Llamadas al Director
La carne aumentó más de un 20% en tres días
Señor Director:
La carne aumentó en los mostradores al público más de un veinte por ciento en tres días, primero un nueve y pico por ciento, dos días después un doce por ciento más, y la excusa es que, debido a la gran demanda desde el exterior, no pueden los frigoríficos llevar al mercado interno precios más baratos. Es decir que nosotros, el pueblo, subvencionamos con préstamos oficiales que pagan poco y nunca los grandes productores ganaderos a la industria pecuaria, pagamos impuestos especiales por la crisis de la aftosa, etc., etc., y después tenemos que seguir pagando. Es decir, perdemos cuando hay crisis y perdemos cuando hay bonanza. No hay caso, compañero, nosotros seguimos siendo los dueños de las penas y ellos de las vaquitas. Qué lástima que ya no tenemos a un Enrique Erro como Ministro, para que volviera a hacer como hizo allá por la década del cincuenta, cuando los ganaderos y los frigoríficos lo enfrentaron, trajo carne importada desde la Argentina, y la empezó a vender por los barrios a precio de costo, en mostradores improvisados en las esquinas. Y al poco tiempo, todos los dueños de las vaquitas y de los frigoríficos -que son al fin y al cabo una misma clase-tuvieron que aflojarle al Ministro y aceptar sus condiciones. Y el pueblo comió más carne que nunca. ¡Si me acordaré!
Lo que pasa es que los ganaderos y los dueños de los frigoríficos siguen siendo los mismos o hijos de los mismos. Y al morir Erro, se rompió el molde, lamentablemente.
Teléfono: 4815…
El Director: En cuanto a que las penas siguen siendo nuestras, ni lo dude; y que se rompió el molde, tampoco. ¡Cuánta razón tenían ambos, Erro y Yupanqui!
Fui destratado en la Feria del Libro
Señor Director:
Hoy es sábado 2 de agosto. Quería quejarme por la atención y el destrato que tuve en la Feria del Libro, la librería que queda en 18 y Yaguarón. Durante la semana fui a ver libros de administración en la planta alta, y me gritaron de allá abajo: » ¡Eh! ¿Adónde va? Y me pusieron especialmente una persona para que fuera conmigo; y hoy sábado fui y me dijeron que a la una de la tarde no tenían personal y que no me podían atender, y se negaron a que pudiera subir. Quiero decir que todo lo que estudié en Atención al Cliente, indudablemente ellos no lo aplican, y ni siquiera me pidieron disculpas. Me podrían haber dado alguna alternativa, que esperara diez o quince minutos para que alguien me acompañara. Pero no.
Teléfono: 7119…
El Director: Me sorprende lo que usted refiere, estimado lector, ya que toda librería abre sus puertas y más ahora- con la finalidad de vender libros, precisamente. Seguramente hubo algún malentendido, por lo que, de ser así, la empresa dispone de este espacio para efectuar las aclaraciones o descargos que estime pertinentes.
Fasano: en Ejido y Uruguay tiene su mate esperándolo
Señor Director :
Don Fasano, un gran abrazo para usted. Su diario está siempre junto al pueblo uruguayo. Por lo menos sabemos que tenemos alguien que nos defiende dentro de la prensa. Para mí es una vergüenza ver los canales de televisión acá y ver a Néber Araújo y toda esa gran orquesta que siempre hace con el doctor Batlle y todo, y el país sumergiéndose como el «Graf Spee» y la gente joven yéndose. Todos los días yo veo, porque mi negocio es un termómetro social en el Uruguay. Hoy pasó una persona en mi mesa de mates, que vendía una ruana y decía: «Que me paguen lo que sea, porque es para completar mi cuenta de luz». Qué desgracia, que somos tan poquitos, y en un país rico, tan rico, no tendría que haber personas, uruguayos, haciendo esas cosas. Verdaderamente las lágrimas no alcanzan, pero tarde o temprano va a cambiar. Esa es nuestra esperanza. Un abrazo para usted, don Fasano, y ya sabe que tiene su mate esperándolo. A ver cuándo va a venir a elegir su mate. Un abrazo. El matero de la calle Ejido.
Teléfono: 4025…
El Director : Tiene usted razón, estimado amigo. Los orientales no se merecen esta realidad. Pero como usted dice, tarde o temprano va a cambiar. De nosotros depende. Y en cuanto al mate, téngalo por allí no más, que cuando menos lo espere me le aparezco.
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