Presionado por la oposición y denuncias de prensa, Almagro cambia de tono en medio del río

Almagro señaló que el Gobierno de Uruguay designará al Tribunal de Cuentas para efectuar la investigación del proceso de licitación, organismo competente para tal cometido, que además ya venía realizando la auditoria desde el 1º de marzo de 2012. «El plazo no deberá exceder los 60 días», detalla la nota.
Asimismo, Almagro solicitó formalmente al canciller Timerman la realización de un concurso de precios para el mantenimiento del canal Martín García, dada la imposibilidad de cumplir con el cronograma previamente estipulado. También el canciller solicitó que se publiquen las actas de las reuniones de la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP).
La cocina del show
La cancilería uruguaya hizo todo lo posible por no afectar el curso de las negociaciones tendientes a convocar a una dichosa licitación internacional para profundizar el canal Martín García. Estas conversaciones, técnicas y políticas, parecían estar llegando casi sobre ruedas a su anhelado final hace apenas una semana, diez días. La primera luz amarilla fue la firma del tratado binacional de intercambio de información fiscal.
La oposición salió de punta a criticar la falta de contrapartidas argentinas a lo que, suponen, otorga a Buenos Aires un presunto beneficio que puede incluso afectar a Uruguay. Referentes de los partidos tradicionales reclamaron que no se ponga en práctica ese tratado sin obtener de Argentina, por lo menos, el levantamiento de las trabas proteccionistas al comercio bilateral y la concresión del bendito dragado.
Sobre la lluvia, granizo: entonces apareció el Observador, que día tras día, en tono aséptico, publicó notas breves de estilo esto es así y no necesito explayarme, donde afirmaba que un alto funcionario argentino había ofrecido un millón de dólares a un miembro uruguayo de la Comisión Administradora del Rio de la Plata, para que influyera a favor de la continuidad de los trabajos de la empresa holandesa Riovía, actual encargada del mantenimiento del supradicho canal.
Almagro auspició y pronunció todos los desmentidos posibles, incluso con apoyo del presidente Mujica, que emplazó a los denunciantes a probar sus afirmaciones ante la Justicia.
Pero Timerman, el canciller argentino, no aguantó. Amparado en la ventaja de la lógica, estableció que no se podía seguir adelante negociando el dragado sobre el terreno embarrado por las denuncias de corrupción en la prensa uruguaya.
A vuelta de correo, Almagro le respondió con inédita aspereza, dictaminando a su contraparte lo que debía hacerse y en qué plazo.
De la pleitesía a la rudeza de un día para el otro. Lo de «cambiar de caballo en medio del río», ¿a dónde conducirá esta vez?


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