La columna de Sherlock
El turismo, otra actividad que supieron «bien» matar
* –Este es el país de la ingenuidad, le decía un operador turístico a nuestro sabueso que, dorado por el sol de las vacaciones, trataba de reintegrarse a sus obligaciones de todos los días, agregando o el de los bobos, pero no justamente del tipo Bill Gates.
-¿Por qué dice tales cosas?
-¿No estuvo al tanto de las declaraciones del ministro de Turismo, Pedro Bordaberry, planteándose interrogantes sobre el resultado de la temporada turística, cuando cualquier persona medianamente enterada sabía que los precios relativos uruguayos son infinitamente más altos que los de los países vecinos? Con Argentina la diferencia es del 40 al 60 por ciento. Y ello antes de la suba de los peajes y los combustibles, que por su oportunidad, completaron el cartón.
-¿O sea?
-Se sabía que la temporada sería un desastre. Un litro de nafta cuesta en Argentina hoy 16 pesos y aquí 24. De la alimentación ni hablar, todo más caro. ¡No es por nacionalismo que los argentinos se fueron a su zona atlántica! Además, pese a la rebaja en hoteles, que es real, le puedo decir que no compiten todavía ni por asomo con los de los países vecinos.
-Claro, además a esos precios se debe sumar el deterioro del país. ¿Vio la situación de los balnearios de la Costa de Oro?
-Y los de Rocha y los de Maldonado, incluso Punta del Este adonde es falso que llegó el turismo de «alto poder adquisitivo». Lo que hay es un turismo de timba, algunos cientos de veraneantes que pasan sus vacaciones frente a la ruleta. Seguro que la gente que asesora a Bordaberry se fijó en los automóviles en la playa de estacionamiento del Conrad u otro hotel de esas características. Hubiera sido justo que también se dieran una vuelta por Gorlero, o por los estacionamientos de La Brava. Obviamente se encontrarían con una realidad que, como todas las cosas que hace este gobierno, tratarían de esconder.
El FMI y los balances del Banco Central
* Sherlock nuevamente en el bar Brasilero, se había citado con un importante informante del Banco Central. El motivo de la reunión, de acuerdo al interés de nuestro sabueso, estaba en algunas conversaciones que se han dado en el llamada «banco de bancos» con el fin de modificar la legislación, tratando de evitar que en el futuro el balance de esa institución siga siendo analizado por una auditoría externa del Tribunal de Cuentas.
-¿Qué han querido decir con ello? consultó Sherlock, agregando- ¿Quieren que una empresa privada audite los números del Central?
-Es que los balances son un relajo…
-¿En qué sentido?
-Además de maquillados, son confusos y la auditoría externa del Tribunal de Cuentas es de dudosa efectividad. Fíjese que el ministro Ariel Alvarez, representante del Frente Amplio, se negó a aprobar el balance. Lo que le llegó a sus manos era algo como «está todo bien», sin ningún tipo de referencia a los números. Por ello es evidente que esa auditoría externa no sirve, hay que cambiar el método.
-¿Y?
-Qué el hecho molestó a la misión del FMI que ya en junio había entregado un documento con recomendaciones, ya que encontró a esos balances como «inconsistente».
-¿Usted habla del documento que nunca se dio a conocer por parte del gobierno?
-El mismo…
-Ahora la misión del FMI está molesta porque nada de lo recomendado se tuvo en cuenta y en el balance del Banco Central se mantienen las «inconsistencias».
-¿Y?- interrogó nuestro sabueso.
-Que es insólito… En el Banco Central, en ciertos sectores, se habla de sustituir la auditoria externa del Tribunal de Cuentas, mecanismo que habría que revisar, por una empresa privada que realizara la tarea…
-A la que se le pagarían miles de dólares por la tarea. ¡Muy fuerte lo suyo!
-¿Vio?, este es el insólito país en que vivimos.
«Piratas» de TGI Friday’s están pagando sus deudas
* Sherlock, para conseguir insumos para esta columna, está chocando con las costumbres estivales de los uruguayos, en donde las llamadas «cajas de resonancia», como el Parlamento, los ministerios y el propio Poder Ejecutivo, están como lagartos al sol.
Por ello cuando llegó a su mesa de trabajo un email de la Liga de Defensa Comercial y firmado por el doctor Fernando Cabrera Damasco, indicando que los trabajadores del restaurante TGI Friday’s están comenzando a cobrar sus créditos laborales, luego del cierre de esta empresa que había abierto sus puertas en el Montevideo Shopping, sintió que algo bueno, por lo menos esto, estaba pasando.
Nuestro sabueso leyó algunos párrafos: «En los últimos días se llegó a un acuerdo sobre la totalidad del pasivo laboral de esta sociedad, Blastar S.A., que giraba en plaza con el nombre de fantasía TGI Friday’s, presentándose al Juzgado Letrado de Concursos de 2° Turno, solicitando su homologación.
La sindicatura en cumplimiento de sus funciones obtuvo dinero para pagarle a todos los trabajadores de la fallida un porcentaje superior al 98 por ciento de sus créditos».
-Pero, este es un email dirigido al diputado Víctor Rossi – se dijo Sherlock el mismo que había sido acusado públicamente de haberse «desentendido» de estos trabajadores. Y siguió leyendo: «Se estima esta actuación muy exitosa, en especial si consideramos que en las quiebras y liquidaciones judiciales los montos que cobran los trabajadores son muy inferiores»
-Parecería, que está todo clarito.
Tres horarios para un concierto veraniego
* -El llamador, le cuento, era un concierto con la mejor música uruguaya y uno de sus máximos creadores, Jaime Roos. Además se trataba de un concierto inicial de la temporada, gratuito para todo el mundo. El lugar, la capatacía de la Fortaleza de Santa Teresa, que la gente del Ejército supo poner de gala, construyendo gradas y armando un ámbito ideal para una actividad de estas características. Pero algo falló ese viernes 10 de enero.
-No me hable en idioma Morse, páseme lo que dice a castellano internacional dijo Sherlock.
-¡Trataré! Toda la prensa anunció el concierto, sin lugar a dudas un atractivo irresistible. Las emisoras de Rocha no se cansaban de repetir que se realizaría el espectáculo, pero en el informe siempre había algo extraño, nunca decían la hora.
-¿Y?
-Que se creo una confusión de órdagos. Unos decían que la música comenzaba a las ocho de la noche, por lo cual viajaron para obtener lugar mucho antes. Ya a las siete de la tarde había gente. Por alguna radio de Montevideo se afirmó que la hora del inicio era a las nueve. Otro grupo de gente venida de una decena de balnearios, La Paloma, La Pedrera, Aguas Dulces, Valizas, Punta del Diablo, Chuy, incluso Punta del Este y Piriápolis, se acercaron al escenario tenía también la misma información. A las ocho y media el gentío era nutrido. Jaime en el escenario controlaba el sonido y ante los aplausos de la gente que quería la música, anunció que le habían indicado que el concierto comenzaba a las diez. La gente se resignó a esperar una hora y media a pie firme.
-¿Y?
-Lo que faltaron fueron las explicaciones de todo ese descontrol. Una parte de los concurrentes miraba el palco de honor. «Será que Riet Correa no puede estar a la hora que el ministro Pedro Bordaberry».
-¿Había palco de honor?
-Claro, es una costumbre en algunos ámbitos. Las autoridades deben estar en un lugar distinto, apartadas del resto del ululante público. Le cuento que la bronca por la espera era subida, todo el mundo quería escuchar «Un día sabrás que me voy a morir, amá
ndote, amándote, amándote…»
-¿Y?
-Unos minutos antes de la diez apareció el ministro.
-¿Bordaberry?
-Y, a las diez en punto, como Jaime había prometido, comenzó la música.
-¿Explicaron algo de lo ocurrido?
-Nadie dijo nada. Se corrió la voz de que hubo una cena con el ministro, pero eso no está confirmado.
-¿Entonces?
-Que es evidente que en este país no se aprende más. Se organiza un concierto de estas características, que es atractivo para todos y ocurren absurdos fallos en la organización que malogran lo buscado.
-Realmente… ¿Ocurrió eso?
-Creo, que en este caso no lo lograron, la música de Jaime aplacó todas las broncas y la gente se fue más contenta de lo que vino y cantando.
-Lo que es mucho hoy en este país. *
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