Comienza renovación de contratos de cargos políticos en embajadas
Comenzó sin más trámite la renovación de contratos a los agregados civiles especiales, contrariando lo anunciado por Batlle de que no habría más gastos superfluos en el servicio exterior, menos aún, por «cuota» política, el único justificativo explicable de estos cargos.
Los agregados civiles especiales, que cuestan al Estado medio millón de dólares anuales, constituyen la forma más evidente de pagar favores políticos, en tanto no hay argumento jurídico que los justifique.
La primera renovación del año está firmada por el Presidente de la República y el canciller, en beneficio de Sylvia Beatriz Irrazábal Duarte, asignada en Italia. Irrazábal Duarte venía ostentando el cargo desde el 28 de febrero de 2000. Al concluir el período legal establecido, el gobierno le concede una prórroga de un año más, en la Embajada Uruguaya en Roma.
La beneficiaria, que responde al Foro Batllista, percibe entre 2.500 y 3.000 dólares mensuales «base», a los que se suman beneficios similares a los de funcionarios diplomáticos en el extranjero. El gasto anual para el erario público se aproxima a los 50.000 dólares.
Uruguay, es uno de los pocos países en el mundo que mantiene sus «agregados civiles especiales», cargo desaparecido en la diplomacia moderna, debido a la inutilidad demostrada del mismo.
Existen ocho «agregados civiles especiales» uruguayos en otras tantas legaciones por el mundo, sin que a la fecha se haya disminuido su número máximo, topeado en diez. Por el contrario aumentó el año pasado. Acorde a las retribuciones medias que perciben y los beneficios sociales que ostentan, Uruguay les paga casi medio millón de dólares anualmente.
Bonitas «changas»
Dos curiosidades presenta el asunto.
Primero, que incluso en la Universidad de la República, la carrera diplomática acepta el tema de los agregados civiles especiales, como algo obsoleto, sino perimido. Tal así será, que en todas las representaciones diplomáticas extranjeras en Uruguay, apenas si queda un solo agregado civil especial.
Segundo aspecto destacable, es la curiosa similitud de algunos apellidos y sus vínculos, lo único que parecería justificar en todo caso los cargos de que se benefician.
La hija del general Galarza, Laura Galarza, agregada civil especial ante El Vaticano. Designada en 1998, el cargo le ha sido prorrogado en 2001, con vencimiento para octubre de este año.
Waldemar Tarigo. Ocupa el cargo en la embajada en Londres; le fue concedido en 1996, prorrogado en 2002, con vencimiento en agosto de 2003.
Samuel Hendel. Designado en 1999, con destino en Israel, hasta diciembre de 2002. Hendel es, además, agregado civil y comercial en Tel Aviv, lo que exige una actividad febril dado el interés uruguayo en Israel como plaza comercial. Hendel tiene 79, y su cargo se extenderá hasta que cumpla 82.
Dos agregados civiles especiales, tenemos en Buenos Aires: Schubert Flores, y Enrique Estrázulas, hasta enero y abril de 2005, respectivamente.
Finalmente el último cargo de «agregado especial» concedido fue en la diplomáticamente muy codiciada ciudad de Washington. Nos representa allí Gustavo Magariños, carente de especialidad curricular a dichos efectos. Gustavo Magariños es hijo de un diplomático batllista, de larga data.
Según el último decreto vigente en esta materia, firmado por Sanguinetti el 7 de mayo de 1996, los agregados civiles especiales son «ciudadanos de reconocidas aptitudes en el sector de actividades sobre el cual verse la designación«. Cobran: «el equivalente al noventa por ciento (90%) del sueldo que corresponda a un secretario de Tercera en el mismo destino, con cargo a la partida de contratación de cancilleres y auxiliares administrativos». *
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