"No me cabe ninguna duda de que Lula va a ser un competidor y no un socio en materia cárnica"
–He oído que los productores del campo, particularmente del sector cárnico, tienen la misma bronca con los bancos privados que con la industria frigorífica. ¿Usted me puede explicar en qué se basa esa contradicción de intereses?
–Estamos ante un viejo y permanente no superado conflicto. Estamos ante un problema de confianza, porque la articulación del sector productor y del sector industrial se produce mediante la comercialización de la materia prima a la industria y la puesta de acuerdo o no con relación al precio.
–¿Quién fija el precio?
–El sector productor siempre ha acusado a la industria frigorífica de tener un comportamiento oligopólico, cuya concertación de estrategias apunta a disminuir el precio de la materia prima. En este sentido los productores sostienen que jamás condice el resultado de la ecuación de lo que significa precio de la materia prima con los precios que la industria capta en los mercados de exportación. La idea es que en el ámbito de la industria queda lo más grueso, lo más fuerte, de la riqueza que genera la exportación del producto.
–¿Del lado industrial qué dicen?
–Ante esas manifestaciones la industria responde que no es así, que el insumo básico –el ganado– representa más del 75 por ciento de los costos de industrialización, donde la industria se maneja con un 22% de valor agregado. Se dice que ese margen de valor agregado no determina ganancias como la que el sector productor manifiesta y a la vez se señala que la industria padece fuertes períodos de desacumulación, de depresión económica, de pérdidas, donde entra a pesar el grado de endeudamiento financiero.
De esta forma el viejo conflicto permanece. Por más que en los años de bonanza se logró cierta complementación, ahora reaparece el tema. Creo que la desaparición de la desconfianza se va a tener que dar por la aplicación de otros factores que permitan el funcionamiento de la cadena cárnica con otros parámetros.
–Es clave para nuestro país que la cadena cárnica funcione. ¿Qué hay que hacer para que esas contradicciones disminuyan?
–Un factor determinante es la industria porque es la que manufactura y vende el producto, al ser quien conoce las alternativas de los mercados. Dinamizar una estrategia de complementación verdadera entre los dos sectores pasa por el tipo de liderazgo que tenga la industria dentro de la cadena. En 1995 vino una misión inglesa a Uruguay y relevó la cadena cárnica, dejando un estudio en manos del Ministerio de Ganadería con algunos consejos. Ahí se propone una complementación verdadera de los sectores productivos y para ello se establece que hay que generar lo que ellos denominan «mercado con base en el valor». Esto significa que la industria remunera la materia prima con base en la calidad del producto y no el pago de acuerdo al peso del animal en pie.
–¿La calidad ha mejorado?
–Sin duda. La mitad de la faena de los novillos es de ganado joven, lo que apunta a un mejoramiento de la calidad del producto. Cuando hablamos de calidad nos referimos a la consideración de los rendimientos y no solamente a lo tierno del producto. Esto también tiene que ver con los cuidados sobre machucamientos. La idea es que el precio del producto agregue premios y quitas en función del factor calidad. Esto llevaría al sector productor a asumir que hay beneficios cuando se produce bien, porque eso remunera mejor. Este es un diseño teórico cuasi perfecto que ayudaría a superar la desconfianza. A la vez es necesario establecer un código de práctica entre productores e industria, donde el nuevo mecanismo de precios se va a regir por la confianza y con garantías para los dos sectores. Pero hoy tenemos al sector productor aquejado por el endeudamiento y por el lado de la industria se están planteando problemas financieros en función de la falta de crédito por los problemas bancarios. Tenemos, además, una fuerte competencia de Brasil y ahora se está sumando Argentina. Por eso el hecho de que hoy se estén faenando 40 mil reces por semana no significa que esté todo bien.
–La Federación Rural ha resuelto que a partir del 15 de enero no se entregarán más animales a los frigoríficos hasta que no se suspendan las ejecuciones y se encuentre una salida al problema del endeudamiento. ¿Qué le puede pasar al país, a los productores y a la industria con esta medida de lucha?
–Pueden pasar dos cosas. Alguien puede relativizar esta situación, sosteniendo que los números de las faenas quizás disminuyan un poco o que la Federación Rural no tiene capacidad para asegurar la no remisión de haciendas a la industria en forma total. Pero hay otro punto de vista que sostiene que las cosas se pueden complicar mucho.
–¿Por qué se puede complicar mucho?
–Si agregamos a la efectividad de la medida aplicada por la Federación Rural, el apoyo del sector transportista con sus propios reclamos, y si a esto agregamos que la industria frigorífica sale a señalar ante el gobierno sus propias dificultades financieras, más los problemas de empleo que puede generar, podemos armar un escenario que se traslade al conjunto de la cadena cárnica. En este momento este sector que aparece como el buque insignia de la reactivación económica, puede ingresar a una situación conflictiva general de reclamos, donde podemos tener en el corto plazo mayores complicaciones que las inicialmente previstas. Esto puede transformarse en una especie de bomba de tiempo que conmueva la situación de una cadena que tiene su importancia en la generación del PBI y del trabajo.
–Todo Uruguay está hablando de que a mitad de año el sector cárnico puede empujar a nuestra economía hacia adelante…
–Por supuesto que eso es así. Más cuando tenemos una excelente dotación de ganado formado; si resolvemos el tema mercado estamos en condiciones en este año de superar los dos millones de cabezas faenadas. Y estaríamos superando, por primera vez, las 300 mil toneladas de exportación.
–Por eso alguien va a querer poner orden. Y, además, el gobierno no quiere hablar con Gonzalo Gaggero. Los dos están enojados.
–Yo digo que es una situación grave y compleja. Hoy todos los sectores están abrazados por una especie de desaliento, de desestímulo, de falta de perspectivas y de falta de seguridad. Y en esto juega el factor de pérdida de confianza que los diferentes sectores tienen con la gestión del gobierno.
–Para el tema de la carne, ¿cree que Lula va a ser un socio o un competidor?
–No me cabe ninguna duda de que va a ser un competidor.
–Con esa afirmación le cambia el ánimo a muchos…
–Sí, sí. En la región nunca tuvimos una historia en común de concertación de políticas comerciales y mucho menos en el tema de la carne. Somos una región exportadora neta: producimos, comemos la carne que precisamos y lo demás lo vendemos. Nunca precisamos juntarnos para venderle carne a nadie y por eso estamos educados con esa historia. Las crisis han traído algunos cambios, es cierto. Desde hace algún tiempo Brasil articuló una estrategia desde Itamaraty que le permitió potenciar decididamente la producción de carne vacuna y las exportaciones abiertas a todos los mercados. En 1998 Brasil exportó 306 mil toneladas; en 2002 exportó 840 mil y en 2003 va a exportar 925 mil toneladas. Con esto apunta a transformarse en el segundo exportador de carne en el mundo, detrás de Australia.
Es cierto que Brasil tiene una baja relación en cuanto a sus exportaciones y el PBI. Brasil necesita de divisas para asumir sus obligaciones externas. Brasil viene ampliando sus mercados de exportación. Esta ha sido una
estrategia que le ha dado resultado y le ha permitido multiplicar por tres, en pocos años, las exportaciones de carne. No veo una sola razón para que cambie de estrategia, por eso creo que el Brasil de Lula va a seguir liderando. A nosotros no nos queda otra que apostar a la calidad, porque no podemos competir con Brasil en volúmenes. Sabiendo que los lobbys sectoriales de ambos países son muy diferentes. Los brasileros son más fuertes que nosotros. Por todo esto soy bastante pesimista sobre la posibilidad de que pueda haber algún tipo de acuerdo o concertación, más allá de la buena voluntad del gobierno de Lula, porque hay fuertes intereses económicos y comerciales. Lo mejor que nos puede pasar es que el plan Hambre 0 impulsado por Lula en su país eleve el consumo de carne per cápita de los brasileños.
–Pero el plan Hambre 0 no necesariamente debe pasar por comer más carne.
–Claro, pero ése es el escenario que imagino más positivo.
–¿Entramos al mercado de Estados Unidos?
–Vamos a entrar, pero nos va a llevar varios meses. Recién a mediados de año vamos a volver a obtener la certificación de país libre de aftosa con vacunación. Recién tendremos una idea clara de nuestras posibilidades a fines de 2003, no antes. *
Radiografía de la industria
* Tenemos entre 36 y 38 plantas frigoríficas habilitadas en todo el territorio nacional.
* La mitad de esas plantas se dedican al mercado externo.
* Antes de los focos aftósicos exportábamos a todos los mercados del mundo, sin excepción. A partir de noviembre pasado quedamos reducidos a los mercados del área aftósica. Hoy procuramos recuperar los mercados del circuito no aftósico, que comprenden a los del Nafta, Japón y Corea.
* En 2000 había 7.140 puestos de trabajo en la industria frigorífica. Hoy se registran un 28% menos.
* Los trabajadores calificados de la industria no emigran a pesar de la desocupación. Viven del seguro de paro y de algún otro trabajo alternativo.
* Canelones es el departamento que concentra más plantas frigoríficas desde la década de los setenta. En términos de faena representa el 48% y entre el 60 y el 70% de las exportaciones.
* A partir de 1996, cuando el país gana los mercados no aftósicos, los capitales extranjeros invierten en la industria frigorífica. Ejemplo de ello es el frigorífico Montes y el frigorífico Canelones. Y hace tres años aparece el grupo Pérez Compan (capitales argentinos) que adquiere el 50% del frigorífico San Jacinto. Pero la industria sigue siendo principalmente de capitales nacionales.
* Se ha reducido la capacidad de organización sindical, pero nunca desaparecieron totalmente los sindicatos. «Si hay trabajo, hay sindicatos; si merma el trabajo, se contrae y se reduce la actividad sindical y el número de sindicatos», asegura López.
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