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Menem acusó al poder político de "falta de transparencia" y de "legitimidad democrática"

"Renuncio a los honores pero no a la lucha"

Con un mensaje que leyó personalmente por TV el ex presidente, Carlos Menem, sostuvo que no existían "garantías" para el desenvolvimiento de las elecciones en segunda vuelta al explicar su decisión de no participar en el balotaje. "Renuncio a los honores pero no a la lucha", previno, glosando una frase de Eva Perón que renunció a ser candidata a vicepresidente con Juan Perón en 1951. Obvio: buscó emparentarse con un ídolo en el universo peronista y en otros espacios.

Escrito por: Isidoro Gilbert

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El discurso abrió la polémica, ya que en definitiva no explica por qué participó de la primera ronda electoral, la que ganó, y no quiere ir al segundo tramo que marca la carta magna para el caso que ningún binomio, como ocurrió el 27 de abril, obtuviera la mayoría legal requerida.

En el spot televisivo transmitido anoche el ex presidente señaló que “el origen de esta situación es la maniobra del actual gobierno que frustró la realización de las elecciones internas, abiertas y simultáneas en todos los partidos políticos”.

Así, añadió: “Quedó frustrada una voluntad de renovación política expresada por la amplia mayoría de la ciudadanía argentina”.

Por otra parte, Menem agradeció a los “millones de compatriotas” que lo votaron en los comicios del 27 de abril, destacó su “coraje, fe y lealtad” para acompañarlo en el proceso electoral y reafirmó que continuará en la actividad política.

“No bajaré los brazos. Pueden tener la absoluta seguridad de que no abandonaré la lucha política”, sostuvo.

Además, el ex mandatario acusó al gobierno de Eduardo Duhalde de implementar “una campaña sistemática de difamación y de calumnias” contra su persona, con el objetivo de “resucitar falsas antinomias que el pasado provocó estallidos de violencia”.

Menem dijo que esa “campaña” conspira “contra la paz social y la necesaria concordia entre los argentinos” y marcó que su posición política fue “un ejercicio permanente de búsqueda de la unidad nacional”. Estos son motivos, explicó, para no participar el domingo en los comicios definitivos donde una abrumadora derrota lo aguardaba.

Previno sobre las asechanzas de la “ingobernabilidad”, con las que deberá lidiar Néstor Kirchner, de quien no mencionó su nombre. Pero prometió una oposición leal y constructiva.-

 

EL TEXTO

“Hay momentos en la historia en que resultan indispensables definiciones y renunciamientos.

La Asamblea Legislativa ha proclamado oficialmente a la fórmula que integré con el doctor Juan Carlos Romero como ganadora de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Motiva de mi parte un enorme reconocimiento a los millones de compatriotas que, en condiciones particularmente adversas, me ratificaron su confianza el pasado 27 de abril.

Muy particularmente a los miles y miles de compañeros justicialistas y de otras fuerzas políticas de todos los rincones del país que me acompañaron en este esfuerzo común. Pero me obliga también a realizar una serena reflexión, que está por encima de especulaciones personales e intereses subalternos.

El país atraviesa una de las crisis más graves de su historia. Hoy más que nunca, la Argentina requiere contar con un poder político imbuido de la más plena y transparente legitimidad democrática.

Lamentablemente, considero que este objetivo, absolutamente necesario, no está garantizado con el cumplimiento de la segunda vuelta electoral prevista para el próximo domingo 18 de mayo.

El origen de esta situación es la maniobra del actual gobierno que frustró la realización de las elecciones internas, abiertas y simultáneas en todos los partidos políticos, que en su momento fueran aprobadas por unanimidad por el Congreso Nacional.

Quedó así frustrada una voluntad de renovación política expresada por la amplia mayoría de la ciudadanía argentina.

En el caso específico del peronismo, esa maniobra fue acompañada por la decisión de eliminar la realización de elecciones internas del Partido. Ello impidió que el justicialismo pudiera elegir democráticamente a su fórmula presidencial. Como resultado, por primera vez en su historia, el peronismo se vio obligado a concurrir a las urnas con tres fórmulas presidenciales surgidas de sus propias filas.

El sistema electoral establecido por la Constitución Nacional prevé una segunda vuelta cuando en la primera ronda electoral no se obtienen determinadas mayorías. Permite que las dos fórmulas presentadas por los partidos políticos que resulten más votadas en esa primera ronda concurran a una segunda vuelta a ser dirimida por el conjunto de la ciudadanía. Pero va contra el espíritu del sistema constitucional el hecho de obligar a toda la ciudadanía argentina a dirimir una lucha interna de uno de los partidos políticos, que no pudo resolverse previamente en su propio seno.

Este vicio de origen sólo hubiera podido subsanarse si en esa segunda vuelta electoral hubiera existido una competencia entre alguno de los tres candidatos justicialistas que se presentaron en los comicios del domingo 27 de abril y la fórmula presidencial de otra fuerza política.

Pero en las actuales circunstancias del país ha quedado encorsetado en una falsa opción, en la que se siente excluida una anchísima franja de la ciudadanía.

Al mismo tiempo la existencia de una campaña sistemática de difamación y de calumnia contra mi persona, orquestada desde el comienzo del gobierno de la Alianza, y continuado luego durante el actual gobierno de transición, han generado las condiciones para que una importante franja de la opinión pública se pueda ver virtualmente sometida, esta vez, al acto de violencia moral de tener que escoger un candidato presidencial al que apenas conoce y en el que no confía, no como expresión de adhesión a una propuesta y a un programa que se negó a debatir públicamente, sino con el solo objeto de impedir la victoria de otro candidato presidencial.

Este intento de resucitar la política de las falsas antinomias, que el pasado provocó estallidos de violencia que tanto dolor y sangre costaron a la República, conspira contra la paz social y la necesaria concordia entre los argentinos.

En este contexto queda comprobado que nuestra sociedad se encuentra extremadamente fragmentada. Toda mi vida política ha sido y es un ejercicio permanente de búsqueda de la unidad nacional, como quedó demostrado durante los 10 años ininterrumpidos en que ejercí la Presidencia de la Nación por voluntad de mis conciudadanos.

Por estos motivos, estimo conveniente no participar en esta segunda vuelta electoral. Comprometo desde ya todo mi respaldo y mi colaboración con las nuevas autoridades constitucionales para defender a rajatabla la estabilidad del sistema democrático, recuperado para siempre en la Argentina desde 1983.

La principal amenaza contra la democracia en la Argentina no proviene ya, como tantas veces ocurriera en el pasado, de la acción de los enemigos del sistema democrático, sino del peligro de la ingobernabilidad. El estrepitoso fracaso del gobierno de la Alianza constituye una trágica y acabada demostración de un fenómeno cuya repetición puede tener funestas consecuencias para el país.

Para evitar recaer en una nueva crisis de gobernabilidad, el nuevo gobierno tendrá que encarar, como tarea urgente y prioritaria, la búsqueda de consensos y la superación de los antiguos enfrentamientos. Será necesario que ejerza su autoridad sin odios ni rencores, animado de un profundo sentido de la responsabilidad histórica que le toca asumir, y que coloque siempre el interés nacional por encima de cualquier consideración ideológica o partidista.

En ese sentido expreso mi decisión inquebrantable de realizar todos los esfuerzos y renunciamientos personales que sean necesarios para contribuir a recrear un verdadero clima de unidad nacional, afianzar la vigencia de las instituciones democráticas e impulsar una renovación a fondo del sistema político argentino.

A los millones de argentinos que me acompañaron con su voto, en particular a los más humildes, les digo que los llevo en mi corazón y agradezco profundamente la conf
ianza que depositaron en mí. Admiro su fe, su lealtad y su coraje para enfrentar este proceso electoral en condiciones tan desiguales y adversas. Agradezco en especial a los miles y miles de militantes justicialistas y de otras fuerzas políticas que trabajaron abnegadamente en esta campaña electoral para transmitir nuestro mensaje de fe y de esperanza en el futuro de nuestra patria. A todos ellos les digo que los llevo en mi corazón, que no bajaré los brazos y que pueden tener la absoluta seguridad que no abandonaré la lucha política, que ha sido y es la razón de mi vida.

Que Dios los bendiga y bendiga a nuestra querida Argentina”. *

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