Bancos de datos con todo lo concerniente a cada uruguayo sin control legal alguno
Desde quien comienza a recibir cartas informativas sobre cruceros fechada en Miami, cuando faltan semanas para su festejo de bodas, a quienes son convocados a comprar rifas para el club de sus amores.Quienes reciben ofertas por correo electrónico o convencional, de aquellos productos que precisamente son los que mas han comprado en los últimos tiempos. Compradores de autos que reciben sin esperarlo, correspondencia sobre todo lo adecuado para ese modelo específico.
Pero hay peores. Quienes a partir de determinada edad, reciben sin querer mail continuos sobre servicios fúnebres. Quienes son portadores de HIV y descubren en sus buzones correspondencia de laboratorios en el extranjero ofreciéndoles las últimas medicinas creadas.
Desde hace algún tiempo, los uruguayos son bombardeados con publicidad específica, concreta, acorde a sus deseos, algunas veces los mas acallados, por correo convencional o electrónicos, sin que puedan explicarse cómo y de quá forma la empresa oferente se munió con esos datos. Máxime cuando buena parte de toda estas ofertas provienen del extranjero, de empresas que la «víctima» jamás habido oído nombrar.
La respuesta es el último negocio millonario de algunas empresas: el tráfico de bancos de datos.
Sencillo y millonario
Cuando el lector llena cualquier tipo de formulario, incluyendo alguna preferencia, y deja su dirección, física ó electrónica, esos datos han dejado de ser suyos, entienden algunas empresas en Uruguay, y pasan a formar parte del capital de un banco de datos. Esos bancos de datos, pueden, y son, vendidos como capital de inversión. Acumulados, concentrados y depurados por sectores de distinta índole, valen millones, en el mercado.
Y aunque en nuestro país, la misma Constitución considera el derecho a la privacidad, imprescindible de ser protegido como cualquier otra libertad, lo cierto es que, a falta de una legislación adecuada, la crisis de los datos estalló sobre la cabeza de miles de uruguayos.
Curiosamente, el tema fue tratado en el mismo Palacio de las Leyes, y los legisladores de la Cámra Baja, estuvieron de acuerdo en regularlo.
Así en 2002, los diputados aprobaron por unanimidad un proyecto presentado por los legisladores Arena (Partido Colorado) y Barandiarán (Partido Independiente), contemplando fundamentos básicos del problema.
Pero cuando el proyecto llegó a la Cámara de Senadores, comenzó un letargo que continúa hasta nuestros días.
«El Senado lo enterró», enfatiza Gabriel Barandiarán, de lo cual responsabiliza a «poderosos intereses», inclusive con nombre y apellido: «el Clearing de Informes está atrás de todo esto».
Otra forma de crisis
«El Clearing tiene entre los datos más importantes de cualquiera de nosotros, como es nuestra conducta ante el comercio. Ellos pueden disponer libremente de estos datos, pero no se responsabilizan por los datos que manejan: el propio contrato que manejan con las instituciones afiliadas, así lo dice», explica Barandiarán.
Apunta en este sentido que el manejo actual, como es llevado, genera grandes confusiones. «Por ejemplo: si ante un club de video tengo una diferencia con el comerciante acerca de la devolución, o no, de determinada película. Pues bien, de inmediato el comerciante me hace inscribir en el Clearing, dónde, lisa y llanamente quedo inscripto como deudor.
Esta información, sin esclarecimiento ni juicio alguno, en caso de acceder a otro servicio, condicionará mi capacidad de crádito, entre otras cosas».
Explicó en este sentido que el Proyecto establece que podrán ser considerados deudores quienes tengan deudas «ciertas», es decir «sentencias ejecutoriadas, títulos ejecutivos ó facturas conformadas».
En segundo tármino y tambián como base del plan se establece la necesidad de comunicar al deudor que va a estar inscripto en el Clearing.
La otra columna del proyecto, apunta a dilucidar el tema de las bases de datos, su venta y uso indiscriminado, «algo que aún no es demasiado grave, debido a la crisis». *
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