Una marcha con muchas contramarchas
El domingo 19 de enero la marcha de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (Fucvam) fue detenida en el puente de Portezuelo al ingreso de Punta del Este. Coraceros y funcionarios policiales se concentraron para impedir el acceso de la manifestación al balneario.
Con el argumento de no molestar a los turistas y no cortar el tránsito y la península, el presidente Jorge Batlle limitó el derecho de los manifestantes. Los 242 cooperativistas que caminaron desde las siete de la mañana del jueves 16 de enero para reclamar trabajo, salario y vivienda quedaron registrados y nadie –con excepción del presidente de la Federación, Víctor Fernández– consiguió acceder a la Plaza Artigas para colocar la ofrenda floral al prócer.
La historia de la represión a la marcha de Fucvam a Punta del Este comenzó a gestarse el 9 de enero, cuando la dirección de la federación envió un aviso al ministro del Interior, Guillermo Stirling, anunciando la intención de realizar la manifestación y el acto en la Plaza Artigas.
Comienzo positivo
Jorge Porley, prosecretario de Fucvam, indicó que ese mismo día se solicitó autorización para realizar la marcha y el acto a las jefaturas de Policía de Montevideo y Maldonado, y a la Intendencia de Maldonado. Porley, encargado de la coordinación, indicó a LA REPUBLICA: «Incluso mandamos una nota al ministro de Turismo, José Pedro Bordaberry, para que supiera lo que se pretendía hacer. No era necesario pero nos pareció pertinente. Ese día también se avisó a la Dirección Nacional de Policía Caminera las rutas que se iban a afectar, así como a las Divisiones de Tránsito de las intendencias de Montevideo y Canelones».
En la primera reunión sostenida entre Fucvam y las autoridades policiales todo fue, según Porley, «en buenos términos, colaborando para facilitar la marcha».
«También estuvimos con el
director nacional de Policía Caminera, José Balmagia. Se nos dijo que nos permitirían circular y nos sugirieron que lo hiciéramos por la derecha para evitar los riesgos», afirmó el dirigente.
Comienzan limitaciones
La siguiente reunión tuvo lugar el jueves 16 de enero y fue con el jefe de Policía de Maldonado, comisario inspector Mario Sampedro, en un encuentro donde participó el comisario inspector Maldonado, que estuvo a cargo de operativo.
En ese encuentro se comunicó a la dirigencia de Fucvam que no se autorizaba la Plaza Artigas para hacer el acto. Se ofreció como alternativa ingresar por la rambla Williman hasta la Parada 24 para después desviar la manifestación hasta la avenida Manuel de Viana, donde se hizo la marcha del PIT-CNT el año pasado.
La repuesta de Fucvam fue que estaban en desacuerdo «porque era autoritario».
En la tarde hubo una entrevista con el ministro Stirling, en la que los cooperativistas pidieron explicaciones por la negativa de permitirles hacer un acto pacífico. «No hay nada en la Constitución que nos impida hacer un acto de esta naturaleza», señalaron.
La respuesta del ministro fue que «la península era pequeña, había muchos vehículos y no se quería molestar al turista». Stirling dijo en ese momento a LA REPUBLICA que «independientemente que se considere injusta la medida, los gremialistas deben acatarla o inurrirían en desacato».
Nuevos cambios
La caravana comenzó cumpliendo con todas las pautas fijadas por Policía Caminera y Policía de Tránsito.
Comenta Porley: «En el momento de salir se acercó el comisario Inocencio Alfonso, de la Dirección Nacional de Inteligencia, que ya había llamado por teléfono para preguntarme si iban a venir los piqueteros argentinos D’Elía y Alderete. Les dije que sí porque eran invitados nuestros pero iban a estar en la marcha final».
El viernes la dirección de Fucvam se presentó ante el destacamento policial de Policía Caminera frente al kilómetro 98 de Pando, donde dialogó con el inspector Avero, a quien le correspondía controlar ese tramo.
Señalaron que en determinado momento se les unió el comisario inspector Maldonado, quien le dijo que había nuevamente un cambio con respecto a lo que nos habían dicho sobre la entrada al balneario.
«Nos informó que se iba a poner una valla de contención en Portezuelo, a la entrada del puente, que esto era una disposición del Ministerio del Interior y estaba respaldado por el presidente Jorge Batlle.
Esto nos dejaba la alternativa de tomar el camino Lussich y ahí hasta Manuel de Viana, donde habría una nueva barrera de contención. Le dije que el sábado de noche íbamos a evaluarlo», relata Porley.
Domingo difícil
El domingo de tarde, mientras quienes participaban en la marcha hacían su penúltima parada antes de la barrera de contención de Portezuelo, Porley y Walter Russo, afectado a la seguridad de la marcha, se adelantaron para dialogar con las autoridades.
Porley indicó: «A eso de las tres de la tarde nos encontramos en el destacamento de Portezuelo con el comisario inspector Maldonado, la fiscal, la jueza y un abogado del Ministerio del Interior en el destacamento de Portezuelo.
Allí manifestamos nuestra intención de traspasar la barrera. La jueza y la fiscal nos preguntaron si éramos conscientes de lo que iba a suceder después de traspasar la barrera.
Nosotros dijimos que había una responsabilidad absoluta del Presidente de la República y que el acto lo íbamos a hacer antes de la barrera».
Según el dirigente, las autoridades policiales estuvieron de acuerdo en montar un operativo «para que la margen derecha fuera utilizada para escenario. Así se hizo el acto».
Marcha final
Después del acto, 169 compañeros integrantes de Fucvam –de los 242 caminantes iniciales varios fueron quedando por el camino– se acercaron a la barrera marchando de a tres. Continúa relatando Porley: «Todos declaramos nuestro nombre y cédula. Le dije al comisario que pretendíamos cruzar la barrera, identificados, hasta el destacamento y la fiscal me dijo que no iba a haber desplazamientos hacia otros lugares».
La primera barrera de contención estaba formada por oficiales desarmados y en el puente «estaban las barreras de hierro y los Coraceros. Aquí nadie ignoró nada y el operativo era manejado por todos».
«Después de cruzar la primera barrera, mientras los manifestantes estaban declarando sus nombres en el destacamento, vieron que algunos compañeros empezaban a ser trasladados. La realidad es que era imposible que dentro del destacamento estuvieran todos y había varios en la carretera. En el momento que los compañeros son cargados en ómnibus y camiones, vemos que los coraceros comienzan a avanzar, cargando sus armas», narra Porley.
Carretera cortada
Según el cooperativista, la carretera quedó cortada porque los 169 no entraban en el destacamento.
«Deduzco que eso fue lo que motivó el traslado. Evidentemente cuando empiezan a trasladar compañeros mientras los coraceros avanzaban, hubo nerviosismo.
En determinado momento aparece un comisario y me dice que si dejábamos la margen izquierda para dar salida al tránsito no iban a desalojar. A todo esto los coraceros ya habían comenzado a caminar hacia nosotros y no se los detenía.
El jefe me dice: ‘Sacá tu gente que yo saco los míos’. Y así se hizo».
Porley señaló: «No vi que tocaran a nadie ni le pegaran a nadie. Simplemente hicimos lugar, me llama el comisario Maldonado y dice que nuestros compañeros iban a ser liberados. Habían sido trasladados a Solís y Pan de Azúcar. Los tres del PIT-CNT estaban en Jefatura. Enviamos autos a toda la operativa de regreso».
Finalmente, relata Porley: «Subimos a
los ómnibus, me despedí del señor jefe de Policía Sanpedro y el comisario inspector Maldonado Lemos, quienes me dieron la mano». En ningún momento me negaron traspasar la barrera para dialogar con los compañeros o con las autoridades presentes». *
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