Confesiones de Sanguinetti en Buenos Aires

Julio María Sanguinetti ama Buenos Aires, viene con frecuencia, visita galerías y librerías y sobre todo charla, charla mucho con intelectuales y periodistas locales que lo estiman y a quien, a veces, les abre el corazón.

Entre esas palabras que salieron estos días de su boca, destacan sus amigos, es su deseo de volver a la presidencia de Uruguay, pero en lo posible integrando desde el vamos una coalición con los blancos porque el deterioro de su partido es enorme gracias a lo hecho por Jorge Batlle. Y porque es mensurable una posible victoria del Frente Amplio y sus aliados.

Sanguinetti no sintió como Batlle que Carlos Menem triunfaría en las presidenciales; en todo caso, miró con simpatías a Ricardo López Murphy, que no tuvo tampoco el suceso que los banqueros y hombres del establishment esperaban. ¿Qué panorama prevé para su país?: un posible corrimiento del electorado hacia los colores políticos que han elegido los brasileños y chilenos, porque en su percepción Lula y Lagos van por el mismo andarivel.

Por eso tratará de que la oferta de la entente bipartidaria que él propone se acerque a la tonalidad con que se pinta el mapa del Cono sur y, no en sus palabras, sí en la interpretación literal de sus deseos, hacer que se cambie todo para evitar el cambio que en este caso tiene nombre y apellido: Tabaré Vázquez.

Sus contertulios aquí son muchos y saben interpretar las palabras. Preguntó por Néstor Kirchner pero seguramente para ampliar sus conocimientos. Tiene buena relación con el embajador argentino Hernán Patiño Mayer, un amigo del candidato más firme a ganar el balotaje como para que se le pase por alto semejante detalle. Que se le pasó, como un elefante, a Batlle. *

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