El nuevo ministro es mirado de reojo por los políticos

Isaac Alfie, un ortodoxo neoliberal que tiene que aprender a negociar

«Se acabaron los tiempos políticos y vienen los tiempos técnicos», dijo a su vez el presidente Jorge Batlle al anunciar ayer el cambio en la cartera de Economía y Finanzas.

Isaac Alfie recorre los pasillos del Ministerio de Economía y Finanzas desde el año 1991 cuando llega para ser asesor del ministro de Economía de entonces, el fallecido Enrique Braga. Y mientras cambiaban uno tras otro los titulares del sillón ministerial había alguien que siempre se quedaba y lograba la renovación de su contrato de obra y servicio: era Isaac Alfie, que llegó luego, en 1995, a ser director de la Asesoría de Programación Macroeconómica y Financiera, cargo que mantuvo hasta ayer a las 18 horas cuando asumió como ministro en lugar Alejandro Atchugarry.

Justamente el de ayer fue un día particularmente tenso, tras el conocimiento público de la decisión de Atchugarry de dejar el ministerio.

Las conjeturas sobre por qué dejó la cartera fueron muchas y hubo muchas dudas en el sector político sobre el futuro de la economía uruguaya tras la renuncia de Atchugarry.

Lo cierto es que ahora llega a ocupar el sillón de la sede ministerial de la calle Mercedes y Paraguay un «duro», un ortodoxo neoliberal de las más pura cepa, que además no tiene feeling ni con la prensa ni con el sistema político. De hecho, ayer en su asunción las ausencias más notorias fueron justamente la de políticos blancos y colorados de primera línea.

Aunque claro, Alfie ya debe haber tomado nota de algunos mensajes, uno de ellos, el del ex presidente Luis Alberto Lacalle que fue por demás explícito al recomendarle que tenga en cuenta que no es lo mismo ser asesor que ministro. «Esperamos que el nuevo ministro asuma dándose cuenta de las diferencias cualitativas que hay entre ser asesor y ser ministro, que es un cargo esencialmente político».

Pero quizás el mensaje más claro y también el más controvertido fue el que lanzó ayer el presidente del Banco de la República, Daniel Cairo, quien dijo ante las cámaras de TV LIBRE que seguramente la denuncia sobre el retiro de dinero de un banco en plena crisis va a ser una mancha.

En efecto, la denuncia de que Alfie fue uno de los que siendo poseedor de información privilegiada la usó para mover el dinero de sus ahorros en plena crisis bancaria es el talón de Aquiles del novel ministro.

La primera pista sobre este tema la dio la revista Latitud 30-35 en mayo del año pasado y luego fue ampliada por Brecha y LA REPUBLICA.

En aquel momento la desconfianza de los ahorristas sobre el futuro de la plaza bancaria eran notorias, mientras el gobierno se esmeraba un día sí y otro también en lograr confianza. Pero claro que no se podía lograrla si era voz corrida en el ambiente la movida que había hecho Alfie.

«Unos días antes del 4 de enero este alto funcionario del Ministerio de Economía vino por el banco (una institución privada) y pasó su depósito de plazo fijo en pesos a dólares. Más adelante, cuando venció otro depósito a plazo fijo por un monto de 250 mil dólares, retiró el dinero y no lo renovó», integrándose de esa manera a otros uruguayos que manifestaron por esta vía su desconfianza sobre el futuro del país.

Esta versión plenamente confirmada en el ambiente bancario nunca fue desmentida por Alfie.

Pero esta conducta de Alfie, lejos de haber sido un obstáculo para su ascendente carrera, parece que ha sido, por el contrario, un aliciente para darle más responsabilidades como la conducción de un ministerio clave como es el de Economía.

El pensamiento de un neoliberal

SALUD. Un documento de 1994, escrito por Isaac Alfie, propuso la creación de seguros privados de salud en lugar de las mutualistas con paquetes asistenciales diferenciados, según la capacidad adquisitiva de los contratantes.

Allí planteó eliminar el criterio de cuota única de las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva (IAMC), para diferenciar por franjas etarias y socioeconómicas. Proponía que el sector público pague, en función de los niveles de ingreso, una prima a cada uno de los habitantes. «Luego, la persona tiene derecho a elegir entre todos los oferentes que por esa prima le quieran brindar un determinado servicio mínimo que el MSP defina». Según Alfie, el Estado debería retirarse de «lo que es prestación directa de los servicios de salud». Y afirmaba: «Quizás sería bueno que el sector público mantuviese determinada inversión en ciertas tecnologías y que venda los servicios al costo, sobre todo en los casos en que la adquisición de esa tecnología no fuera rentable para el sector privado». (Informe del Ministerio de Economía y Finanzas. 1994).

MERCOSUR. La convergencia macroeconómica entre los países del Mercosur es deseable y representaría un logro importante, pero no es imprescindible ni representa una solución final para los problemas que afronta el bloque porque no sería la solución definitiva: «Los acuerdos no son eternos y se pueden violar, sobre todo por las presiones internas», piensa Alfie.

De todas maneras, estimó que la convergencia macroeconómica «no es imprescindible, porque en realidad toda convergencia macroeconómica se basa en la solidez fiscal». (Conferencia en el Calen 1999)

FRENTE FISCAL Y POLITICAS SECTORIALES. El principal frente que debe atender el país es el fiscal, sobre todo a la luz del problema de financiamiento que representa para el Estado el gasto en pasividades. «No hay que enloquecerse con políticas sectoriales; no se puede vivir de una refinanciación obligatoria a otra, ni volver a las políticas que nos trajeron 20 años de estancamiento». (Declaraciones en agosto de 2001)

LA CRISIS. «No puede ser que en un país que creció al 3,8% en promedio durante 13 o 14 años consecutivos, que bajó la deuda a niveles casi insospechados, que redujo la pobreza a casi la mitad mientras los demás países de la región en medio de hiperinflaciones duplicaban y hasta más que duplicaban sus niveles de pobreza, donde los empleados públicos eran el 25% de la Población Económicamente Activa en 1984 y hoy son el 17%, y todos los empleos se generaron en el sector privado, donde los gastos en salud se duplican y más que 50% crece el gasto en educación, donde aumenta la productividad industrial, donde pese a todos los pesares el producto agrícola también crece, pensemos que estamos viviendo en Kosovo como claramente parecería ser la sensación que se vive afuera de cada una de las casas» (XVI Jornadas de Economía del Banco Central, 2002).

PREMONICION. El déficit fiscal de Uruguay en el año 1999 cerrará siendo menor a 2,9% del PB1, es decir, aproximadamente unos US$ 570 millones y no como sugieren integrantes del Encuentro Progresista. El déficit fiscal de 1999 cerró en realidad en el 4%, unos US$ 840 millones, tal como denunciaba el Encuentro Progresista. *

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