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“Uruguay creció en inversión y tecnología de la mano de la soja” afirma Enzo Benech, subsecretario del MGAP

En conversación con LARED21 Benech reconoció que la organización Redes Amigos de la Tierra lo criticó porque asistió en Bolivia a un evento organizado por los sojeros santacruceños que protestan porque el Presidente de Bolivia Evo Morales les prohíbe el uso de transgénicos.

Escrito por: Ana María Mizrahi

hs Actualizado a las hs

Enzo Benech, subsecretario del MGAP. Fotos y video Mariana Costa / LARED21

El subsecretario de Ganadería, Agricultura y Pesca defendió su presencia en Santa Cruz donde fue invitado para explicar el modelo regulatorio uruguayo.

 Ud. ha hablado de la construcción de un país agro inteligente. ¿Qué significa?

Un país agro inteligente es lo que estamos haciendo con la trazabilidad del ganado bovino, el manejo de los suelos, y el crecimiento de la agricultura, para poner algunos ejemplos.

Somos afortunados con los precios internacionales, el 70% de las exportaciones dependen del agro y  la gran mayoría de la industria uruguaya tiene al agro como materia prima. Agregar tecnología aumentó nuestra productividad y nuestras exportaciones. Eso es un modelo agro inteligente.

¿Cómo compatibilizar la agricultura familiar tan característica del Uruguay con la nueva modalidad del agro negocio?

Quién trabaja en la actividad agropecuaria tiene como meta la rentabilidad, todos trabajamos para generar ingresos que nos permitan acceder a aquello que no tenemos. Los productores familiares no son la excepción también necesitan incrementar sus ingresos.

No es correcta la polarización entre agricultura familiar y agro negocio. Los productores no solo producen para comer sino para vender, porque de eso dependen para vivir mejor. Los productores familiares que quieran vivir en el campo lo pueden hacer pero por decisión propia no porque los hagamos quedarse allí. Lo importante es que la producción sea de calidad, que el mercado tenga transparencia, que se asocien y generen escala. El trabajo agropecuario es de escala, y una de las formas es juntarse.

¿Es compatible el tipo de producción de un productor familiar con lo que hoy se conoce como agro negocio, de inversionistas que alquilan tierras y que buscan rentabilidad a corto plazo? Pensemos en la plantación de soja, para poner un ejemplo.

Es difícil generalizar, pero sí hablamos de la soja, que está de moda, es verdad, es difícil que un productor familiar pueda integrarse. Sin embargo hay muchos productores familiares que son ganaderos y que se integran a las cadenas de la ganadería vendiendo terneros. Hoy el precio de los terneros está muy alto. También hay granjeros que sería importante que se integren más. Cuando el consumidor va a comprar su fruta y su verdura quiere que el lugar esté abastecido todo el año y el productor no siempre puede cumplir y cuántas veces nos preguntamos cuánto se le paga al productor y cuánto lo paga el consumidor. Sin embargo, la intermediación a veces es la garantía del abastecimiento.

El 40 % de la producción familiar se perdió o se transformó, según los datos del Censo Agropecuario

Benech. Foto Mariana Costa / LARED21

Cuando con el Ministro (Tabaré Aguerre) salimos al interior lo que se nos dice es que falta mano de obra en el trabajo rural. Hoy día, hay un tipo de emprendimiento que es distinto y pienso nuevamente en la soja. Hay empresarios que son fuera del sector, son inversionistas, trabajan con una dinámica diferente a nuestra tradición. Contratan servicios y hay muchos productores que cambiaron también, hoy prefieren tener máquinas y contratar servicios. Muchos productores familiares consiguen trabajo mejor remunerado que cuando eran propietarios y trabajaban en pequeña escala. Es una opción de vida. Los pequeños productores trabajan muchas horas y a veces ganan menos que un trabajador. Hoy tenemos un país envejecido y los jóvenes no quieren quedarse en el campo y no los podemos obligar. Todos quisiéramos que la gente se quede en el campo pero no por obligación.

La soja pasó de 50 mil hectáreas a un millón ¿Cómo ve el gobierno la extensión de este cultivo?

Lo vemos con preocupación, porque es el cultivo insignia y sí viniera un quiebre, estaríamos en un problema. No es bueno el monocultivo por eso trabajamos en un plan de uso y cuidado de los suelos. Actualmente somos exportadores de trigo, de soja, y de maíz. La soja nos ayudó mucho, recibimos inversiones y tecnología. Aunque los precios están bajando, la soja es la niña bonita. El Uruguay también de la mano de la tecnología tiene posibilidades muy importantes, podemos producir más soja y el mundo lo está demandando.

La producción de soja implica también el uso de mayores cantidades de herbicidas. ¿Qué dice el gobierno respecto a eso?

Efectivamente al aumentar el área, los recursos naturales se usan de manera más intensiva. Esto significa más área, más fertilizante y más agroquímicos. También usamos tecnología que nivela este uso intensivo. El 100 % del área de soja es con productos transgénicos, eso hace que se usen menos agroquímicos. Los transgénicos permiten una mayor especialización en cuanto a resistencia a herbicidas de amplio espectro que hacen más sencillo el control de maleza. Me consta que esto causa polémica y que hay gente que no quiere a los transgénicos. Pero para nuestro país es un avance en la tecnología, al aumentar el área usamos más productos pero también con tecnología mitigamos los efectos negativos. Nuestro ministerio tiene normativa para registro de productos, prohibición de los tóxicos, condiciones de uso de los que se está usando. No hay actividad humana que no genere riesgo, el tema es si estamos dispuestos a manejar el riesgo y controlarlo de alguna forma.

Para los expertos uno de los mayores problemas es la erosión de los suelos? Qué se está haciendo al respecto?

Lo que estamos recogiendo hoy en la Cuenca del Santa Lucía son los procesos históricos, la Represa de Canelón Chico no la podemos usar por los niveles de fósforo, la remolacha azucarera nos dejó sin suelo. Mucho antes que se conociera públicamente la contaminación de la Cuenca del Santa Lucía nosotros estábamos trabajando en los planes del uso y manejo de los suelos. El suelo es la gallina de los huevos de oro. Sí los usamos mal nos quedamos sin suelo y además contaminamos las fuentes de agua, que es lo que nos ha pasado. Lo que está contaminado ya está, trabajamos para las generaciones futuras. La descontaminación es muy cara, nosotros trabajamos para contaminar menos y usar bien los suelos.

¿Cómo ve el Ministerio el proyecto de ley que prevé etiquetar los alimentos que contengan transgénicos?

Existe normativa al respecto, en Uruguay el etiquetado es voluntario por la positiva o por la negativa. Cuando se autoriza la comercialización de un producto genéticamente modificado se entiende que cumplió con los análisis y que no existe ningún riesgo. Pero si alguien quiere diferenciarse y etiquetar su producto cuenta con el respaldo del Estado. Etiquetar todos los transgénicos, no es una tarea sencilla. Hay productos que ni siquiera con un método analítico se puede determinar si son o no transgénicos. El aceite de soja, es de soja transgénica sin embargo si es analizado no es sencillo determinar si es o no un transgénico. En Uruguay  hay mucho producto importado y no es posible etiquetarlos porque se desconoce su origen. Sí se comercializa es porque cumplió con los procesos que tiene que cumplir por tanto, se entiende que no son nocivos para la salud y que los riesgos son manejables. A la vez la gente que tiene producción orgánica puede identificarse para marcar la diferencia.

Le hago una pregunta que puede parecer obvia ¿La soja le deja riqueza al Uruguay?

La soja ha dejado mucho dinero, colonizó mucho suelo y eso es riqueza. Hay productores que eran ganaderos y de la mano de inversores extranjeros se han convertido en productores agrícolas y todas estas nuevas realidades son una ganancia.

La actividad agropecuaria es la que más derrama al resto de la sociedad, por cada dólar invertido, 6, 2 son en actividades colaterales.

Desde la organización Redes Amigos de la Tierra se le critica a usted en particular por que viajó a Santa Cruz de la Sierra a dar apoyo a los empresarios sojeros que protestan porque el Presidente de Bolivia Evo Morales les prohíbe el uso de transgénicos.

Benech. Foto Mariana Costa / LARED21

Me consta que me critican, yo no los critico a ellos. No soy pro transgénicos pero tengo formación científica. Actualmente presido la Comisión de Gestión de Riesgo en Bioseguridad que es la que aprueba este tipo de eventos. Me han invitado tanto de Bolivia, como de Paraguay y Perú a que cuente como es el marco regulatorio en Uruguay. No pido que coincidan con nosotros pero nuestro país ha avanzado y se ha alineado con la región. Brasil avanzó mucho más que nosotros aunque comenzó más atrás. En el caso de Bolivia que tiene un no rotundo a los transgénicos sin embargo, tiene mucha soja transgénica. Es un tema de honestidad intelectual, y de aceptar al que piensa diferente que nosotros.

Usted ha sido uno de los gestores del acuerdo entre el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la multinacional Monsanto.

Impulsé que el INIA mejorara el tratamiento de soja porque en Uruguay tenemos más de un millón de hectáreas. No hay que abandonar la investigación en horticultura pero es un tema de soberanía, tenemos más de un millón de hectáreas de soja y la semilla y la tecnología que usamos es importada. Es decir, somos dependientes de la semilla y de la tecnología extranjera.

¿Esto es lo que sucede desde siempre?

Cuando no se hace mejoramiento tampoco se hace manejo de cultivo. La semana pasada hablamos de ir hacia los 4000 kilos de soja, estamos atrás en el rendimiento en comparación con los demás países de la región. Esto sucede porque nos falta innovación y tecnología. Algunas cosas podemos hacer como país, y otras no. Los uruguayos ponemos mucho dinero en investigación agropecuaria, pero no alcanza, nunca vamos a poder competir con la inversión que hacen Argentina o Brasil o EEUU. Nuestro enfoque es apostar al mejoramiento genético, como lo hemos hecho con el trigo, reconocemos que no podemos ser transgénicos porque se necesita un dinero que no tenemos. Hacemos mejoramiento genético y para los eventos transgénicos nos asociamos con los dueños y pagamos las regalías correspondientes. En Uruguay rige la propiedad intelectual. Lamentablemente en el país en la década de los 90 se desarticularon dos programas de mejoramiento de soja.

Desde mi punto de vista no significa vendernos a las multinacionales, nosotros tenemos que comprar lo que otros hacen porque es un tema de escala.

Transcendió que MONSANTO estaría en la producción de una semilla transgénica de marihuana. ¿El Ministerio está  en conocimiento que esto esté sucediendo?

En lo personal no lo sé, aunque no me extraña porque las multinacionales miran el lucro y sabemos que estas producciones son rentables. Ellos investigan y desarrollan tecnologías en aquellas especies que son más rentables.

MONSANTO

Monsanto es una empresa multinacional proveedora de productos para la agricultura. Es conocida por producir  glifosato (herbicida), y semillas genéticamente modificadas.

En el mundo diferentes organizaciones ambientalistas aseguran que los productos de esta multinacional son dañinos para la salud humana, y del medio ambiente en general.

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