"Hay que parar esto, porque detrás de los terroristas viene la agresión de EEUU"
–¿Cómo se ha sentido trabajando en esos dos espacios, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura?
–Cuando triunfó la revolución el Ministerio de Educación tenía por tradición anterior una dirección de cultura, pero el peso del trabajo cultural y educacional fue tan grande que fuimos desagregando y se crearon distintos departamentos. Yo ocupé la cartera del Ministerio de Educación, pero también atendía cultura, era una institución independiente. Después, ya en 1976, se vio la necesidad de crear un Ministerio de Cultura y se me encomendó la tarea de organizarlo. Estuve ahí hasta principios de 1997. Después se organizaron un departamento adscripto al Consejo de Estado llamado Oficina del Programa Martiano, que tiene por objetivo promover el pensamiento y la cultura cubana a la luz de José Martí, tanto en lo interno como en el exterior. Tenemos muchos sistemas de delegación con el Ministerio de Educación, con las universidades, con las academias de ciencias, con los organismos científicos y además presido una sociedad cultural José Martí, una ONG que tiene filiales en todo el país y que agrupa a promotores, organizadores, investigadores: esta es la segunda tarea que nos han encomendado.
–Su tema de ponencia en este seminario en homenaje a Rodney Arismendi ¿cuál va a ser?
–Fui invitado por la Fundación Arismendi y vamos también a inaugurar una plaza con su nombre. Fue muy emotivo para mí porque lo conocí personalmente y me enorgullezco de haber tenido una relación muy profunda con él. Rodney Arismendi significa dentro del movimiento socialista comunista de América Latina uno de los dirigentes que más vínculos tuvo con la revolución cubana, tanto en su defensa cuando nos enfrentábamos al imperialismo como incluso en los debates que se produjeron en el seno del movimiento comunista en relación a Cuba y la Unión Soviética. El tuvo una comprensión muy clara de la revolución cubana, y es un intelectual que precisamente por su militancia política sintetiza algo que necesitan los movimientos progresistas en América Latina: una síntesis de hombre de acción política y al mismo tiempo hombre de cultura. Yo pienso que este análisis que se va a hacer en este evento es muy importante porque la crisis del movimiento llamado de izquierda en el siglo XX en América Latina, la conocemos bien porque hemos vivido todo ese proceso. Tiene su origen en un déficit que tuvo la llamada izquierda que fue divorciarse o separarse de la cultura y en el siglo XXI quienes aspiren a un pensamiento renovador, a un pensamiento socialista, deberían vincularse a la cultura en su sentido más amplio (universitaria, académica, artística), en un sentido de integralidad, porque la primera categoría fundamental y probado por métodos de investigaciones científicas es la justicia, y por tanto los movimientos progresistas deben vincularse mucho a la justicia. Hay un arsenal inmenso en nuestras universidades, en nuestros centros de estudios de América Latina y hay una tradición de lo que se llamó cultura de emancipación que vincula el pensamiento social y la acción política con la tradición cultural y América Latina tiene una tradición en ese sentido de enorme significado, y el Sur la tiene.
Estuve en Argentina y ahora en Uruguay, y he podido comprobar en contacto con universidades que hay una profundidad de aspiraciones culturales profundas. Cuando Martí habló de la independencia de Cuba y había quien le decía que en Cuba no hay atmósfera para la guerra, Martí decía «no estoy hablando de atmósfera, estoy hablando de subsuelo». Yo, parodiando al maestro, diría que estoy hablando del subsuelo de todos estos países donde hay un pensamiento, una cultura muy profunda, que si la potenciamos puede ser el gran acento que necesita el mundo.
–Luego de los fusilamientos en Cuba se ha producido una polémica que todavía continúa a propósito de la posición de José Saramago y Eduardo Galeano, ¿qué reflexión le merece esta actitud adoptada por estos intelectuales?
–Déjeme decir que tengo una muy buena estimación de Galeano, lo admiro y lo sigo admirando, tengo un respeto también por Saramago pero tengo matices y discrepancias en relación a algunos planteamientos, lo que es normal. Publiqué un artículo en el periódico Granma que se llama «Con el mundo siempre», porque Saramago publicó un artículo titulado «Con Cuba hasta aquí». El profesor Pablo González Casanova de México, eminente sociólogo, publicó un artículo replicándole a Saramago y él hablaba «con Cuba siempre», y hacía un llamamiento a la reflexión en relación con estos problemas con muchos argumentos. Publiqué ese artículo a continuación de lo que dijo González Casanova, diciendo que en Cuba no se condena a pena capital por el simple hecho de discrepar de nuestras ideas, se condena ante hechos criminales que adquieren una gravedad enorme y se establece muy excepcionalmente la pena de muerte que es un asunto muy discutido a lo largo de la historia.
Quiero que tengan muy en cuenta que en Cuba la pena de muerte se establece porque nos han abierto una guerra contra nosotros por parte de la oligarquía norteamericana, es una pena de muerte dentro de una guerra. Ellos venían provocando deserciones, que abandonaran en el país muchas personas, nosotros siempre hemos seguido una política de que el que quería salir que salga, inclusive hemos hecho convenios con los EEUU de que dieran visas a una cantidad de personas y no lo han cumplido, no han cumplido las cuotas, y hacen incitaciones a deserciones. Se aprovechan de eso muchas veces delincuentes, gente que ha salido de la cárcel o que van a caer presos, delincuentes que se aprovechan de estos delincuentes y alguno de ellos hacen estas acciones.
Los condenados a pena de muerte, que fueron estos tres casos, se debió a que había una lancha que traslada de la ciudad de La Habana a Reda, un pueblo pequeño cercano allí, personal y turistas, de la que se apoderaron.
Tenemos que parar eso, si no parabas eso se produciría una reacción en cadena ya que los norteamericanos seguían incitando porque ocurre que tienen una ley llamada de ajuste cubano por la que a todo el que llega a EEUU le dan grandes ventajas. Esa ley no es aplicable nada más que a los cubanos, entonces nosotros tenemos que paralizar eso porque el propósito es el de provocar un incidente que creara una situación difícil y diera pretexto a una acción contra Cuba.
El Consejo de Estado tiene facultades, si lo estima conveniente, para conmutar una pena de muerte sustituyéndola por la de prisión prevista por la ley. En este caso no se aplicó porque se trata de terroristas criminales de antecedentes penales comunes que habían puesto en peligro la vida de decenas de personas retenidas como rehenes y creado las condiciones propicias para un incidente que sembrara el pretexto para que EEUU lanzara una escalada en su política agresiva contra Cuba. *
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