Llamadas al Director

¿Qué hago: me mato, robo o salgo a mendigar?

Señor Director:

Saque la cuenta doctor. Dos mil de alquiler, cuatrocientos cincuenta de luz, ciento noventa de agua y trescientos una garrafa, son dos mil novecientos cuarenta pesos. Gano tres mil quinientos, tengo mujer (desocupada) y dos hijos, ¿Qué hago? ¿Me pego un tiro o salgo a robar? Algo tengo que hacer, una cosa o la otra. ¿O le pego un tiro a mi familia y después me liquido yo? ¿O permito que salgamos a la calle a mendigar después de treinta años de honesto trabajo y sacrificio?

Teléfono: 3049…

El Director: Estimado lector, créame que entiendo su desesperación pero no puedo aceptar las soluciones que usted se plantea. Si quiere que le sea sincero, y en esa encrucijada que usted se encuentra como miles de orientales hoy en día, pienso que antes que robar o matar o atentar contra sí mismo, siempre es más digno y valiente recurrir a la solidaridad ajena, porque hacerlo no denigra a nadie. Las otras actitudes, créame que sí. Y si bien no es consuelo alguno saberlo, piense que al menos usted tiene un techo, luz y agua potable y sus niños duermen en sus camas y abrigados, pero hay miles que no tienen ni siquiera eso y siguen peleándole a la vida.

 

Aduanas cada vez con menos cristalinidad

Señor Director:

Le estoy hablando desde el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Quiero ponerlo en su conocimiento y sus periodistas y fotógrafos pueden venir a corroborarlo que en el salón de pasajeros de la aduana se están empapelando todos los vidrios. Ahora que Lissidini se va, tapan los vidrios para que no vean dónde se revisa a los pasajeros. Si el público no puede ver dónde se revisa a los pasajeros, la cosa así no es cristalina… no marcha la cosa así… La aduana no es más cristalina ahora, menos que antes… Ahora es menos cristalina. Están empapelando o colocando nailon en los vidrios, le hablo desde un teléfono público.

Teléfono: 604 0…

El Director: Su mensaje queda publicado, estimado lector. Más allá de su concepto general sobre la Dirección de Aduanas y la situación del doctor Lissidini, sería bueno averiguar si el hecho de cubrir los cristales que delimitan el área de contralor de equipajes no es alguna disposición interna con motivos meramente funcionales. De todas formas, es cierto que la revisación a la vista de todos no da lugar a ningún tipo de sutilezas.

 

Los blancos como yo no perdimos el coraje

Señor Director:

Yo he sido blanco y sigo siendo blanco como siempre. Voté por última vez al Partido Nacional en la primera vuelta de las últimas elecciones y en el balotaje mi voto fue para el doctor Tabaré Vázquez, más que nada porque un blanco de mi estirpe jamás podría dar su voto a un colorado y mucho menos a un Batlle. Soy tradicionalista es verdad, tengo 79 años y esto no me justifica. Pero le aseguro que ese voto al doctor Vázquez fue el primer voto no blanco en mi historia familiar. Cuando lo deposité, pasaron por mi memoria mi padre, mi abuelo, que luchó con Saravia y hasta las mentas de mi bisabuelo que fue soldado de Timoteo .Y tengo que confesarle algo. Lamentablemente no creo que tenga que arrepentirme de ese voto primero no blanco. Pero sí estoy arrepentido de mis últimos votos blancos, porque lamentablemente mi Partido me hizo que por primera vez en la historia de mi familia, tuviésemos que avergonzarnos de nuestros líderes. Mis hijos y mis nietos quisieron explicarme por qué no eran ellos también blancos. Les dije que no hacía falta. Yo sigo siendo blanco. Ser blanco no es necesariamente votar a sus candidatos, sino respetar sus principios. Yo soy fiel a ellos. Los candidatos oficiales no. Mi nieto me dijo que no iba a animarme a llamar. No conoce bien a su abuelo. Los blancos como yo, si algo no perdimos nunca, fue el coraje. Gracias, Fasano. Hace muchos años fui medio colega suyo desde el viejo Debate de Herrera.

Teléfono: 7076…

El Director: Su mensaje es conmovedor y estimulante a la vez, estimado lector y colega. Y quiero decirle que comparto su devoción por el pasado glorioso del viejo partido de Oribe, de Leandro Gómez, de Aparicio, y de tantos otros que nos legaron un ejemplo de entrega y de dignidad. Los ideales que enarbolaron y que defendieron con su vida viven hoy en otras tiendas políticas, por lo que su voto actual es coherente con sus principios.

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