De díscola senadora a primera dama
La díscola peronista Cristina Fernández, atractiva esposa del virtual presidente Néstor Kirchner, no dejará su banca en el Senado, a la que llegó merced a su larga trayectoria política, desde donde se propone ser «primera ciudadana antes que primera dama» de Argentina. Sin ánimo de emular a Evita, la mítica esposa del ex presidente Juan Perón, Cristina de Kirchner atesora una historia de militancia política que inició en la Juventud Peronista en los años 70, cuando estudiaba abogacía en la universidad bonaerense de La Plata, su ciudad natal. Fue allí donde conoció a quien sería su esposo y a quien acompañaría a Santa Cruz en 1976, cuando arreciaba en Argentina la cruenta dictadura (1976-83). Cristina Fernández, de 50 años, aseguró días atrás que continuará en su banca en el Senado. Allí es «donde me puso el pueblo de Santa Cruz», afirmó. Santa Cruz es la alejada y fría provincia patagónica que Kirchner gobierna desde 1991, y donde nacerían sus dos hijos. En ese distrito, Fernández de Kirchner fue construyendo su capital político, que sustentó en su fuerte carácter y convicciones arraigadas. Muchos la definen como más arrolladora que el futuro presidente. Antes de la primera vuelta electoral del 27 de abril, como titular de la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, logró imponer una moción para expulsar de la Cámara al influyente dirigente peronista y senador Luis Barrionuevo, acusado de promover inéditos incidentes en los comicios de la provincia de Catamarca. La iniciativa finalmente naufragó por acuerdos políticos en el recinto, pero la mujer ganó un fuerte prestigio. En 1989 fue electa diputada provincial en Santa Cruz, luego ocupó una banca en el Senado por dos años, que abandonó en 1997 para volver a la Cámara Baja y volvió a ser senadora en 2001.
Esta «morocha argentina», que atrae la mirada de sus compatriotas varones, asegura que ser política «no la desfeminiza ni la deshumaniza», como lo demuestra una anécdota que la define.
Era diputada provincial y vicepresidenta de la Cámara santacruceña, cuando su embarazo de 8 meses le jugó una mala pasada: sentada en su banca en medio de una sesión de juicio político al entonces gobernador, el también peronista Arturo Puricceli, tuvo fuertes contracciones, se puso pálida y se asustó, aunque pudo relajarse y el momento pasó. Histórica opositora desde el Parlamento a Menem, nunca se fue del bloque del Partido Justicialista en el Parlamento, pero marcó disidencias como cuando se opuso a los indultos otorgados por Menem en 1990 a los ex comandantes de la dictadura. *
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