a su decisión de quedarse en otras zonas de nuestra casa para no legitimar la ocupación.
De los 34 asambleístas, 23 votaron por ocupar y 11 lo hicieron en contra, mientras los otros 30 trabajadores que estaban en el diario decidieron no legitimar la asamblea que carecía de las más mínimas garantías para su desarrollo, al igual que los restantes 103 empleados que no fueron convocados y no asistieron.
Finalmente la ocupación se llevó a cabo por parte de 23 trabajadores, retirándose los 40 ocupantes que forzaron las puertas y no pertenecían a nuestro personal, así como el resto de todos los trabajadores que repudiaron la ocupación y también las jerarquías del diario.
Se escribió así una de las noches más tristes del sindicalismo uruguayo. Se amordazó la voz libre del diario LA REPUBLICA, se violó el derecho constitucional de información, se censuró la libertad de expresión, se cercenó la libertad de trabajo de más de 140 trabajadores que no estaban de acuerdo con ocupar y que se disponían a editar el diario como lo habían hecho ya el día anterior, se violó la legalidad vigente, se cometieron los delitos de violencia privada y usurpación tipificados en los artículos 288 y 354 del Código Penal y sobre todas las cosas se le privó por la fuerza al pueblo uruguayo del único diario con que cuenta para difundir sus ideas, sus hechos, sus pasiones, sus razones y sus utopías.
Fue el triunfo de la sin razón y del fundamentalismo histórico. En la década pasada los califiqué de polpotistas, desviaciones ultraizquierdistas que como Sendero Luminoso terminaban asesinando a los legisladores de la propia izquierda.
La clausura del diario LA REPUBLICA es el resultado del apagón intelectual de grupos microscópicos del PIT-CNT, instalados en la complacencia sectaria y maniquea que observan todo desde la admirable farsa simplificadora que opone a revolucionarios con reformistas.
Revolucionarios que para ellos son sinónimo de ultrismo y reformistas, sinónimos de entregadores de los principios de la sociedad de los ciudadanos iguales por la que nosotros luchamos.
Los que conocen mi trayectoria de más de 40 años dirigiendo medios de comunicación al servicio de la izquierda uruguaya, saben que no soy un reformista ni un claudicador de principios.
Por defender estas ideas y no arrodillarme ante el poder exhibo con orgullo las condecoraciones de las 51 clausuras, las tres prisiones, los cuatro atentados, los 31 juicios penales, los 2 destierros y hasta el secuestro de que fui objeto por defender las instituciones, tal cual consta en el voto de aplauso del Parlamento en su sesión del 9 de mayo de 1973. Estos patanes de la muerte, en este caso de la muerte de un diario, hoy tienen en su poder el botín que con violencia de corsarios obtuvieron por la fuerza. El diario LA REPUBLICA está hoy en sus manos.
¿Qué piensan hacer con él? Aparentemente enterrarlo sin honores, sin exequias. Y en ese entierro estarán sepultando también la ética de la irresponsabilidad y la obstinación extremista que los guía.
Porque hace mucho que no confundo ultrismo y extremismo con radicalismo. Ser radical, concepto puro si los hay, no es ser extremista ni ser ultrista. Radical viene etimológicamente del vocablo raíz. Nada más auténtico que lo que viene desde el fondo de las cosas, de la raíz misma de la vida.
Y yo soy un radical. Un radical en la vida, en el amor, en la política y en el periodismo, vocación que abracé como medio de cambiar la sociedad injusta en la que vivimos.
Estos fascistas de izquierda que han hecho un nido infame en muchos cerebros bien intencionados y que hoy han secuestrado a LA REPUBLICA, no han tenido mejor idea en su desatino que aliarse a los grandes medios de la derecha vernácula que hoy está festejando la clausura del diario plural.
El diario El País, órgano oficial de la dictadura uruguaya, presta sus páginas todos los días publicando las calumnias, contra el diario del pueblo, su director y los trabajadores que lo editaban hasta que los expulsaron de su propia casa.
Es la prueba más contundente de la felonía de su conducta. Por sus frutos los conoceréis.
Los frutos de LA REPUBLICA son conocidos por todo el pueblo uruguayo. Están contenidos en sus páginas valientes que desde hace 16 años construyen el otro Uruguay posible contra todas las fuerzas coaligadas del poder de la dominación.
Lo que no pudieron lograr el poder del sistema, la derecha uruguaya, la declaración de conjunto económico con 47 empresas decretado por el BPS de Myra Tebot, lo logró el viernes una minúscula coalición de ultraizquierda apoyada por la derecha sindical que desde hace años gobierna la Asociación de la Prensa (APU), y la totalidad de los órganos de prensa del establishment, conducidos por el diario El Pa
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