Llamadas al Director
Es una falta de respeto llamar anciano a alguien de 61 años
Señor Director:
Soy lectora de todos los días del diario LA REPUBLICA y realmente en la encuesta sobre el aborto me parece una falta de respeto cuando entrevistaron al señor Galli, haber calificado a una persona de sesenta y un años como «anciano». Creo que se quedaron en el año 1950. Estamos en el siglo XXI. Adiós.
Teléfono: 4871…
El Director: Estimada lectora, me permito hacerle notar que el adjetivo «anciano» sólo quiere decir «persona de mucha edad», sin agregar ningún matiz peyorativo. Siempre fue imprecisa la frontera entre niñez y juventud, entre ésta y madurez y finalmente entre madurez y senectud. Es cierto que esos límites pueden variar en la medida que varía la percepción que la sociedad tiene de las franjas etarias, y admito que en el siglo XXI una persona de 61 años –que es precisamente la edad que tengo yo– no debería en modo alguno ser considerada anciana. De todos modos, tener muchos años –y ser por tanto merecedor del adjetivo anciano– no es en modo alguno nada de qué entristecerse ni menos de qué ofenderse, pues en muchas sociedades los viejos (prefiero llamar pan al pan y al vino, vino, y no recurrir a eufemismos como «tercera edad») suelen ser los depositarios de la sabiduría y de la experiencia, y gozan por tanto de un merecido prestigio y muchas veces de un considerable poder. Vale la pena recordar el papel destacado que cumplía el Senado en la antigua Grecia, integrado por los gerontes, cuya palabra era unánimemente respetada y sus decisiones obedecidas. Más allá de cómo nos cataloguen, importa si nosotros mismos nos sentimos jóvenes o viejos. Por mi parte yo me considero un joven vigoroso de 61 y un geronte intelectual también de 61 años. Es la combinación perfecta. A esta edad un poco de humor nos sienta bien.
Anciano no es una palabra despectiva
Señor Director:
A alguien le cayó mal el titular de la edición del lunes que dice «Intrépida: una anciana de 70 años capturó a un delincuente que la había estafado». Ser anciano no es nada despectivo. En nuestra sociedad se ve como algo mal pero en realidad ser anciano es lo mismo que decir joven. No me parece que el titular haya sido despectivo. Mi nombres es Fernando y lo felicito por la calidad de su diario. Le voy a escribir a su dirección electrónica. Hasta luego.
Teléfono: 9160…
El Director: Estimado lector, de más está decirle que coincido plenamente con usted en este sentido, aunque debemos reconocer usted y yo que lamentablemente en los tiempos que corren se han alterado en nuestra sociedad –y en otras contagiadas por los mismos virus sociológicos– las escalas de valores que ancestralmente indicaban el respeto y la veneración por los ancianos desde la primitiva organización de los clanes, pasando por los ancianos integrantes del Sanedrín judío entre los siglos III y I, y los miembros de los consejos de ancianos de las tribus americanas, jefes guerreros, sacerdotes, y emisarios de los dioses. Pero ese derrumbe en nuestras escalas de valores no se da precisamente en títulos como el de referencia, aunque sí se manifiesta por ejemplo en la indiferencia de un gobierno ante cientos de ancianos en las calles golpeando platos vacíos pidiendo miserables 500 pesos de aumento en sus raquíticas jubilaciones para poder sobrevivir. Gracias por llamar y espero su mensaje electrónico.
¿Por qué usted saludó a Roberto Falco y a la viuda de Pacheco?
Señor Director:
Quisiera que le pregunte a cualquier funcionario del Sodre qué clase de persona es Roberto Falco. Es de lo peor, y usted está a los besos y abrazos con él y con la señora de Pacheco. En este país, me parece que es una rosca total todo. ¡Ya no se puede confiar en nadie! Gracias.
Teléfono: 9151…
El Director: ¿Cree usted acaso estimado lector, que el hecho de saludar yo a todos los presentes en la premiación de los Tabaré, me transmite por contacto de piel las ideas de los saludados? ¿No he dado suficientes pruebas de mi lealtad a las ideas a las que he dedicado toda mi vida, más allá de clausuras, prisiones, confiscaciones, atentados, como para que se me estigmatice por saludar como anfitrión de los premios Tabaré a quienes hicieron acto de presencia? ¿Cree acaso usted que yo puedo coincidir en algo importante, ideológicamente hablando, con mis adversarios de ideas, el presidente del Sodre, Roberto Falco, o la dirigente colorada Graciela Rompani, viuda de Pacheco, a quien conozco desde hace más de 40 años, mucho antes que se casara con el ex presidente uruguayo que me clausuró todos mis diarios? ¡Por favor!
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