Chávez: integración política y alternativa al neoliberalismo
Fue la tercera visita que realizó Chávez al Uruguay. La primera fue en 1994, poco después de ser sobreseído por la Justicia de su país, tras el frustrado alzamiento militar de 1992. La segunda, ya como jefe de Estado, tuvo lugar el 1º de marzo de 2000, para asistir a la toma de posesión del mando presidencial del doctor Jorge Batlle.
El avión que transportó a Chávez y su comitiva aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Carrasco a las 10.05 horas. A partir de ese momento, el mandatario caribeño comenzó una frenética jornada en la que pronunció tres discursos (en la sede de la Aladi, en la Intendencia y ante la multitud en la balconada de la sede municipal), mantuvo dos reuniones políticas (con el vicepresidente Luis Hierro López y con el presidente del Encuentro Progresista-Frente Amplio, Tabaré Vázquez), un contacto telefónico con el ex presidente Julio María Sanguinetti, y además brindó una conferencia de prensa.
Vázquez coincidió con Chávez en que la integración de América Latina no debe ser exclusivamente económica y política, sino que, por sobre todas las cosas, debe tratarse de una «integración social» (véase página 4).
El atraso que sufrió el avión que transportaba a la delegación venezolana determinó la modificación por segunda vez de la agenda de Chávez, lo que provocó, en forma involuntaria, esperas y demoras a lo largo de la jornada. Inicialmente, la llegada al Uruguay estaba prevista para las 8.30 horas. La entrevista con el doctor Tabaré Vázquez, prevista para la hora 18, debió postergarse tres horas. A su vez, fue suspendido el encuentro con el doctor Julio María Sanguinetti, y en su lugar, ambos mantuvieron una «amistosa» conversación telefónica, según fuentes cercanas al líder del Foro Batllista. El acto en la Intendencia estaba previsto para antes del encuentro con Hierro López, y debió postergarse, para llegar en hora a la entrevista en el Edificio Libertad. Chávez también había previsto un encuentro con el general (r) Líber Seregni, que debió ser suspendido.
La visita al Uruguay culminó sobre la hora 23, tras mantener un encuentro con el líder de la izquierda en una suite privada del Hotel Radisson Victoria Plaza.
El presidente venezolano emprendió después el viaje a la Argentina, para una visita oficial de cuatro días. Allí, entre otras actividades, tiene previsto inaugurar la Cátedra Bolivariana en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo.
Como es habitual, Chávez quebró el protocolo. En el Aeropuerto Internacional de Carrasco, apenas pisó suelo uruguayo, sorprendió a los periodistas al entonar una estrofa de la canción «Simón Bolívar, Simón», del compositor uruguayo Ruben Lena. Volvió a alejarse de la formalidad, poco después, en oportunidad del arribo de la comitiva a la sede de la Aladi. Allí se dirigió a dialogar directamente con un grupo de personas que lo aguardaba, la mayoría miembros de la comunidad venezolana residente en nuestro país.
El presidente venezolano viajó al Uruguay acompañado de una numerosa comitiva y seguridad, luego de haber asistido, en Paraguay, a la toma de posesión del mando presidencial de Nicanor Duarte Frutos.
Entre otros, integró la delegación el canciller Roy Chaderton, y varios ministros. Uno de ellos, Rafael Ramírez, de Energía y Minas, recibió al presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti, en el Hotel Radisson (véase página 4).
En los discursos, Chávez citó a Simón Bolívar y José Gervasio Artigas, y puso de manifiesto su posición política sobre la integración regional contraria al ALCA, lanzó fuertes críticas al neoliberalismo y se refirió a su amistad con Fidel Castro. También hizo hincapié en que en América Latina comenzaron a soplar «nuevos vientos», fundamentalmente refiriéndose a Lula, a quien catalogó como «compañero», y a Néstor Kirchner, a quien califica como «amigo». También dejó entrever que en el Uruguay se avecinaba un cambio de similar magnitud.
El ALCA, un «acta de defunción»
En su primera escala en la sede de la Aladi, Chávez planteó una nueva idea de integración regional, que denominó Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) en oposición al «neoliberalismo, la globalización, el ALCA y la OMC» , que supone, además, acciones políticas comunes contra el analfabetismo y la desnutrición infantil. En la conferencia de prensa, el mandatario afirmó que el ALCA «no es una solución para América Latina», y advirtió que suscribir ese acuerdo significaría «firmar el acta de defunción de nuestros pueblos, es decir, de nuestros hijos».
Petroamérica, Ancap y el gobierno
Durante su visita, Chávez evitó puntillosamente opinar sobre temas internos del Uruguay, a pesar de las insistentes preguntas periodísticas. Interrogado sobre la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y nuestro país, dijo que no iba a hablar «sobre decisiones soberanas de Uruguay porque no me gusta que lo hagan sobre Venezuela», aunque en ningún momento ocultó su amistad con Fidel Castro. Se refirió con cuidado a Batlle, y reveló que en Asunción el Presidente de nuestro país le hizo «un chiste subido de tono, muy bueno por cierto».
El gobierno uruguayo tomó la visita de Chávez con frialdad, pero con señales contradictorias. Por un lado, se preocupó en los días previos de remarcar que no era una visita oficial y que venía invitado por la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), en tanto, por otro, mostró la intención de usarlo como arma para el debate interno.
Es que, paradójicamente, quien puso a Chávez ante la política interna uruguaya, a pesar de los esfuerzos de éste por evitarlo, fue el propio gobierno. El vicepresidente Luis Hierro López destacó que en la reunión le dijo que si se mantenía firme la Ley de Ancap, podría haber una asociación con la petrolera venezolana. Incluso se dio como un hecho desde el gobierno una reunión entre Chávez y el presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti.
El presidente venezolano fue muy cuidadoso y zafó del lazo que le tendió el gobierno uruguayo. En la conferencia de prensa respondió a una pregunta sobre Ancap con una interrogante: «¿Qué cosa es Ancap?», y luego descartó la reunión con el presidente del ente petrolero uruguayo.
Hierro López igualmente mencionó el tema del referéndum tras la reunión con Chávez, y dijo que si triunfaba sería un obstáculo para la propuesta del venezolano de crear una empresa petrolera de América Latina.
Chávez, por las dudas, había explicitado en Aladi el alcance de su propuesta: crear una petrolera de toda América Latina, Petroamérica o Petrosur, a la que definió como «una empresa multiestatal» o como «una especie de OPEP latinoamericana».
El presidente venezolano aclaró que no se trata de que sólo participen los países productores, sino de integrar a todos, y se refirió a la refinería que tiene Uruguay como un aspecto importante.
Chávez también habló de la posibilidad de vender pétroleo más barato a Uruguay. Dijo que hoy, cuando el barril está a 25.9 dólares, «el descuento puede llegar al 20%». Reveló que si se genera una deuda por estas compras, se trata de «una deuda con 2 años de gracia, a 15 años, con 2% de interés, y que además se puede pagar con productos de ese país». Lo principal es que la propuesta de Chávez nada tiene que ver con una asociación de capital privado: es la creación de una nueva empresa, y además está enmarcada en el proyecto de unidad política de todo el continente, ese que el gobierno uruguayo mira con desconfianza. Por las dud
as, Hierro López se ocupó de aclarar ayer que nuestro gobierno sigue pensando que la integración debe tener un énfasis económico (véanse páginas 6 y 7).
«Alianza estratégica»
El gobierno aprovechó la visita de Chávez para reafirmar el interés de la petrolera estatal Ancap en convocar a una licitación internacional, el año próximo, para asociarse con petroleras extranjeras, en caso que la ley sea ratificada.
El vicepresidente Hierro López manifestó, después del encuentro en el Edificio Libertad, que el gobierno es partidario de una «alianza estratégica», pero admitió que es un tema que está sujeto al resultado del referéndum sobre Ancap. Hierro también planteó a Chávez la apertura del mercado venezolano para los lácteos uruguayos, cuestión que ya había sido destrabada por el propio mandatario, poco antes de su partida al Cono Sur (véanse págs. 10 y 11).
«La hora de la justicia»
Chávez recibió las llaves de la ciudad de Montevideo de manos del intendente Mariano Arana, en la sede de la Intendencia Municipal. En el salón de actos de la comuna, expresó su deseo de una América unida y de poner fin a quinientos años de dominación y explotación, aunque advirtió que la lucha recién empieza.
«Llegó la hora de la justicia, de la dignidad, de nosotros, la hora de Artigas, de Bolívar», dijo luego Chávez a la multitud, que lo aguardó en la Explanada Municipal.*
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